lunes, 16 de septiembre de 2019

NOVEDAD EDITORIAL



 "Perfiles identitarios", de Sergio Fernández Riquelme. Un libro sobre los líderes de las "nuevas derechas".

José Basaburua

La Tribuna del País Vasco acaba de publicar el libro Perfiles Identitarios, un revelador ensayo en el que el profesor Sergio Fernández Riquelme analiza en profundidad los orígenes, el presente y el futuro de los principales líderes del nuevo pensamiento conservador que se extiende por el mundo, de Brasil a Estados Unidos, pasando por países como Gran Bretaña, Hungría, Polonia, Francia o Rusia.

Perfiles Identitarios es un conjunto de magníficas y detalladas crónicas periodísticas, rebosantes de información, que revelan cómo se está labrando la gran respuesta global al consenso socialdemócrata, tanto de derechas como de izquierdas, representado por los viejos partidos políticos europeos.

Por las páginas de Perfiles Identitarios desfilan Donald Trump y los nuevos nacionalistas norteamericanos; Jaroslaw Kacynski y el renacer nacional-católico polaco; Viktor Orban y la Hungría cristiana, y, por supuesto, la dinastía Le Pen y el nacionalismo soberano francés.
Además, en los diferentes capítulos de este último trabajo de Sergio Fernández Riquelme se investiga en profundidad la modernización conservadora impulsada por Vladimir Putin en Rusia, el nuevo concepto de lo político promovido por Jair Bolsonaro en Brasil, la extraordinaria fuerza de “Il Capitano” Matteo Salvini en Italia y la dualidad sobre la que se asienta Vox, el gran partido español de la nueva derecha, a caballo entre la derecha liberal y el nacionalismo soberano.

 Sergio Fernádez Riquelme es profesor titular de la Universidad de Murcia y director de la revista La Razón Histórica. Historiador y doctor en Política Social, es autor de más de un centenar de artículos científicos, así como de varios libros como, entre otros, La ciencia histórica, El nuevo Imperio ruso, Hungría y la defensa de la civilización europea y La España soberana.


Chicos malos para tiempos oscuros


RAÚL GONZÁLEZ ZORRILLA. Director de La Tribuna del País Vasco
Domingo, 15 de Septiembre de 2019

Prólogo al libro "Perfiles Identitarios", de Sergio Fernández Riquelme, que acabamos de publicar en La Tribuna del País Vasco.


Las llamas que devoraron parte de la catedral de Notre-Dame eran el símbolo más dramático y evidente del fin de Occidente. Nuestras naciones se desmoronan desconectadas de su historia, apartadas de sus tradiciones, aisladas de su legado cultural y despojadas de sus grandes valores referenciales. Patrias milenarias se suicidan al mismo ritmo desolador que se aniquilan fetos o se inmolan sus ciudadanos, que han convertido el quitarse la vida, sus vidas, en una de las primeras causas de muerte no natural en Europa. 
Mientras las iglesias arden en Francia y miles de judíos vuelven a abandonar el viejo continente, ahora perseguidos por las hordas antisemitas alimentadas por la extrema-izquierda política, y cuando el islam generosamente financiado por los países del Golfo comienza a imponer la ley islámica en numerosas zonas de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Bélgica o Suecia, la noche cae sobre nuestras ciudades. Con una clase media reducida a su mínima expresión, expoliada por los impuestos abusivos que las élites exigen para subvencionar sus objetivos y sus caprichos multiculturales, feministas, empoderadores, igualitarios, regeneracionistas y comunitarios, nuestras calles y plazas, cada vez más inseguras, más decrépitas, más extrañamente ruidosas y más confusas para quienes siempre hemos vivido, amado y trabajado en ellas, se hunden en la desidia, el olvido y el abandono.

En la hora del crepúsculo civilizacional que nos ha tocado vivir, vuelven los fantasmas de siempre arrasando la libertad, censurando opiniones, prohibiendo creaciones, insultando a nuestro Dios, imponiéndonos nuevas leyes y nuevos silencios y exigiendo nuevos tributos espirituales y materiales. Llega un invierno crucial para Occidente y trae con él un ingente frío moral que cae sobre nosotros en forma de avalanchas de ruina demográfica, de descomposición territorial, de consumo masivo de opiáceos y drogas sintéticas, de inmigración masiva, de reemplazo poblacional, de populismo sexual, de olvido de nuestro pasado, de insultos a nuestros ancestros y, sobre todo, de destrucción, desprecio y olvido de todo lo excelso y bello que a lo largo de más de 2.000 años nos ha legado nuestro acervo judeocristiano y grecolatino.

 Pero, como muy bien explica Sergio Fernández Riquelme en algunos momentos de este magnético Perfiles Identitarios, los viejos europeos se resisten a morir y buscan su identidad, su esencia, sus valores, sus banderas morales, sus costumbres, su forma de ser y su memoria colectiva entre las nieblas purulentas de una geografía globalizada, neutra y deslavazada donde el rostro obligatoriamente cubierto de una mujer es ahora un ejemplo de libertad, donde se cierran iglesias mientras se abren decenas de mezquitas, donde no hay padres ni madres sino progenitores uno y dos, donde reinan jemeres verdes y oenegés oscuramente subvencionadas, donde hay niñas con pene y niños con vulva, donde se escupe al cristianismo que nos hizo como somos, se manipula nuestra historia, se prohíben clásicos literarios y se humilla al europeo tradicional: por ser europeo, por ser blanco y por ser hombre, si es el caso. Y por ser, junto a los estadounidenses, el epítome de lo occidental.

Ninguna civilización muere sin luchar, y menos aún cuando estamos haciendo referencia al conjunto de creencias, tradiciones, valores y construcciones sociales que a lo largo de la historia de la humanidad, han alumbrado lo mejor del mundo. Y, por ello, tras décadas agazapados, ocultos, silenciosos y silenciados, convertidos en carne de impuestos y en carne de cañón socialdemócrata, manteniendo a sus familias tradicionales sin apoyo de nadie y con la cabeza agachada, sintiéndose olvidados por las instituciones, sufriendo el incesante aumento de la inseguridad en las calles, padeciendo el terror islamista en mercadillos navideños, aeropuertos y discotecas, sintiéndose profundamente despreciados por los medios de comunicación del Sistema que les tratan como a escoria ignorante, ultraderechista, odiante y fanática, y siendo humillados como lo fueron los ‘rednecks’ norteamericanos que dieron la victoria a Donald Trump (por cierto, excelentemente retratado todo ello en el apartado de este libro dedicado al presidente norteamericano),  el hombre y la mujer europeos vuelven a salir a la luz pública espoleados por la indignación, azuzados por el hambre de racionalidad, guiados por el sentido común, apoyándose en las redes sociales más cercanas, y negándose a seguir siendo por más tiempo los conejillos de Indias del multiculturalismo más soez, del marxismo cultural más aniquilador, del nihilismo más cruel y de la globalización más grosera.

 El viejo ciudadano europeo sale nuevamente a la calle vestido con los andrajos que jamás se anuncian en la CNN, The Finantial Times, El País, Le Monde o The New York Times, y lo hace liderado en la mayor parte de las ocasiones por estos “chicos malos” para el consenso socialdemócrata, por estos hombres y mujeres que Sergio Fernández Riquelme retrata modélicamente en este libro, como solamente lo saben hacer los ensayistas más finos que tienen corazón de analistas sociales y alma de periodistas diestros: otorgando al lector la información justa y necesaria, proporcionando al estudioso un marco de comprensión historiográfico de lo que se está tratando y, finalmente, opinando con sutil elegancia sobre el tema expuesto.

Sergio Fernández Riquelme sabe que detrás de los protagonistas a los que acertadamente perfila en este volumen se aglutinan millones de hombres y de mujeres, millones de europeos con la garganta quebrada tras años de silencio forzado y con los andares agotados de quienes presienten que el final puede estar cerca, pero con la fuerza telúrica de quienes se saben poseedores de secretos añejos, de códigos inmemoriales, de la sabiduría y las destrezas que la mejor de las civilizaciones nos ha legado. Y, por ello, los espíritus patrióticos, las conciencias identitarias, los estandartes algo ajados que representan lo que fuimos y lo que orgullosamente deseamos seguir siendo inundan cada vez en mayor medida las calles, las plazas y las urnas para decir que sí, que seguimos estando aquí, que hemos abandonado los escondites donde un día nos guarecimos de la lluvia ácida y torrencial que cae en forma de ideología de género, de feminismo radical, de anticristianismo, de antijudaísmo, de imposición de las minorías y de promoción de la mediocridad, para votar, para gritar y para reivindicar en voz alta y allí donde sea posible, principios, valores, propuestas y reclamaciones básicas de puro sentido común pero que llevan años siendo abandonadas y despreciadas, arrinconadas por el totalitarismo socialdemócrata en el estercolero de la “ultraderecha”, de los “fachas”, de los “perpetuadores del odio”, de los “fanáticos” o, en el caso español, en el gran vertedero sin fondo del “franquismo”.

Para La Tribuna del País Vasco es un honor y un orgullo publicar este Perfiles identitarios que es, sobre todo, un trabajo ímprobo sobre cómo un puñado de hombres y mujeres, liderando determinados proyectos políticos, han logrado aglutinar a su alrededor a millones de ciudadanos, de naciones, orígenes, ideologías, convencimientos, preocupaciones y esperanzas muy diferentes, con posiciones políticas absolutamente transversales, pero que siempre se abrazan en un puñado de certezas inamovibles: 

la defensa a ultranza de los valores clásicos ligados a la gran civilización occidental que tantos y con tanto empeño quieren aniquilar; el convencimiento de que libertad y seguridad no son caras diferentes de una misma moneda sino condiciones previas sin las que todo lo demás no existe; la reivindicación de la grandeza y de la historia de nuestras patrias; la asunción de la familia natural como la base sobre la que se asientan nuestras sociedades; la oposición radical a que se utilice política y económicamente a la inmigración ilegal como caballo de Troya para alentar el reemplazo de la población original europea; el convencimiento de que el gran proyecto civilizatorio occidental no puede ser entendido sin dos milenios de tradición cristiana; la oposición radical al totalitarismo comunista y a su gran afín histórico, el totalitarismo nacional-socialista y, sobre todo, la creencia firme de que solo el esfuerzo, el trabajo y la lucha de los individuos, amparados en sus familias tradicionales, puede vencer a la era de la oscuridad en la que estamos sucumbiendo.

Y, tal y como recoge Sergio Fernádez Riquelme, estos y apenas algunos más son los eslabones con los que se está construyendo la gran cadena que une, en ocasiones torpe y débilmente, a individuos y organizaciones tan dispares como Viktor Orbán, Donald Trump, Santiago Abascal, Marine Le Pe, Jair Bolsonaro, Vladimir Putin, entre los citados en este volumen,
Los análisis de Sergio Fernández Riquelme son como una fascinante muñeca rusa. Pueden leerse por su título, por su contenido más inmediato, pero según comienzas a escarbar van surgiendo nuevos temas, referencias complementarias, reflexiones relacionadas, argumentos paralelos y explicaciones que a veces pueden venir desde muy lejos, tanto geográfica como temporalmente, pero que siempre llegan en el mundo más oportuno para aclarar un concepto, para explicar una idea, para asentar un principio. Así están construidos estos “Perfiles identitarios” que, en el fondo, son solamente el espejo de un mundo con más de 2.000 años de historia que ahora no pocos quieren dinamitar en apenas unas décadas, pero que hoy siguen presentes, quizás algo cansados y con cicatrices y arrugas bien marcadas, pero con más fuerza, con más razones, con más rabia, con más argumentos y con las mismas ganas de libertad que siempre.

Frente a los nuevos marxistas, frente al Islam político, frente a la extrema-izquierda camuflada de terciopelo, frente al nihilismo burdo de las élites empresariales y financieras o frente a quienes tratan de dividir las viejas naciones para repartirse más fácilmente sus despojos, frente a los nuevos puritanos y los nuevos integristas, los viejos europeos que un día alumbramos Occidente hemos recuperado la voz. Y algunos de los protagonistas de este libro bien podrían ser algunos de nuestros abanderados.


jueves, 5 de septiembre de 2019

QUE LA DEMOCRACIA



no se agote en el voto

Roberto Gargarella
Clarín, 05/09/2019


Las recientes elecciones primarias en el país volvieron a dejar en evidencia el carácter gravemente fallido de nuestro sistema democrático. Para quienes concebimos a la democracia como un ideal que exige la inclusión, participación y deliberación de “todos los afectados”, la práctica real de la democracia comienza a convertirse en su caricatura. Menciono a continuación sólo algunos de los muchos problemas que el sistema padece.

El primer problema al que voy a referirme tiene que ver con lo que en ocasiones se llama una “concepción minimalista” de la democracia. Se trata de la reducción de la idea de democracia a los procesos de elecciones periódicas. Esta visión tan estrecha de la democracia es asumida como natural, sin embargo, por buena parte de nuestra dirigencia: el matrimonio Kirchner siempre insistió con la idea de que “si no le gusta lo que hacemos, arme su propio partido político y gánenos en las próximas elecciones”; mientras que el actual Presidente nos mandó recientemente “a dormir”, porque ya habíamos cumplido con la única tarea que nos tocaba: ya habíamos votado.

Una concepción más robusta y decente de la democracia afirmaría exactamente lo contrario, esto es, que mucho de lo más importante de la democracia comienza justamente el día después de las elecciones.

Un segundo problema tiene que ver con el modo en que los sistemas de elección, que prometen ayudarnos a “revelar” nuestras preferencias, sirven, en verdad, a fines contrarios. Ilustro este problema (del tipo “caballo de Troya”) con un ejemplo tomado de la actual historia latinoamericana. Recientemente, en varios países de la región se sometió la aprobación de un nuevo texto constitucional a consulta popular.

Un primer gran problema planteado por tales comicios tuvo que ver con la cantidad de cuestiones que estaban en juego (pongamos, nuevos artículos sobre derechos económicos, sobre derechos de la naturaleza, etc.), frente a las cuales se le otorgaba a la ciudadanía un solo voto.

En una situación semejante, cualquier persona medianamente involucrada en la discusión puede pretender decir varias cosas, mucho más allá del “sí” o “no” al paquete completo y cerrado que se le presenta. Alguien podría decir, por ejemplo: “me parece excelente este artículo, pero no tanto este otro, y me hubiera gustado que incluyeran a este también”.

Sin embargo, la elección a la que se los enfrentaba servía para aplanar su voluntad, en lugar de expresarla o expandirla. Cuando un ciudadano, entonces, “aprobaba” la Constitución, automáticamente terminaba dando luz verde a una cantidad extraordinaria de cuestiones sobre las que no había opinado.

El tercer gran problema que quiero mencionar se encuentra íntimamente vinculado con el anterior. Me referiré a él hablando de la extorsión democrática. La dificultad en cuestión aparece cuando –en esa elección que en realidad es sobre muchas cosas diferentes, y frente a la cual cada persona cuenta con un solo voto- el votante tiene mucho interés en respaldar una de las cuestiones en juego, pero a la vez está muy interesado en rechazar alguna otra.

En el ejemplo anterior, muchos ciudadanos querían respaldar de modo entusiasta la Constitución reformada, porque ella incluía derechos que antes no eran reconocidos y que consideraba que debían aprobarse (derechos indígenas; nuevos derechos sociales).

Sin embargo, al mismo tiempo, muchos de esos ciudadanos aparecían interesados en votar en contra de la Constitución, porque ella incluía algún tipo de cláusulas que rechazaban fervorosamente (típicamente, la re-reelección presidencial). La elección los colocaba entonces frente a un dilema dramático.

En los hechos, millones de personas se vieron en la disyuntiva de votar a favor de la Constitución, teniendo que aceptar y votar también, para conseguirlo, cláusulas que rechazaban enfáticamente. Es decir, se nos fuerza a aceptar paquetes cerrados, a todo o nada, que nos ponen en el dilema de resignarnos a lo que repudiamos, para lograr lo que pretendemos (en el ejemplo: “más derechos, entonces re-reelección”; “no-re-reelección, entonces no hay derechos”).

Éste es el problema que denominé el de la “extorsión democrática” –un problema que, para el caso de las reformas constitucionales, la profesora australiana Rosalind Dixon resumió con la idea de los “derechos como sobornos” (Presidentes que ofrecían a sus votantes “nuevos derechos,” a cambio de su re-elección).

En definitiva, necesitamos que la democracia no se agote en elecciones. Necesitamos muchas más oportunidades de participación, decisión y control democráticos. Necesitamos de la posibilidad de conversar; de poner matices, de discernir entre lo que aprobamos y lo que rechazamos; de responsabilizar a todos los funcionarios públicos por cada una de sus acciones y omisiones.

Alguna vez, el cientista político Adam Przeworski sostuvo que los comicios democráticos permitían dejar atrás los tiempos en que los conflictos políticos se dirimían arrojando piedras desde atrás de las barricadas. Aludió entonces de las votos como piedras de papel. Es tiempo, según creo, de que la democracia recupere ahora el lenguaje: reemplazar las piedras de papel por palabras, que nos permitan –a nosotros, y no a quienes actúan en nuestro nombre- criticar, dialogar y tomar decisiones sobre nuestro destino común, cada día.

Roberto Gargarella es profesor de Derecho Constitucional (UBA-UTDT)

martes, 3 de septiembre de 2019

ARGENTINA NECESITA



una gran coalición de gobierno.


Por Eduardo Duhalde.
Clarín. 29 agosto, 2019

Partamos de una base: ya no se puede gobernar un país con los mismos sistemas de hace 50 años. Giovanni Sartori, el gran politólogo, fue quien advirtió este fenómeno a principios del siglo XXI y advirtió que, en esas condiciones, la política se transforma en un elefante con pies de barro.

Los sistemas democráticos de la actualidad exigen para funcionar que se llegue a acuerdos y se construyan consensos entre los diferentes actores. Un rápido repaso al panorama gubernamental mundial muestra que, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países europeos han sido gobernados por coaliciones, y eso les ha permitido alcanzar altos estándares de calidad institucional y una notable mejora en la calidad de la convivencia de sus ciudadanos.

En 1991 construimos, con el doctor Raúl Alfonsín, por ese entonces líder indiscutido del radicalismo, la primera gran coalición de la Argentina moderna, para gobernar la provincia de Buenos Aires, convencidos ambos de que solamente un accionar de conjunto podía garantizar la gobernanza y permitiría sacar adelante los grandes temas del crecimiento y el desarrollo productivo del territorio más importante de la Argentina.

Así, acordamos que el Ejecutivo tomaba la responsabilidad de administrar los fondos provinciales y la oposición se hacía cargo de todos los organismos de control existentes y por crearse. Por supuesto, en la cotidianeidad política cada parte llevaba adelante libremente sus convicciones y propuestas.

La segunda gran coalición la construimos en 2001, esta vez a nivel nacional, y fue la que permitió sacar al país de la crisis más importante de su historia.

Acordamos consensuar los grandes temas que permitirían superar los tremendos momentos que vivía el país a partir del armado de un conjunto de legisladores justicialistas y radicales que proponían y votaban las leyes y también la integración de ministros radicales al gabinete y un importante número de funcionarios en los distintos organismos de la administración pública.

Creo que estas son experiencias que hoy deberían ser tomadas en cuenta.

Por distintas razones, este es un momento muy difícil para Argentina.

Nuevamente la crisis económica ha puesto a vastos sectores de la población en condiciones difíciles de soportar. Parece inevitable un cambio de la actual conducción y un viraje profundo de las políticas aplicadas en los últimos años.

Más allá de los resultados de las próximas elecciones, seguramente volver a poner a la Argentina en el rumbo del crecimiento y el desarrollo no será el trabajo de un partido, una corriente o una tendencia, sino el resultado de un acuerdo de voluntades alrededor de un programa de objetivos y acciones discutido, consensuado y evaluado a lo largo del tiempo por el conjunto más amplio de actores políticos que se pueda encolumnar detrás de un gobierno libremente elegido.

Eduardo Duhalde es ex presidente de la Nación.



UNA GESTA PRODUCTIVA



Por Carlos R. Brown.

MPA, 20 agosto, 2019

Los Argentinos, hemos pasado por innumerables problemas económicos.  Podríamos decir lo de siempre: territorio rico, extenso y con todos los climas; crisol de razas sin enfrentamientos étnicos ni religiosos; niveles educativos y culturales iguales o superiores a la región; y una democracia consolidada desde hace más de 30 años.

Pero también: pobreza y marginalidad creciente; destrucción continúa de la cultura del trabajo y del aparato productivo; una estructura Estatal ineficiente y brutalmente demandante, y consecuentemente una presión impositiva cada vez mayor; desaparición del acompañamiento financiero para el crecimiento económico, y aparición de la usura bancaria en su único beneficio.

¿No será hora de que la política de por terminada estas etapas negativas protagonizadas, salvo honrosas excepciones, por los gurúes de lo imposible y el fracaso, e intentemos realizar una verdadera gesta de la producción y el trabajo?

Una gesta por definición es una hazaña. Y eso es lo que  necesitamos, una hazaña que transforme políticas improductivas, financieristas y generadoras de dependencia social, en políticas productivas creadoras de actividad económica, dignidad laboral y humana.

Para poder realizarla, será necesario toda la estructura social y la política convencida, y todo el Estado en función de ello.

Primero deberá haber un gran acuerdo nacional entre todos los sectores políticos, empresarios, gremiales, religiosos, sociales y profesionales tendiente a instalar la gesta como prioridad a realizarse.

Los distintos niveles del Estado, deberán realizar un significativo acompañamiento impositivo de al menos 10 años para nuevos sectores productivos que se instalen o incrementen su actividad creando trabajo.

El BCRA deberá disponer que la banca pública y privada otorgue líneas crediticias de mediano y largo plazo para el sector productivo PYME, con tasas de interés por debajo de la inflación anual estimada en el presupuesto nacional.

Se deberá crear un Fondo de Desarrollo Productivo destinado al financiamiento de proyectos regionales fundados en la viabilidad del mismo y no en función del patrimonio de sus proponentes. Para ello, se destinarán fondos presupuestarios nacionales a través del Ministerio de la Producción Nacional. El Banco Nación será el depositario de los mismos y actuará como agente administrador. Montos, plazos de amortización e intereses estarán vinculados con la característica del proyecto aprobado, impacto regional y mano de obra a ocupar.

A nivel externo, el perfil exportador argentino estará vinculado con la cuestión alimentaria, principalmente en productos agroindustriales con fuerte valor agregado, para lo cual se deberá fomentar su producción, con acompañamientos impositivos y crediticios, eliminación de retenciones y otorgamientos de reintegros. Idéntica  situación se deberá propiciar para las nuevas producciones tecnológicas e industriales donde la Argentina es altamente competitiva.

La cuestión educativa deberá ocupar un lugar central. Sin capacitación y formación no se podrá responder a las exigencias de la producción y la caída de empleos tradicionales, el nacimiento y requerimiento de nuevos sistemas laborales.

Dentro del concepto del empleo moderno deberá resolverse, como uno de los capítulos centrales del acuerdo nacional mencionado, su adecuación jurídica a esta gesta que se plantea. Estado, dirigentes gremiales y empresarios deberán acordar y resolver este tema para beneficio del conjunto.

Hemos mencionado  solo algunos de los temas centrales, hay muchos más. Solo saldremos de esta situación con profundas y decididas acciones tomadas en conjunto, por eso debemos insistir en la necesidad de un acuerdo nacional entre todos los sectores., sin una clase dirigencial, política, gremial y empresaria suficientemente convencida de la realización de esta gesta, no se podrá concluir en la hazaña de transformar social y productiva a nuestro país.


*Carlos Brown, fue Ministro de Producción de la Provincia de Buenos Aires, Diputado Nacional y presidente del Movimiento Productivo Argentino.

sábado, 13 de julio de 2019

LOS VALORES FUNDACIONALES


 DE LA ARGENTINA Y EL ORDEN CONSTITUCIONAL
Xavier De Bouillon
DEBA TIME  en 10 julio, 2019
Los valores fundacionales y tradicionales de la Argentina son los heredados de la Hispanidad y de nuestra Constitución Tradicional no escrita, cuyo núcleo fundamental fuera recogido por la Carta Magna de 1853 en lo que el Dr. Bidart Campos llamaba los “contenidos pétreos” de la misma. Pero en la Constitución de 1853 se recogieron también principios y normas contradictorios con esos valores fundacionales o lesivos de nuestra soberanía política. De allí la justa crítica de Arturo Sampay a la influencia del Iluminismo en la Constitución de 1853. Esto se explica porque fue un acuerdo frágil entre sectores antagónicos (precedido por la gran traición y derrota nacional con el Imperio del Brasil que implicó la batalla de Caseros), y que es una de las causas de nuestra falta de estabilidad política.

Distinto fue en tal sentido el caso de los EE.UU, cuyos Padres Fundadores no renegaron de la tradición política y jurídica británica, salvo en algunas cuestiones secundarias. De todas maneras, si por valores de la Constitución de 1853 nos estamos refiriendo a esos contenidos pétreos que decía Bidart Campos, a las exigencias de los pactos preexistentes que son subordinantes de la Constitución escrita según enseñaba el Dr. César Enrique Romero o a la recepción de lo más importante de nuestra Constitución Tradicional no escrita en palabras del Dr. Héctor H. Hernandez, entonces sí podemos decir que esos valores son fundacionales y tradicionales. Sobre todo en relación a la invocación de Dios como fuente de toda razón y justicia.

Al respecto han dicho los Dres. Eduardo Ventura y Alejandro A. Domínguez Benavides: “El ordenamiento jurídico argentino se subalterna a los principios del derecho natural en clave cultural católica, y bajo esta luz debieran interpretarse no sólo las propias disposiciones de la Constitución Nacional, sino el resto del sistema jurídico”. Y fundamentan lo dicho del siguiente modo: “En la reforma constitucional de 1860, los miembros de la comisión encargada de redactarla ratificaron el carácter iusnaturalista clásico de la Constitución. Así surge del Informe producido, donde puede leerse:´el derecho civil, el derecho constitucional, todos los derechos creados por las leyes (…) pueden variar,(…) pero los derechos naturales, tanto de los hombres como de los pueblos constituidos por la Divina Providencia siempre deben quedar firmes e inmutables”.

De modo similar actuó Vélez Sarsfield al dar a la Iglesia Católica el carácter de persona jurídica de derecho público, en consonancia con el art. 2 de la Constitución Nacional. Pero es importante afirmar que éste y otros valores no son tradicionales porque los haya establecido la mentada Constitución sino al revés: los reconoció como tales porque ya eran tradicionales. Vienen de las actas fundacionales de nuestras primeras ciudades en el siglo XVI, de la legislación hispano-indiana  que rigió hasta la segunda mitad del siglo XIX y cuyos principios subsisten, de las disposiciones de la Primera Junta en 1810, del Acta de Declaración de la Independencia de 1816, de su fundamentación en el Manifiesto a las Naciones de 1817, de las constituciones provinciales y pactos celebrados a partir de 1820 y sobre todo del Pacto Federal de 1831, de la Institución Encargado de las Relaciones Exteriores de 1827 y del Acuerdo de San Nicolás de 1852.
Son valores algunos universales (no sujetos pues a debate) y otros propios de nuestra idiosincracia, que por lo mismo no pueden ni deben modificarse salvo que se diera un cambio substancial en las características de nuestro pueblo. Para defenderlos, veamos cuáles son y si han sido conculcados multitud de veces, recordemos que no por eso han perdido su legitimidad. Nos estamos refiriendo a la confesionalidad católica del Estado; al régimen político republicano, presidencialista, representativo y federal; y a los derechos y deberes naturales de la persona humana. A lo cual hay que agregar los valores nombrados en el Preámbulo, cuya naturaleza operativa y no meramente programática, ha sido reconocida por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Dichos valores son: la unión nacional, la justicia, la paz interior, la defensa común, el bienestar general y los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Como la Constitución codificada debe interpretarse a la luz de los principios y normas de la Constitución Tradicional y de la Ley Natural y Divina, es siguiendo esos criterios como debemos sostener qué se entiende por moral, por justicia, por paz, por derechos humanos, etc. Y en tal sentido, más que al magisterio de Echeverría o de Alberdi (sin negar lo que tengan de positivo) o de la jurisprudencia norteamericana, es importante tener en cuenta el pensamiento político clásico- cristiano (Aristóteles, Cicerón, San Agustín, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino y la Escolástica española) como el de Padres de la Patria independiente que dejaron escritos muy luminosos en materia constitucional, como es el caso de Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, José de San Martín, el Padre Castro Barros, el Padre Castañeda, Tomás Manuel de Anchorena o, con posterioridad, el de patriotas cercanos en el tiempo a 1853 como Fray Mamerto Esquiú, Mariano Fragueiro (cuyo proyecto económico fue aprobado por el Congreso Constituyente, pero nunca se aplicó), José Benjamín Gorostiaga, Félix Frías, José Manuel Estrada, entre otros.
Allí debe estar nuestro norte, el marco axiológico desde el cual juzgar el presente político y nuestros proyectos a futuro. De todo esto se desprende que el laicismo, la dictadura del relativismo, la ideología de género, el individualismo, el colectivismo, la cultura de la muerte y el garantismo abolicionista son contrarios a los valores fundacionales y tradicionales de nuestra Patria. Rescatemos pues a la Argentina a partir de estos valores

domingo, 18 de noviembre de 2018

EL PLANEAMIENTO



COMO INSTRUMENTO DE GOBIERNO

En la actualidad, resulta evidente que la acción de planificar constituye un instrumento esencial del gobierno. El planeamiento constituye el desarrollo de un proceso de toma de decisiones anticipadas y coordinadas entre sí, con vistas a alcanzar un objetivo predeterminado. (1)

Varios gobernantes argentinos utilizaron el planeamiento, pero esporádica y brevemente; quien lo aplicó en forma sistemática y en mayor medida fue el Gral. Perón. Desde 1944, cuando el gobierno provisional del Gral. Farrell le encarga crear el Consejo Nacional de Posguerra, para preparar una transformación del país al terminar la segunda guerra mundial. Esta experiencia le sirve para, ya siendo Presidente, impulsar el Primer Plan Quinquenal 1947/51, y luego el Segundo  Plan Quinquenal 1953/57.

En el Modelo Argentino encontramos, en la Segunda Parte del documento presentado por Perón ante el Congreso el 1-5-1974, una frase significativa que reproduce un párrafo de la Carta  Apostólica Octogesima adveniens (p. 37), de Pablo VI, haciendo propia la reflexión del flamante Santo:

“La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas.” (2)

La palabra utopía fue inventada por Tomás Moro, y significa lugar que no existe. En sentido inverso, el Modelo propone  el ideal no utópico de realizar dos tareas permanentes:
*acercar la realidad al ideal
*y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro.

Este enfoque realista de la política, nos debe servir para orientarnos en esta época de globalización donde existen amenazas y desafíos muy complejos.
Pese a todos los condicionamientos, la situación internacional, vista sin anteojeras ideológicas, ofrece - en especial desde 1989- posibilidades de actuación autonómica aún a los países pequeños y medianos. Por eso no compartimos la opinión de que la soberanía es inalcanzable por un Estado-Nación en el siglo XXI, siendo necesario lograr una organización política supranacional, como sostiene por ejemplo Juan Grabois en un reciente libro (La clase peligrosa, Planeta, 2018, p. 77).

Pero es imprescindible sí, que el Estado funcione con la máxima eficacia. Y allí nos encontramos con un serio problema, que señaló Perón en un mensaje a los Gobernadores el 2 de agosto de 1973:

“la destrucción aquí ha comenzado por lo más grave que puede producirse, la destrucción del hombre; ha seguido por lo más grave que puede haber después de eso, que es la destrucción del Estado”. (3)

Cuando Perón inicia su tercer mandato presidencial, el Estado argentino ya no existía. Esto requiere una explicación; el Prof. de Mahieu  describe al Estado como el órgano de síntesis, conciencia y mando, de una sociedad territorialmente delimitada, destinado a lograr el bien común. (4)

El ejercicio de las tres funciones señaladas -la síntesis o integración social, el planeamiento y la conducción-,  es requisito indispensable para la existencia de un Estado; cuando dejan de cumplirse, el Estado desaparece, aunque se mantengan las formalidades constitucionales. Eso es lo que ocurrió en la Argentina, hace 5 décadas. Si un Estado no posee, en acto, estas tres funciones, ha dejado de funcionar como tal o ha efectuado una trasferencia de poder en beneficio de organismos supraestatales, o de actores privados, o de otro Estado.

La soberanía,  es la cualidad del poder estatal que consiste en ser supremo en un territorio determinado, y no depender de otra normatividad superior. No es susceptible de grados; existe o no. Por lo tanto, carece de sentido mencionar la "disminución de soberanía" de los Estados contemporáneos.
Lo que puede disminuirse o incrementarse es el poder propiamente dicho, es decir, la capacidad efectiva de hacer cosas, de resolver problemas e influir en la realidad.

Ahora bien, el grave problema argentino, es que no existe soberanía pues no existe el Estado. De allí la paradoja de culpar al Estado de todos los problemas, cuando el origen de los problemas es la ausencia del Estado. Limitándonos ahora al planeamiento como instrumento de gobierno, nos referimos a un proceso permanente que asegure la máxima racionalidad en la adopción de decisiones para el logro de los objetivos del país.

Un plan nacional debe estar basado en un conjunto de concertaciones que lo hacen patrimonio de la sociedad y no sólo del gobierno. Su ejecución es de responsabilidad compartida, de las instituciones públicas, de las asociaciones de trabajadores, de empresarios, de las universidades y en general de todos los ciudadanos.

El planeamiento como proceso político administrativo no se agota en la formulación de un plan. Incluye además, el análisis de la ejecución de las actividades previstas y la revisión periódica  de sus principales programas y proyectos, evaluándose la viabilidad y consecuencias.
El proceso de planeamiento abarca tres niveles de elaboración:

*El largo plazo (no menos de 10 años) requiere la definición de las cualidades de la sociedad que se vislumbra para el futuro y la identificación de las estrategias globales para alcanzarla.
*El mediano plazo (coincidente con el mandato de un gobierno), estará a cargo del poder ejecutivo, con la participación del Congreso.
*El plan de corto plazo -paralelo al presupuesto anual-, así como su ejecución, corresponde al gabinete presidencial.

El control de gestión es parte del planeamiento, requiere un flujo constante de datos que permitan evaluar el cumplimiento de las metas y detectar las anomalías que se presenten.

El proyecto, sin embargo, es mucho más que extrapolación en el tiempo; el vocablo se refiere a la intervención necesaria de la voluntad humana en su configuración.
Existe el riesgo de hacer futurología, aplicando métodos cuantitativos a los aspectos cualitativos de la vida social, como si se pudiera revelar el porvenir por computación. Evitaremos el intento de hacer futurología y su consecuencia más dañina, la ingeniería social, si reconocemos que la sociedad no es una cosa susceptible de manipular. Sin embargo, “el futuro es parcialmente controlable”; “el futuro de un pueblo, entendido como proyecto vital colectivo, puede en buena medida ser regulado desde el presente”. (5)
 “Un plan de la nación no aparece, pues, como una fórmula mágica, sino como una combinación perfectible de realismo y voluntad”. (6)

De manera que, no sólo es posible sino imprescindible  la planificación. Pero siempre, respaldando los planes en el consenso de sus protagonistas, quienes deben participar en su elaboración, ejecución y modificación.
El Estado, en su función de planeamiento, realiza  un proceso permanente con varias etapas:

1. Centraliza la información que le llega de los grupos sociales; recopila sus problemas, necesidades y demandas, elaborándose un Diagnóstico.
2. Sobre la base del diagnóstico, y de las Directivas Políticas que fijan las prioridades, se confecciona un Modelo de Desarrollo –que equivale a un proyecto nacional-, en función de los fines comunes, fijados en la Constitución Nacional y en otros documentos, que señalan los objetivos políticos y los valores que identifican a un pueblo.
3. Del modelo surgen los Objetivos, las Políticas para cada área de gobierno y las Estrategias a utilizar.
4. Recién entonces comienza la faz técnica del proceso que consiste en la Programación de las actividades con el detalle de los programas y proyectos concretos, la previsión financiera y el cronograma respectivo.
5. Mediante el Control de Gestión, se evalúa no solamente el grado de cumplimiento de las metas fijadas, sino también las otras etapas del proceso, de manera de corregir los errores en el diagnóstico, los objetivos, las políticas y las estrategias, adaptando el plan a las circunstancias cambiantes de la realidad.

Para que un plan nacional sea implementado eficazmente, y logre el apoyo de todos los sectores de la sociedad, además de la ya citada concertación previa, se requiere “contar con funcionarios estables, de la mayor capacidad, que permanezcan ajenos a los cambios políticos”, como lo expresa el Modelo Argentino (7). 

Esto exige abandonar la administración pública clientelista, opción que se mantiene desde hace mucho tiempo, al margen de los cambios de gobierno, y que consiste en la cobertura de la mayoría de los cargos estatales por la simple voluntad de las autoridades.

Basta mencionar algunos datos oficiales del Ministerio de Modernización: en la administración nacional hay 2.300 cargos de directores y coordinadores, que según la legislación vigente deberían estar nombrados por concurso; sólo hay 72 de ellos concursados, estimándose que para el 2020 estarían concursados la mitad de los cargos (La Nación, 5-8-2018).

Un estado moderno requiere que los organismos públicos estén a cargo de empleados permanentes, designados en función del mérito. La administración pública, integrada por funcionarios de carrera, designados y promovidos por concurso, constituye la mejor garantía de eficiencia del estado, al servicio de la sociedad, y un elemento necesario para el proceso de planeamiento.
El nuevo modelo de gestión, deberá quedar reflejado en la legislación; en la ley de Presupuesto, deberá detallarse el número de cargos de nivel político, que, para el orden nacional, no debería superar la cantidad de 500 funcionarios, quedando fijada la obligación de cubrir todos los demás cargos por concurso de antecedentes y oposición.


 En una concepción no totalitaria el planeamiento estatal sólo será vinculante para el propio Estado, y meramente indicativo para el sector privado. La autoridad pública no debe realizar ni decidir por sí misma lo que puedan hacer y procurar comunidades menores e inferiores. Pero, debido a la complejidad de los problemas modernos, el principio de subsidiariedad resulta insuficiente para resolverlos sin la orientación del Estado, que mediante el planeamiento se dedique a  estimular, coordinar, suplir e integrar la acción de los individuos y de los grupos intermedios.

En conclusión:

Un proyecto nacional puede contribuir, en ésta época signada por el fenómeno de la globalización, a compatibilizar la inevitable integración del país con los demás países, con la preservación de la propia identidad cultural, haciendo explícito lo que somos a fin de buscar lo que debemos ser; lo contrario sería abandonarse al futuro sin prudencia, de la mano de un empirismo más o menos ciego. (8)

Mario Meneghini

Exposición realizada en el Congreso “Primero Argentina”, Córdoba, 17-11-18


Referencias:

          1) Moreno, Antonio Federico. “El planeamiento y nuestra Argentina”; Corregidor, 1978, p. 24.

      2) Perón, Juan. Modelo Argentino, 1974;  El Cid Editor, 1986, p. 88.

    3) Perón, Juan. Perón en la Argentina 1973;  Vespa Ediciones, 1974, p. 58.

      4) De Mahieu, José María.  “El Estado comunitario”;  Arayú, 1962.

     5) de Imaz, José Luis. “Nosotros mañana”; Eudeba, 1968, p. 9.

     6) Massé, Pierre. “El plan o el antiazar”; Barcelona, Ed. Labor, 1968, p. 37.

     7) Perón, Juan. Modelo Argentino, p. 129.

     8) Pithod, Abelardo. “Proyecto Nacional y orden social”; en: AAVV. “Planeamiento y Nación”; OIKOS, l979, p. 63.















sábado, 15 de septiembre de 2018

¿EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL?




Notivida, 15-9-18

En su habitual reflexión en el programa “Claves para un Mundo Mejor”, que se emite por Canal 9, Monseñor Héctor Aguer, Arzobispo Emérito de La Plata, recordó leyes sancionadas en las últimas décadas que atacan de modo particular a la familia, haciendo hincapié en la norma proyectada para modificar la llamada Ley de Educación Sexual Integral (Vid Notividas Nº 1126, 1127 y 1128).

Recordemos que en el año 2003 Felipe Solá, por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, vetó parcialmente la Ley provincial de “Salud reproductiva y Procreación Responsable” que pretendía obligar a instituciones de gestión pública y privada porque eso “contraría el principio de libertad religiosa imperante en la Provincia”. Se lee en el veto de Solá: “Quien por ejemplo, asistiera a un establecimiento privado de educación católica se vería obligado, contra su voluntad y más, contra la voluntad de sus padres, a participar en temas que pudieran entrar en conflicto con sus creencias”.


 texto completo de la alocución televisiva de Mons. Aguer:

“Después del fracaso en el Senado de la Nación de la ley abortista, parece que han recrudecido los ataques contra la Iglesia. Ha habido enojos, pintadas, insultos y, luego también la insistencia en que la derrota no ha sido tal y que la victoria de los pro-vida ha sido una victoria pírrica, porque ahora con la introducción de la nueva fórmula del Código Penal se trataría de introducir, de alguna manera, aquello que no pudo ser por vía legislativa”.

“En realidad, yo pienso que hace tiempo que la enemistad contra la Iglesia se viene manifestando en cosas concretas. Diría que hace unos 35 años, más o menos, porque la “democracia recuperada” nos ha regalado el divorcio vincular que ha destruido el matrimonio y con él la familia. 
Hoy día la mayor parte de la gente no se casa y, a propósito, yo suelo citar una frase preciosa de Eva Perón que, en un mensaje a un Congreso de Mujeres de Barcelona, dijo refiriéndose al Siglo XX: ‘nuestro siglo será llamado el siglo del feminismo victorioso. La victoria del feminismo consiste en la indisolubilidad del matrimonio y la presencia de la mujer en el hogar’. 
Con el divorcio se ha borrado ese valor del humanismo cristiano”.

“Después vino lo de la educación sexual, que ahora se la pretende llamar integral y que fue la repartija, a mansalva, de preservativos y anticonceptivos. Eso no dio resultado, porque han intentado el recurso extremo del aborto. Quiere decir que la cosa no funcionó, que la gente no los usa, que no los sabe usar o están fallando, qué se yo. Luego vino el “matrimonio igualitario” con lo cual se introdujo la ideología de género y, hoy día, vaya uno a decir lo que estoy diciendo acá, porque enseguida lo denuncian ante el INADI por discriminador. Porque si uno sostiene que la única discriminación que existe es la que aparece en el Génesis 1,27 que dice: ‘Dios creó al ser humano a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer lo creó’. Van a decir que es un discriminador porque ahora hay numerosas combinaciones posibles, géneros y transgéneros han reemplazado al sexo. En los hospitales de niños, donde tantos niños sufren esperando ser atendidos, se han establecido secciones especiales para tratar niños trans que pasan a ser de varones a mujeres o de mujeres a varones. Ínfima cantidad por supuesto, agrandada por el periodismo, pero los grandes problemas de la salud pública no son atendidos. Además han aumentado increíblemente las enfermedades de transmisión por vía sexual. ¡La sífilis, por ejemplo, que parecía una peste del pasado! No se quiere reconocer que la violación de la naturaleza tiene su terrible costo”.

“Vuelvo a lo de la educación sexual aunque ya otras veces he hablado de esto. Es que ahora desde el Ministerio de Educación de la Nación se viene una andanada muy fuerte, y con la calumnia de que la Iglesia no cumple con este ámbito de la educación, lo cual es falso. Nosotros, en nuestros colegios católicos, tenemos educación sexual, que llamamos como corresponde: ‘Educación para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia’. Nuevas disposiciones legislativas agravan las ya vigentes con el intento de naturalizar lo antinatural. El intento perverso comienza por el jardín de infantes. ¡Corrupción de menores!”

 “Fíjense qué paradoja: el Estado no cumple con sus propias obligaciones y quieren hacernos cumplir a nosotros lo que va en contra de nuestras convicciones. Pienso en la Provincia de Buenos Aires. En el artículo 199 de la Constitución Provincial de Buenos Aires, promulgada en el año 1994, se lee: ‘los escolares bonaerenses deben recibir una educación integral, de sentido trascendente, según los principios de la moral cristiana respetando la libertad de conciencia’. Eso está dicho de las escuelas estatales, de gestión pública, no de las nuestras, es obvio, pero nunca se cumplió. O sea que los Gobiernos desde 1994 han incumplido con el Artículo 199 de la Constitución pero no solo eso, ahora quieren enchufarnos a nosotros, en nuestras escuelas, que enseñemos contra la libertad que asiste a las familias y a la Iglesia, lo que habría que llamar, en realidad, perversión sexual integral”.

“Uso, a propósito, la palabra perversión porque es la palabra que usa Sigmund Freud en su “Introducción al Psicoanálisis”. Allí enumera once perversiones y no las nombro a todas, entre las que hay vicios horrendos. Dos de ellas son el onanismo, vale decir el evitar los hijos mediante relaciones con medios que lo impidan y la sodomía o sea el encuentro sexual de varones con varones. Freud dice que son perversiones. ¿Por qué? Porque se bloquea allí la finalidad esencial del acto sexual que es transmitir la vida. No lo está diciendo San Pablo ni San Juan Pablo II, sino que lo dice Sigmund Freud en esa “Introducción al Psicoanálisis” y dice, además, que esas perversiones son actos impúdicos porque en ellos el cuerpo se da como carne y no de un modo verdaderamente personal” La enseñanza moral cristiana no es un código imposible de observar; es, simplemente, la puesta en claro de la ley natural”

“Observen ustedes cómo desde un punto de vista psicológico, psiquiátrico, se puede enfocar esto mismo que nosotros advertimos en su dimensión moral. Esto es lo que se quiere imponer a la nueva juventud argentina. ¿Qué va a pasar? La Iglesia debe resistir a que le impongan programas, textos, profesores, que van a enseñar en materia de educación sexual lo contrario de la moral cristiana y espero que algún Gobierno de la Provincia de Buenos Aires desempolve el Artículo 199 que los legisladores desconocen olímpicamente, y enseñen en las escuelas moral cristiana. Y es así cómo la gente va a ser un poquito más buena. Tal vez antes, quizás, habría que preocuparse para que salgan del colegio estatal sabiendo leer y escribir”.

“Lo que está en juego en estos lares legislativos es la libertad de enseñanza, siempre asediada en la Argentina por un atavismo totalitario, del gobierno que sea. Espero que tantos expertos en derecho constitucional, que podrían hacerlo, ayuden a que muchas familias, tanto de la escuela estatal como de gestión privada, presenten ante los tribunales correspondientes, acciones de inconstitucionalidad contra leyes inicuas”.