lunes, 14 de junio de 2021

COLOMBIA

 


Un país en disolución

Estamos frente a una toma guerrillera del país con un propósito bien claro: desestabilizar al país y darle golpe de estado al Presidente Duque.

 

Por Luis Alfonso García Carmona

Tradición Viva, 14-6-21

 

No sabemos si por ingenuidad,  o acaso por oscuras e inconfesables intenciones, el Presidente y los alcaldes de las principales ciudades vienen actuando frente al llamado “paro nacional” como si fuera una protesta más, como tantas otras que en el pasado han recibido entierro de tercera con un cheque en blanco para sus promotores.

 

Nada más alejado de la realidad. Estamos frente a una toma guerrillera del país con un propósito bien claro: desestabilizar al país y darle golpe de estado al Presidente Duque. Abundan pruebas sobre la participación guerrillera en los disturbios, la financiación que ha enviado Iván Márquez desde la frontera venezolana y  la presencia de “farianos” y “elenos” en la insurrección. Para rematar, la líder indígena Diana Perafán acaba de denunciar cómo se reunieron los delegados del CIDH con los miembros del CRIC (directiva indígena aliada de Farc y del narcotráfico) para acordar los pasos a seguir para tumbar a Duque.

 

Señala con dolor el médico Remberto Burgos como infames homicidas a los promotores de estos disturbios que tienen colapsados a la mayor parte de los hospitales  y pide inútilmente que se castigue a los causantes de esta masacre sanitaria.

 

No sé cuántos años tardaremos en recuperarnos de las enormes pérdidas que están afectando al aparato productivo, a la infraestructura pública y a la economía en general. ¿Cómo puede subsistir Colombia con su principal puerto cerrado desde hace mes y medio?

 

La violencia, a la que nos había acostumbrado la guerrilla comunista, ya que durante 50 años nos informábamos de ella por la prensa, la radio y la televisión, ahora está a la vuelta de la esquina. Escenas de un tenebroso salvajismo las vivimos a diario, como en un macabro “reality”.

 

Más tenebroso aún es el futuro que le espera a la sociedad colombiana con el legado de Duque: Una Policía inerme, a merced de los criminales, gracias al proyecto de reforma que acaba de presentar para dar gusto a los extorsionistas del Comité de Paro.

 

El manejo del orden público en manos de los alcaldes “mamertos”  en los cuales delegó las responsabilidades presidenciales.

 

Un mar de coca que nos convierte en un narco-estado, donde los carteles de la droga (comenzando por las Farc) imponen su ley en Colombia y dominan gran parte del territorio nacional.

 

La creación de una JEP agraria para dar cumplimiento a lo pactado en La Habana y dejar el campo en la ruina, como ocurrió en Venezuela.

 

La resurrección del tratado de Escazú, que nos deja a merced de una Corte internacional que decidirá sobre las reclamaciones de cualquier comunidad que se oponga a un desarrollo industrial o a una obra de interés común.

 

El triunfo en las elecciones del 2022 de quienes propugnan por el socialismo bolivariano, gracias a la tolerancia y debilidad de su gobierno.

 

Mientras ello ocurre, ¿A qué se dedican los políticos del caduco y corrupto establecimiento? A cocinar coaliciones con cualquiera, sin tener en cuenta su ideología, con tal de detener a Petro y conservar sus privilegios.

 

No hay en su discurso una sola propuesta para solucionar las necesidades de un pueblo sumido en la pobreza y la desesperación. Tampoco una respuesta a los graves problemas de la Nación: La quiebra de las empresas, el aumento del desempleo, la inseguridad, el aumento de la droga, el robo del plebiscito, la ilegalidad derivada de un pacto espurio, la falta de Justicia, la corrupción rampante, la destrucción de la familia tradicional, el adoctrinamiento marxista de la juventud……………

 

Por fortuna se ha encendido una luz. Ya la sociedad civil, que no aguanta más, ha despertado y comienza a unirse alrededor de una doble consigna: Atajar el avance de la izquierda y reconstruir el país. Alianza Reconstrucción Colombia, en unión de grupos de la reserva de las FF.AA. y de grupos sociales, independientes de los desprestigiados partidos políticos, ha iniciado la creación de un nuevo partido. Una fuerza incontenible que capitalice esta imparable indignación que no se conforma ni con la vieja política, corrupta  y mediocre, ni con los cantos de sirena del comunismo mentiroso y violento.  

sábado, 12 de junio de 2021

DOCTRINA POLÍTICA CATÓLICA

 


miércoles, 9 de junio de 2021

ACERTADA DESCRIPCIÓN

 


Reproducimos algunos párrafos de un artículo publicado en la fecha (*), que resume adecuadamente la conducción errática del gobierno nacional.

 

“Alberto Fernández deambula en estos días con una política exterior que engaña a veces con la misma sensación de extrañamiento.

El Presidente se acerca a cada ronda que observa, pidiendo que lo acepten como miembro pleno. Viaja a Francia y se declara europeísta desde siempre. Hasta que una semana después Ángela Merkel le saca por zoom un papelito donde anotó todo lo que Fernández le prometió y le incumplió.

Fernández entra luego al foro se San Petersburgo y hace una proclama anticapitalista ante la mirada gélida de Vladimir Putín, constructor del actual capitalismo ruso. Nacionalista y alérgico al comunismo soviético.

Por las dudas no lo acepten en el círculo Sputnik, Fernández lanza otra aseveración confusa. Dice que la Argentina debería incluirse en la ronda de los países pobre. Como una de esas naciones africanas a las que el FMI les condonó las deudas al inicio de la pandemia.

Es cierto que la pobreza escaló a raudales en Argentina durante el año pasado. Pero en el foro en el que hablaba el Presidente también conocen el precio de la soja.

Fernández participa asimismo en los encuentros del Grupo de Puebla, donde suele elogiar a Lula da Silva y a Andrés Manuel López Obrador. El expresidente brasileño está haciendo algo a lo que el argentino jamás se animaría: pactó una alianza con su antecesor, Fernando Cardoso, el neoliberal que se autocriticó la teoría de la dependencia. Lula cree que la salida a la crisis equivale a ensanchar el centro.

Y el presidente mexicano con el cual Fernández soñaba cambiar el mundo, tambalea. Perdió el dominio del parlamento tras una elección sangrienta: al menos 88 políticos o candidatos fueron asesinados desde setiembre pasado.

La estrategia de cortejo diplomático al norteamericano Biden fue todavía más curiosa. Fernández dijo que Estados Unidos está haciendo peronismo clásico. Incentivos al consumo para salir de la recesión pandémica. Para que lo inviten a la ronda de Washington, gritó a voz en cuello una contraseña ininteligible: “Juan Domingo Biden”. Las sorpresas pueden seguir. Todavía le falta acercarse a la ronda china.

Con Israel, Alberto Fernández fue y vino. A Benjamín Netanyahu lo privilegió visitándolo antes que a nadie. Después mandó a votar en la ONU una resolución funcional al terrorismo de Hamas. Concluyó el periplo festejando a la alianza que desplazó a Netanyahu.

A esa diplomacia vagabunda, Alberto Fernández suele presentarla como el ejemplo más acabado de autodeterminación y multilateralismo.”

“La Argentina de Alberto Fernández desertó en las puertas del tribunal de La Haya cuando había que pedir la investigación de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura venezolana.”

 

(*) Edgardo Moreno: Diplomacia para el realismo mágico; La Voz del Interior, 9-6-21, p. 9.

domingo, 6 de junio de 2021

EL EJERCICIO

 


DE LA SOBERANÍA PACÍFICA EN EL ATLÁNTICO SUR Y MALVINAS

 César Lerena


El presidente Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner, expresó a la Nación (13/6/2003) que el gobierno tenía como objetivo recuperar Malvinas. Siete años después en su mensaje en el Congreso de la Nación del 1/3/2020 mostró igual su interés al respecto. A un año y medio de su asunción, por la forma y en los tiempos que el Coordinador del Consejo de Malvinas Daniel Filmus lleva la cuestión, no parece que esto vaya a ocurrir durante su mandato. Aun así, como modesto observador, le prestaría mucha atención a lo que no hacen y a lo que podrían hacer excepcionalmente el trio integrado por el profesor universitario Marcelo Kohen, el embajador en Londres Javier Figueroa y el referido Coordinador. ¿Y los consejeros que son los que tienen que proponer al Presidente la Política de Estado? En lugar de empezar a reunirse a diseñar las estrategias y tácticas destinadas a recuperar Malvinas, parecen haberse quedado atados a los eventuales llamados de un Coordinador que no coordina.    

Seguramente a instancias de la Secretaría de Malvinas de la Cancillería y de Pesca del Ministerio de Agricultura- el presidente anunció que enviaría de tres proyectos de leyes, que luego serían sancionadas, aunque como veremos resultan absolutamente inofensivas. La primera ley (27.558), de “creación del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a Malvinas”, Cuerpo se supone, debía proponer la Política de Estado en esta materia y, que hasta la fecha se ha reunido un par de veces vía Zoom, evidentemente, nada importante o confidencial, por el sistema absolutamente vulnerable utilizado y, por suerte, porque varios de los miembros (Marcelo Kohan; Martín Balza; Susana Ruiz Cerutti) designados en el Consejo -por sus antecedentes- no parece que fueran a preocuparse por recuperar la soberanía de Malvinas (ver César Lerena “La Estrategia del Consejo Nacional de Malvinas” Partes I a IV y Final, 9/2/21; 14/2/21; 19/2/21; 25/2/21 y 5/3/21). En este punto, sería de esperar alguna movida de los Veteranos de Malvinas y, de algún otro miembro que, entiendo, no querrán quedar pegados ante esta falta de acción.

La segunda ley (27.557) “de demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina” es cartón pintado. Las Naciones Unidas no reconoció nada y una Comisión de Límites solo “recomendó” 351.633 km2 (28/03/2016 y el 17/03/2017) del total de 1.782.000 km2 reivindicadas por Argentina y, ni siquiera trató 1.430.367 km2 por entender que se encuentran en disputa con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante el Reino Unido). En lugar de hacer mapas deberíamos ocuparnos ya que en 1982 teníamos ocupados 11.410 km2 y tres millas alrededor de las islas y hoy tenemos 1.639.900 km2 del mar argentino y su plataforma invadida; gran parte de la plataforma continental más allá de las 200 millas en disputa, al igual que la Antártida Argentina.      

La tercera ley (27.564), de aumento de sanciones, resulta absolutamente inocua. Desde su sanción a la fecha no se ha colocado ninguna multa a buque extranjero en la Zona Económica Exclusiva (en adelante ZEE) Argentina. Por otra parte, no se ha sancionado a ninguno de los buques españoles, coreanos, taiwaneses o británicos que pescan en Malvinas; alguno de los cuales podría estar violando no solo la ley 24.922 sino también la 26.386 que impide a los buques radicados en el continente argentino pescar en Malvinas. De Malvinas -año tras año- se extraen 250.000 toneladas de pescados por valor de mil millones de dólares. Tampoco se ha hecho nada respecto a los buques que en alta mar pescan los recursos migratorios originarios de la ZEE Argentina, que depredan el ecosistema perjudicando económica, social y laboralmente a nuestro país.

 

¿Qué se supone que debería hacer la Argentina?

En primer lugar, tomar las medidas necesarias para que las Resoluciones de las Naciones Unidas no sean modificadas por el Reino Unido y mucho menos por la Argentina.

 

Mantener incólume el alegato del Embajador José María Ruda de «persuadir a la comunidad internacional de que las mencionadas Islas son parte integrante del territorio argentino y que el deber jurídico y moral de Gran Bretaña es devolverlas a su verdadero dueño, afirmándose así el principio de la soberanía y de la integridad territorial de los Estados…» y, del mismo modo, las cinco resoluciones concatenadas de las Naciones Unidas que han fortalecido y fortalecen la posición soberana argentina respecto a Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur (en adelante Malvinas): la Res. 1514 (XV) del 14/12/1960; la Res. 2065 (XX) del 16/12/1965; la Res. la 3160 (XXVIII) de 14/12/1973; la Res. 31/49 del 1/12/1976 y la Res. 41/11 del 27/10/1986, sobre las que no habría que innovar ya que cualquier intento de esta naturaleza podría debilitar la favorable posición actual de argentina, dándole al Reino Unido el mejor escenario para replantear la cuestión de “la autodeterminación”; posición sepultada tras el reconocimiento de los “intereses” y no “deseos” a los isleños, que, en todo caso, debería tratarse de un derecho de los argentinos y, también, en el muy importante argumento -a los múltiples agregados por Argentina- de que las Resoluciones de las Naciones Unidas referidas a la Cuestión Malvinas omiten toda referencia a la “autodeterminación de los isleños” ya que en todos los casos, limita  las negociaciones a la Argentina y al Reino Unido y en ningún caso a los isleños, entendiendo, obviamente,  que estos son parte de la corona británica.

Además de ello, las distintas resoluciones refieren a la “integralidad territorial”, sobre lo que nada nuevo se podría agregar a lo ya sostenido por Ruda -reiterado por Argentina durante todos estos años- confirmado por el ilegal referéndum efectuado en las islas, donde los isleños implantados por el Reino Unido, mayoritariamente británicos, desean seguir perteneciendo a la corona, desmitificando el inconsistente argumento de la autodeterminación e independencia.

Toda idea destinada a ratificar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas de las Resoluciones citadas respecto a la posición argentina o recurrir a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) debiera ser descartada de plano, ya que podría debilitar o revertir la posición altamente favorable de Argentina que las referidas resoluciones le otorgan a nuestro país. Por el contrario, habría que hacer pie en estas resoluciones para llevar adelante nuevas políticas activas en el Atlántico Sur y Malvinas, algunas de las cuales se enuncian en este trabajo, aunque previamente y, de modo general, se sintetizan las referidas resoluciones de las Naciones Unidas.

En la Res. 1514 (XV) la Asamblea General «convencida de que todos los pueblos tienen un derecho (…) al ejercicio de su soberanía y a la integridad de su territorio nacional», declaró -entre otras cosas- que: «1. La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas (…) deberá respetarse la integridad de su territorio nacional. 6. Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas (NdA: de aplicación al territorio y no a la población). 7. Los Estados no deberán (…) intervenir en los asuntos internos de los demás Estados y respetar los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad territorial».

La Res. 2065 (XX), que confirmó «la existencia de una disputa entre los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido acerca de la soberanía sobre dichas Isias, dejando en claro la disputa territorial negada sistemáticamente por el Reino Unido e, invitando a ambos gobiernos (no a los isleños, cuestión relevante que da por tierra con los insostenibles argumentos de la autodeterminación) a «proseguir sin demora las negociaciones (…) teniendo debidamente en cuenta las disposi­ciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Uni­das y de la resolución 1514 (XV)…»; Resolución, que fuera adoptada por una gran mayoría de votos, sin ningún voto en contra, incluso del Reino Unido que debió abstenerse, consagrándose un triunfo diplomático argentino que difícilmente pueda mejorarse, porque está atado al rechazo sistemático a reunirse de parte del Reino Unido durante los últimos 56 años y al conjunto de resoluciones de las Naciones Unidas que aquí se detallan.

La Res. 3160 (XXVIII), que señala que la Res. 2065 (XX) indica que «la manera de poner fin a esta situación colonial es la solución pacífica del conflicto de soberanía entre los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido con respecto a dichas Islas y, expresando su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina…».

La Res. ONU 31/49 que se relaciona con las resoluciones precedentemente citadas y refiere «1. En particular, las conclusiones y recomendaciones del Comité Especial relativas a dicho Territorio (…) 2. Expresa su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina (…) 3. Pide a los gobiernos que aceleren las negociaciones relativas a la disputa sobre soberanía (…) 4. Insta a las dos partes a que se abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso recomendado en las resoluciones arriba mencionadas». Cuestión esta última que el Reino Unido ha violado en forma continua y creciente, desde 1982 a la fecha, ocupando mayores territorios insulares y marinos de Argentina y explotando los recursos naturales pesqueros, agropecuarios e hidrocarburíferos.

La Res. 41/11 donde la Asamblea General que a instancias de Brasil declara la “Zona de paz y cooperación del Atlántico Sur” (ZPCAS) con el apoyo de todos los Estados ribereños de África Occidental y América Oriental con Mar Territorial y Z.E.E. en el Atlántico Sur (sin participación alguna del Reino Unido, dejando de manifiesto su situación irregular en el mar argentino), consciente la Asamblea de «la determinación de los pueblos de los Estados de la región del Atlántico Sur de preservar su independencia, soberanía e integridad territorial…»; convencida de «la necesidad de mantener la región libre de medidas de militarización (…) la presencia de bases militares extranjeras y, sobre todo, de armas nucleares», exhortando entre otras cosas a «3. (…) la reducción y eventual eliminación de su presencia militar en dicha región, la no introducción de armas nucleares o de otras armas de destrucción masiva y la no extensión a la región de rivalidades y conflictos que le sean ajenos; 4. (…) respeten la unidad nacional, la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de todos los Estados de la región, se abstengan de la amenaza o la utilización de la fuerza (…) así como el principio de que es inadmisible la adquisición de territorios por la fuerza».

Todas cuestiones que constituyen un llamado de atención y un mensaje a la presencia del Reino Unido ocupando los territorios insulares y marítimos de Argentina en el Atlántico Sur, ya que como nos refieren Juan J. Castelli y Fabian Aouad ello, queda ratificado cuando el Reino Unido le informa al Secretario General de las Naciones Unidas (el 3/7/1997 doc. A/52/462 del 14/10/1997), que «celebra los objetivos de la resolución 51/19 de la Asamblea General de promover la paz y la cooperación en el Atlántico Sur y desea señalar (…) la evolución de las relaciones anglo-argentinas, que ha contribuido a reducir la tensión en el Atlántico Sudoccidental. Prosigue la cooperación en el marco de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (…) y en la Comisión sobre Hidrocarburos del Atlántico Sudoccidental en la cual, en particular, se están desarrollando las disposiciones relativas a la explotación conjunta de los hidrocarburos en la zona especial de cooperación establecida por el Reino Unido y la Argentina en la Declaración Conjunta de 27/09/1995». Los británicos, no dejan pasar una oportunidad para dejar huellas en las cuales ratifican su carácter de ocupante (ilegal) y administrador provisorio (forzoso) y los gobiernos argentinos demuestran a cada paso sus errores diplomáticos.

Es evidente que esta Zona de Paz y Cooperación resulta un ámbito extraordinario para mejorar las políticas argentinas destinadas a profundizar la soberanía en el Atlántico Sur, mediante una relación más activa y estrecha con el resto de los Estados ribereños, procurando una acción común que desaliente la presencia extranjera en estos mares (César Lerena “Atlántico Sur. Una Zona de Paz y Cooperación en conflicto”, 3.11.2020) y, si bien hasta el momento esta Zona no ha tenido el impulso y el poder suficiente, por razones de dominio obvias e ineptitud de los sucesivos gobiernos, declaraciones como las obtenidas en la VII Reunión Ministerial realizada el 15-16/1/2013 en Montevideo deberían mutar en hechos concretos en favor de un mayor control argentino, suramericano y africano del área.

En el complejo escenario en el que se encuentra la Argentina, con las islas y el 52% de su territorio marítimo ocupado por el Reino Unido, sin una estrategia diplomática acorde a la pérdida de soberanía que ello implica; la cuestión, no pasa por buscar nuevos fundamentos jurídicos, históricos o geográficos u obtener nuevos apoyos o declaraciones (que habrá que seguir gestionando año tras año), sino aplicar nuevas herramientas destinadas a debilitar la posición británica en el área de Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, la Antártida y el Atlántico Sur. Para ello debería considerarse a este último, no como una ribera del continente, sino, como parte integrante del mismo y, como su primera barrera de defensa y, ello supone, tomar algunas medidas que permitan regular, tener bajo control y explotar los espacios aéreos y marítimos argentinos, la plataforma continental, los archipiélagos y, las cuestiones pertinentes de la Antártida Argentina. Para ello, se indican algunas cuestiones a tener en cuenta:

 

1. La Organización Nacional

 

a) La Creación del Ministerio del Mar

Crear el Ministerio del Mar (del Atlántico Sur, Islas y Antártida Argentina), que entienda sobre toda práctica de extracción, explotación o investigación de los recursos naturales vivos o no vivos en el Atlántico Sudoccidental y, la Antártida y, aquellos que estén  vinculados a éstos territorios, directa o indirectamente con la Plataforma Continental Argentina, la ZEE o la Alta Mar cuando se traten de recursos migratorios y/o asociados y/o que intervengan en la cadena trófica de los recursos vivos de dominio de la Argentina y que, tenga este Ministerio, como primera misión y función, la de promover la legislación aplicable para revalorizar y demostrar la vocación soberana de ocupar, explotar en forma sostenible y cuidar ambientalmente estos espacios argentinos. Francia que tiene una ZEE Continental equivalente al 10% de la Argentina y tiene un Ministerio de este tipo.

b) La regulación de los espacios marítimos

Efectuar las reformas profundas indispensables, modificar o reglamentar algunas leyes argentinas, tales como la de Defensa Nacional (Ley Nº 23.554 y afines); Código Aeronáutico (Ley Nº 17.285 y mod., Nº 23.399); Seguridad Interior (Ley Nº 24.059 y mod.); Espacios marítimos y líneas de base (Ley Nº 23.968); CONVEMAR (Ley Nº 24.543); Pesca (Leyes Nº 24.922 y Nº 26386); Hidrocarburos (Leyes Nros. 17.319, 26.197, 26.659, 27.007 y 27.444); Puertos (Ley Nº 24.093 y provinciales del litoral marítimo); Navegación (Leyes Nros. 20.094, 2.637, 17.371, 21.763, 22.228, 26.354, 26.994, 27.077 y 27.419); Ley de Marina Mercante y Flota Fluvial (Ley Nº 27.419, Art. 10º y 13º); Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo (Ley Nº 20.645); Ambiente (Ley Nº 25.675); Ministerios (Ley Nº 22.520 y mod.) y, toda Ley aplicable al Atlántico Sudoccidental para ajustarla al objeto.

c) La administración del Río Paraná, el Río de la Plata y los puertos

La Argentina debe administrar en forma directa el Río Paraná, donde el dragado, el balizamiento y el mantenimiento son solo herramientas. La Administración supone ayudar a potenciar la región del litoral y las provincias que hacen tráfico fluvial y generar -entre otras cosas- las condiciones adecuadas para reducir los fletes y optimizar el comercio regional, nacional e internacional. Ello incluye la prolongación y profundización del Canal de Magdalena para constituir un eje de autonomía soberana del transporte y comercio nacional entre el Río Paraná, el Río de la Plata, el Atlántico Sur y el Estrecho de Magallanes y los pasos al Pacífico. El día 20 de noviembre se instituyó como el día de la Soberanía Nacional, debido a la Batalla de la Vuelta de Obligado, combate, que queda totalmente desdibujado frente a la realidad actual de la explotación de los efluentes troncales fluviales y su comercio, donde empresas extranjeras administran puertos y flotas de banderas extranjeras transportan la carga nacional: Por otra parte, la explotación del Río Paraná, su dragado, mantenimiento y control de las empresas transportadoras esta concesionado (privatizado) a empresas extranjeras, a quienes se les otorgó de facto el “poder de policía” con el cobro actualizado en dólares de un peaje relacionado al volumen transportado; con cuya recaudación, la Argentina estaría en condiciones de realizar el dragado en forma directa con dragas nacionales ya disponibles y la eventual construcción de nuevas en astilleros nacionales.             

La Argentina debe reformular la política portuaria nacional y su emplazamiento estratégico. Sus puertos, al igual que los canales que fueran necesarios deben estar aptos para realizar las operaciones de buques de gran porte y portacontenedores, de modo de asegurar el traslado marítimo y fluvial de mercaderías en todo el litoral patagónico y bonaerense y el río Paraná y de la Plata.

d) La Reforma de la Ley de Pesca y del Código Penal

Llevar adelante políticas activas en el Atlántico Sudoccidental, declarando a este espacio de interés ambiental, social y de desarrollo económico de la Argentina y Suramérica. Establecer la “Unidad Económica Pesquera” y mejorar la distribución de los recursos; incrementar el valor agregado de los productos; fomentar el consumo interno; eliminar los descartes y aprovecharlos para la generación de proteínas destinadas a la alimentación social, mayor industrialización y empleo; promover y subsidiar la captura nacional en alta mar y buscar acuerdos para la pesca en ésta; dificultar la captura en el área de Malvinas; federalizar la explotación de los recursos y radicar estratégicamente empresas en determinadas regiones del litoral marítimo, etc. Reformar el Art. 186º del Código Penal para combatir el tránsito y la navegación no inocente y la pesca ilegal. Decomisar los buques y las mercaderías.

 

2) Las Políticas de Estado respecto a Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, la Antártida y los Espacios marítimos correspondientes

 

a) Cumplir en forma irrestricta con la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.

A las medidas indicadas precedentemente se agregan las siguientes, pero, en ningún caso las que pudieran tomarse pueden apartarse de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional y de las que pudieran resultar de la Constitución de la Provincia de Tierra del Fuego.    

b) Modificar la Ley de Creación del Consejo Nacional de Asuntos relativos a Malvinas

Modificar la Ley 27.558 con el objeto de ampliar el número de miembros del Consejo, darle carácter ejecutivo y agregar expertos en diplomacia, estrategia, defensa, petróleo, pesca, comunicación y, otros.

c) La Pesca ilegal, la emergencia pesquera y las áreas marinas protegidas

Resulta indispensable poblar alta mar con más buques pesqueros argentinos. Poner toda la flota pesquera potera y congeladora a pescar en la alta mar. El plan pesquero debe priorizar la captura de la población de calamar que migra a Malvinas y al área adyacente a la ZEE Argentina y deben eliminarse todo tipo de impuestos y derechos (combustible, derechos de captura, derechos de exportación, etc.) a los buques nacionales que pesquen en la alta mar. Al mismo tiempo acordar y controlar todos los buques extranjeros que navegan y pescan ilegalmente en la alta mar los recursos migratorios originarios de la ZEE Argentina y dentro de ésta, en especial aquellos licenciados por el Reino Unido.

Declarar zona de emergencia pesquera y ambiental y Áreas Marinas Protegidas (AMP) dentro de las 200 millas alrededor de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, entendiendo que la explotación en esa área afecta al ecosistema del Atlántico Sur, por cuanto la captura biológicamente sostenible no puede ser controlada ni determinada por la Autoridad de Aplicación Argentina a la par de cumplir con los compromisos argentinos en esta materia.

Penalizar a todos los buques extranjeros que pescan en Malvinas.

Promover internacionalmente una política de preeminencia en favor de los Estados Ribereños respecto a la explotación de los recursos migratorios originarios de la ZEE, tomando las acciones precautorias para evitar la depredación del Atlántico Sur por parte de los Estados de Bandera (buques extranjeros).   

d) Reclamo de lucro cesante por la explotación de los recursos en Malvinas

Iniciar una demanda por lucro cesante contra las empresas pesqueras que pescaron en Malvinas entre 1976 a 2021 donde empresas españolas, británicas (o de las islas), coreanas, taiwanesas, chinas, etc.  extrajeron anualmente 250.000 toneladas por un valor estimado en los mil millones de dólares; en decir que en estos últimos 45 años han extraído 11.250.000 toneladas por un valor estimado en los 11.250 millones de dólares. 

e) Promover el Desarrollo Patagónico. La administración y desarrollo de Malvinas

Favorecer la radicación poblacional e industrial en la Patagonia. Dotar al puerto y a la base aérea de Rio Grande y Ushuaia de las mejores condiciones para operar toda la flota mercante, pesquera y militar y, otorgar cuotas de pesca a las empresas que instalen industrias procesadoras en la Isla de los Estados.

Prohibir en las Provincias del litoral marítimo la instalación de aeropuertos privados con capacidad para operar aviones de gran tamaño o militares y, desactivar los existentes.

El gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego debería dictar los códigos de administración urbana y rurales de las islas, en consonancia con los vigentes, independiente de su ocupación británica, de modo de poner de manifiesto la legitimidad argentina sobre Malvinas. Al mismo tiempo modificar la toponimia en los archipiélagos.

Por su parte, el gobierno nacional debería elaborar un proyecto de desarrollo portuario, vial, industrial, agropecuario, social, turístico y ambiental de Malvinas e incorporarlo al presupuesto nacional, de modo, de resaltar ante la comunidad internacional y los habitantes de las Islas, la voluntad argentina, que habrá de trabajar para el desarrollo sostenido de Malvinas al momento de extinguirse la invasión británica en el territorio argentino, asegurándoles a los isleños y a quienes habiten este territorio nacional en el futuro los recursos necesarios para garantizarles el bienestar y el resguardo de los modos de vida.

 

3) La defensa nacional, flota mercante e industria naval

Ejecutar la Ley de Marina Mercante y Fluvial (Nº 27.419) para asegurar que todo el flete en el mar y los ríos se realice mediante buques argentinos y, la Ley de Promoción de la Industria Naval Pesquera (Ley 27.418) para garantizar la construcción nacional. 

Equipar a la Armada Nacional, la Fuerza Aérea Argentina y a la Prefectura Naval, y dotar a estas armas militares y de seguridad de los medios necesarios para patrullar en forma permanente los espacios marítimos y aéreos y, mantener activo un sistema satelital que permita en tiempo real, conocer que pasa en los mares y espacios aéreos argentinos del Atlántico Sudoccidental, los Archipiélagos y la Antártida.

Fortalecer la presencia naval y aérea en el litoral patagónico y en especial Tierra del Fuego. 

 

4. La Política de Acuerdos respecto a Malvinas y el Atlántico Sur

 

a) Fortalecer la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS)

Promover la relación con todos los Estados ribereños de África Occidental y América Oriental con Z.E.E. en el Atlántico Sur con el objeto de contribuir a la preservación de la independencia, soberanía e integridad territorial y desarrollar relaciones en condiciones de paz y cooperación económica.

b) Desechar los Acuerdos vinculados a Malvinas o al Atlántico Sudoccidental con incidencia en los archipiélagos argentinos y espacios marinos correspondientes ocupados por el Reino Unido

Desechar los Acuerdos Madrid; el Acuerdo de Nueva York; el Convenio del Atún y, las negativas Organizaciones regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP) que regionalizarían el Atlántico Sur con claros beneficios para los Estados de Bandera (buques extranjeros) y la consolidación del Reino Unido en Malvinas; el Pacto de Foradori-Duncan, cuyos efectos prácticos deberían ser la anulación de la Comisión Conjunta de Pesca del Atlántico Sur; la Comisión sobre Hidrocarburos del Atlántico Sudoccidental; los vuelos a Santiago de Chile y San Pablo desde Malvinas y viceversa y, el establecimiento de una fecha de vencimiento para el tratamiento de la soberanía de Malvinas, entre otras cuestiones, con fundamento, en que en todos estos años no han sido ratificados por el Congreso Nacional estos Acuerdos y ser contrarios a los intereses nacionales, en especial por la violación del Reino Unido a la Res. 31/49 de las Naciones Unidas, quien ha invadido en forma creciente nuestros territorios insulares y marítimos y ha explotado los recursos nacionales.

c) La implementación de un Protocolo Adicional del MERCOSUR

Firmar un Protocolo Adicional “Mercado Común Pesquero del Sur (MERCOPES) del MERCOSUR para fortalecer la presencia suramericana en el Atlántico Sur en contraposición a la ocupación del Reino Unido y la extranjerización del Atlántico Sur.

d) La instrumentación del Acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea y las certificaciones

En línea con este pre-acuerdo y en función de las nuevas condiciones relativas al Brexit, acordar con la Unión Europea para que todos los productos originarios del Atlántico Sudoccidental (Área FAO 41 y 48) o migratorios o asociados a ésta deban encontrarse certificados por los organismos oficiales de la Argentina, Uruguay o Brasil según corresponda, para su ingreso a la Unión Europea, de modo de reducir la pesca y el comercio ilegal por parte de los Estados de Bandera, inclusive el Reino Unido.

e) La Política Rioplatense

Trabajar para llegar a una política común rioplatense con los acuerdos económicos adecuados con Uruguay para, que en forma inmediata, este país suspenda todo el apoyo logístico que le presta a los buques extranjeros que operan sin permiso en alta mar y Malvinas y, al mismo tiempo,  realizar las negociaciones necesarias para facilitar las operaciones de los grandes buques, el comercio, el control aduanero, la reducción de costos, el resguardo del acceso al Río de la Plata y el transporte en el área norte del Atlántico Sudoccidental.  

f) Ejecutar el Tratado de Paz y Amistad con Chile

Profundizar las relaciones culturales, comerciales y turísticas con Chile de modo de fortalecer los vínculos con este país. En este sentido, es necesario mejorar la vinculación de Chile respecto a la Antártida; el transporte, la seguridad y en los corredores bioceánicos; acuerdos de libre comercio y, coordinar un plan turístico binacional de modo de promover la explotación de ambos mares y sus archipiélagos australes. 

g) Promover el interés de Suramérica del Continente Antártico

En atención al Tratado Antártico y, sin menoscabo a los derechos de soberanía territorial, que se dejan en claro en el art. IV inc. 1 y 2 de éste y, teniendo en cuenta las superposiciones territoriales reclamadas, el gobierno argentino debería invitar a todos los países de Suramérica a adherir al Tratado, de acuerdo a lo previsto en el art. XIII inciso 1 para acordar con ellos la transformación del Continente Antártico en la “Reserva Ambiental, Científica, Acuífera y Alimentaria de Suramérica” y convenir con estos países, en el marco de la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CRVMA) la explotación de los peces, crustáceos y moluscos al sur de la latitud 60ºS.         

 

Nada está hecho, mientras quede algo por hacer (Romain Rolland)

LA GUERRA QUE CONTINÚA

 


por José Luis Milia

Informador Público, 6-6-21

Hubo un momento en el que los argentinos creyeron que la guerra que los atormentaba, una guerra sucia y desgraciada, colateral de la guerra fría- donde el eje de la acción bélica era la bomba, la huelga revolucionaria o el asesinato por la espalda en cualquier esquina del país, pero también el asalto a cuarteles y el bosque tucumano como remedo de un Vietnam autóctono- había terminado. Era tanto el deseo que así fuera que no se les ocurrió pensar que generalmente las expresiones de deseo casi nunca se cumplen.

 

Que fue la flaqueza moral de los políticos argentinos lo que llevó, ese 24 de marzo, a unos desconcertados militares a tomar el gobierno es algo que no necesita demostración, pero no exculpa a los mandos militares de este dislate ya que creían, a pie juntillas, que esa guerra era una continuación de la política y que, ganándola militarmente, ahí acababa todo.

 

Hoy, en Argentina 2021, la realidad se ríe del axioma de Clausewitz porque hace casi cuarenta años que estamos viviendo una política que es la continuación de esa guerra que no se supo manejar, ni menos aún, ganar. Ese día, el 24 de marzo de 1976, la República estaba ganando la guerra y ese mismo día, perdió la oportunidad de terminarla. ¿Por qué sucedió este desatino?

 

Hay variadas razones que explicarían el desastre, pero solo una es, a mi modo de ver, aceptable y, aunque para muchos sea indecoroso mencionarla, lo que se vive hoy en la Argentina lo confirma. Ese día de marzo de hace cuarenta y cinco años un grupo de generales, almirantes y brigadieres impidieron, con su acción, que la guerra que se libraba en el territorio nacional, y que estaba circunscripta a las “orgas” terroristas y a las Fuerzas Armadas, se extendiera a toda la población, que esa guerra de facciones se convirtiera en una guerra civil hecha y derecha.

 

Más allá del hecho que permitir a los civiles hacer la guerra a las “orgas”- fuera del servicio militar obligatorio- era la imagen plena de la Patria en armas, esta hubiera tenido también una consecuencia práctica que hoy sería inapreciable, si esa multitud que antes de marzo del ’76 pedía cadalsos y fusilamientos públicos hubieran tenido en sus manos la sangre de los terroristas muertos o desaparecidos otra sería la Argentina de hoy. A nadie, o a muy pocos, les preocuparía si el enemigo había dejado 10 ó 30.000 cadáveres, ni si estaban enterrados o fondeados en el mar, porque fuera cual fuese el número, cada uno de ellos nos pertenecería a todos, y de esta manera, la guerra, sí hubiera terminado.

 

Pero esos jefes se dejaron seducir también por interesados cantos de sirenas que le soplaban al oído que no solo estaban para ganar una guerra, sino que esta era también una oportunidad para hacer algo más que lo que su profesión les dictaba. Tenían una tarea superadora de la guerra- les decían las “sirenas cantoras”- tenían que reorganizar el país, tenían que devolver la ética a la República. Un sueño que solo podían soñar, pero que no estaban capacitados para hacerlo realidad. No permitieron a la sociedad civil meterse en la guerra, pero tampoco le permitieron hacer que la paz fuera algo más que una ilusión.

 

Siete años después, toda esa ilusión se había perdido. Todo había terminado peor que mal. Con mucha pena y la única gloria que la Argentina tuvo en los últimos años -esa que diez mil tipos con su valor y denuedo le dieron a la Patria en esas islas tan lejanas, pero tan queridas-, el proceso se fue. Los argentinos, vaya novedad, se habían cansados. Con la furia y la cobardía del converso querían abrevar en una biblia nueva, les había fallado la espada, tantas veces pedida, y la “solución” estaba en ese librito liminar de la República al cual, tantas veces, civiles y militares habían usado de papel higiénico. Ni lerdo ni perezoso un “santón” laico- devenido hoy en “padre de la democracia”, porque para la mentalidad “argenta” la muerte mejora a cualquiera- lo ensilló para llevar adelante su proyecto. Nada de su prontuario les importó a los argentinos, ni que hubiera sido abogado defensor de terroristas ni que la ineptitud fuera el común denominador de él y de sus colaboradores, un ilustre conjunto de vanos charlatanes que creían que la única manera de solucionar los problemas de la República era inventando impuestos o revisando el pasado; pasado del cual ellos, al igual que todos los políticos, habían sido responsables.

 

Por estupidez o por ideología eligió, el “santón de la democracia”, limpiarse el trasero con la Constitución Nacional y dio el puntapié inicial que inauguró los circos judiciales destinados a vengarse de todo aquel que hubiera combatido a la subversión, primer acto de esta ópera trágica que aún no ha concluido y que tiene como objetivo la destrucción de las Fuerzas Armadas y, por extensión, de la República.

 

Ese 10 de diciembre de 1983, con el proceso en fuga, comenzó la segunda parte de esa guerra que a la Argentina le había costado tanta sangre y dolor y que se hubiera podido ganar. La subversión, incapacitada militarmente supo que las condiciones estaban dadas para seguirla de otra manera, sembrando en silencio su semilla. Se enfocaron en Gramsci y dejaron para el “Che” las camisetas, porque el tiempo había dejado de importar. Disfrazados de “progres”, sabían que ahora podían contar con la confusión y la hipócrita contrición de la mayoría de los argentinos que, de haber pedido mil horcas en Plaza de Mayo, ahora se horrorizaban por los desaparecidos como si desapariciones y muertes hubieran ocurrido en Mongolia. Y a caballo de nuestra desidia lo fueron haciendo bien. Empezaron a copar las escuelas donde en poco tiempo consiguieron que la disciplina fuera una expresión cuartelera insoportable en la nueva “escuela democrática”, pues era menester que el orden y la autoridad desaparecieran de ella.

 

Lo que vino después, es conocido, una democracia enclenque manejada por iletrados pedantes que la han reducido a la decisión del voto sin haber enseñado al pueblo que le diferencia de ésta con una dictadura son las obligaciones civiles que su ejercicio conlleva. Si los primeros doce años de la Argentina “democrática” fueron malos, los últimos, hasta el día de hoy, no podrían haber sido peores. Año a año hemos visto que la preocupación de la dirigencia política no ha sido combatir la pobreza que ha crecido hasta el numero vil que nos dice que de cada diez chicos menores de diecisiete años siete son pobres, que pese a las vanas promesas de mejorarla, la educación pública solo sirve para adoctrinar futuros piqueteros y tirabombas en el resentimiento revolucionario y que, aunque se han llenado la boca con la defensa de la salud pública, esta no ha dejado de ser una ficción, ficción que puesta a prueba en esta pandemia que asola al mundo nos ha entregado 80.000 cadáveres, de los cuales un tercio podrían seguir vivos si la gestión vacunatoria no hubiera sido una infame sucesión de negociados, componendas y hurtos.

 

Hoy, con este gobierno están dadas las condiciones para que los argentinos perdamos paz y libertad, su objetivo es la pauperización de la sociedad argentina, objetivo que con el “manejo” de la economía y de la pandemia- cuarentenas eternas, cierre de escuelas, fábricas y negocios y pésima gestión en salud- se está logrando. El modelo político que el kirchnerismo promueve es el mismo de los años setenta, un modelo autoritario que de republicano ni siquiera tiene un barniz.

 

Estos son los hitos de esa guerra que continúa, y que es probable que perdamos definitivamente. Guerra que nunca dejó de estar presente entre nosotros aunque no queríamos verla y los políticos ocultaban.

viernes, 4 de junio de 2021

PRIMER ATAQUE

 


con un dron autónomo a humanos se registra en Libia

Tradición Viva, 3-6-21

 

Hoy en día, el desarrollo de la tecnología es subsidiado por diversas instituciones y naciones para lograr innovaciones que favorezcan a la sociedad y faciliten las tareas cotidianas incrementando su productividad. No obstante, los resultados de dichas innovaciones no siempre son benéficos para la sociedad, y pueden estar lejos de proporcionar soluciones a problemas de toda índole.

 

Los sistemas de inteligencia artificial continúan desplegándose en múltiples sectores económicos y sociales, incluso se debate la idea sobre si los drones o dispositivos autónomos se deben emplear para la guerra. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) respecto a la guerra de Libia, alertó de una primera intervención de un dron autónomo y sin supervisión que atacó a las personas.

 

El incidente tuvo lugar en marzo de 2020, y hasta ahora se hizo público el documento donde el fabricante STM señaló que el prototipo Kargu-2 era un dron militar capaz de manipular de forma autónoma armas letales. El panel de expertos de la ONU expresó, “los sistemas de armas autónomas letales estaban programados para atacar sin requerir conectividad de datos entre operador y munición”.

 

Un video en la página web del fabricante, detalla el potencial destructivo que tiene el dispositivo, sin necesidad de ser manipulado por una supervisión o un militar capacitado para controlarlo. Estos drones atacan contra los objetivos al azar y explotan; además, tienen la capacidad de desactivar o interferir otros dispositivos electrónicos mediante un sistema de interferencias.

 

También, la empresa STM detalló en su página web que su dron se puede usar de manera efectiva contra objetivos estáticos o en movimiento. Ello es posible gracias a sus capacidades de procesamiento de imágenes nativas en tiempo real y los algoritmos de aprendizaje automático integrados en la plataforma.

 

Según la ONU, el despliegue de drones kamikaze tipo Kargu-2 viola la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 2011. Donde prohíbe a todos sus estados miembros involucrarse en el suministro, venta o transferencia en forma directa o indirecta de armamentos a Libia.

 

En 2018, la ONU intentó comenzar a trabajar en un tratado que prohibiría las armas autónomas, pero la medida fue bloqueada por Estados Unidos y Rusia. Asimismo, Human Rights Watch, una organización en pro de los derechos humanos, desde 2013 ha realizado una campaña para frenar la propagación de la tecnología como armamento militar.

 

Hasta ahora, no queda claro si las ofensivas con drones dejaron víctimas entre los combatientes libios y la población civil, tampoco se precisa si hubo algún grado de manipulación por parte de algún controlador de vuelo. Sin embargo, la verdad histórica sobre este hecho, podría tratarse del primer ataque de dispositivos autónomos militares contra los humanos.

 

NotiPress/Andrés Zimbrón

miércoles, 2 de junio de 2021

UN GOLPE PLANETARIO


oculto tras la emergencia epidemiológica

Por Diego Fusaro

Tradición Viva, 1-6-21

 

Apartir de marzo de 2020, la emergencia como método de gobierno se convirtió en la nueva normalidad, con la consiguiente normalización de los dispositivos de bioseguridad activados para hacer frente a la propia emergencia. El estado de excepción que las dictaduras del siglo XX explotaban -o creaban arteramente- a nivel nacional para responder a un “estado de guerra” o a un “peligro de sedición” que exigía un giro autoritario, destinado entonces a garantizar la seguridad en peligro, se aplicaba ahora a nivel mundial mediante un régimen de verdad médico-científica sin precedentes. Si las libertades y los derechos exigían ser restringidos repentinamente, esto dependía de la necesidad vital de responder, en términos de seguridad y protección, a la amenaza de un “enemigo invisible” que ya no era, como en la Alemania de Hitler, el “peligro” comunista al que se culpaba de quemar el Reichstag, sino un virus mortal y desconocido, invisible a simple vista y, por tanto, siempre potencialmente presente en todas partes.

 

En apoyo de esta analogía, aparte de las diferencias (entre las que destaca, en primer lugar, el ya mencionado carácter global del nuevo golpe de Estado), está el hecho de que, desde el principio, la contención del contagio se comparó con un nuevo “estado de guerra” que, en consecuencia, exigía la asunción de una disciplina marcial y el sacrificio de las condiciones normales de existencia. La remodelación autoritaria, incluso en el caso del nuevo orden sanitario, se justificaba como una respuesta obligatoria y sin alternativas a un ataque bélico, aunque fuera por un virus: la opción política de los grupos dominantes y su tableau de bord quedaba así legitimada y oculta tras la escenificación de la emergencia epidemiológica y el discurso médico-científico de referencia.

Entre otras cosas, la sociedad hedonista de los consumidores de masas, permisiva y centrada en la idea de la libertad como liberalización individualista del consumo y las costumbres, había llevado en parte a las clases dominantes a considerarse verdaderamente libres para hacer cualquier cosa, aunque sea bajo la forma cosificada del consumo: hasta tal punto que estas clases dominantes se habían empujado, en los últimos cinco años (2015-2020), no sólo a desafiar descaradamente el orden del capital globalista (mouvement des gilets jaunes en Francia, Occupy Wall Street, etc. ), sino incluso a expresarse de forma obstinada en contra de los deseos del bloque neoliberal oligárquico.

 

Así se explican, entre otros, el Brexit (votado en 2016 y aplicado en enero de 2021) y la victoria de Trump sobre Clinton (2016), el referéndum griego contra la austeridad de la UE (2015) y el italiano contra la reforma constitucional (2016), así como la experiencia heteróclita del gobierno “gialloverde” en Italia (2018-2019), un verdadero experimentum soberanista y populista que no gusta a todos los sectores de las clases dominantes. Básicamente, entre los inconvenientes, quizás imprevistos, de la sociedad de consumo hedonista se encontraba la generación, a modo de efecto secundario, de la creencia en las clases dominadas de que podían realmente elegir incluso en materia social, política y económica. Una reorganización autoritaria de la sociedad podría, por tanto, parecer funcional a una desvitalización a priori tanto del espíritu antagónico de las clases nacional-populares como de su importante capacidad para expresar, según los procedimientos de la democracia parlamentaria, posiciones divergentes y, a veces, opuestas a las del grupo dominante.

En particular, una población convertida en frágil e insegura, domesticada y convenientemente aterrorizada por el miedo a infectarse y morir en los atroces sufrimientos de la “intubación”, habría recelado de atreverse a resistir al bloque dominante y, por tanto, de intentar comportamientos electorales contrarios a los deseados por el propio poder: percances como el gobierno verde-amarillo o la elección de Trump, los chalecos amarillos galos o las formaciones populistas, no deberían tener lugar en el futuro. La “sociedad señorial de masas”, como la calificó Luca Ricolfi, fue rápidamente dejada de lado: sólo quedaban las cadenas en los pies y las manos del polo dominado, muy visibles con encierros y prohibiciones de reunión. El capitalismo neohedonista de la sociedad abierta se convirtió en la nueva sociedad autoritaria de los cierres y las prohibiciones de reunión.

 

Artículo publicado en italiano en avig.mantepsei.it y traducido por Carlos X. Blanco.