domingo, 6 de junio de 2021

LA GUERRA QUE CONTINÚA

 


por José Luis Milia

Informador Público, 6-6-21

Hubo un momento en el que los argentinos creyeron que la guerra que los atormentaba, una guerra sucia y desgraciada, colateral de la guerra fría- donde el eje de la acción bélica era la bomba, la huelga revolucionaria o el asesinato por la espalda en cualquier esquina del país, pero también el asalto a cuarteles y el bosque tucumano como remedo de un Vietnam autóctono- había terminado. Era tanto el deseo que así fuera que no se les ocurrió pensar que generalmente las expresiones de deseo casi nunca se cumplen.

 

Que fue la flaqueza moral de los políticos argentinos lo que llevó, ese 24 de marzo, a unos desconcertados militares a tomar el gobierno es algo que no necesita demostración, pero no exculpa a los mandos militares de este dislate ya que creían, a pie juntillas, que esa guerra era una continuación de la política y que, ganándola militarmente, ahí acababa todo.

 

Hoy, en Argentina 2021, la realidad se ríe del axioma de Clausewitz porque hace casi cuarenta años que estamos viviendo una política que es la continuación de esa guerra que no se supo manejar, ni menos aún, ganar. Ese día, el 24 de marzo de 1976, la República estaba ganando la guerra y ese mismo día, perdió la oportunidad de terminarla. ¿Por qué sucedió este desatino?

 

Hay variadas razones que explicarían el desastre, pero solo una es, a mi modo de ver, aceptable y, aunque para muchos sea indecoroso mencionarla, lo que se vive hoy en la Argentina lo confirma. Ese día de marzo de hace cuarenta y cinco años un grupo de generales, almirantes y brigadieres impidieron, con su acción, que la guerra que se libraba en el territorio nacional, y que estaba circunscripta a las “orgas” terroristas y a las Fuerzas Armadas, se extendiera a toda la población, que esa guerra de facciones se convirtiera en una guerra civil hecha y derecha.

 

Más allá del hecho que permitir a los civiles hacer la guerra a las “orgas”- fuera del servicio militar obligatorio- era la imagen plena de la Patria en armas, esta hubiera tenido también una consecuencia práctica que hoy sería inapreciable, si esa multitud que antes de marzo del ’76 pedía cadalsos y fusilamientos públicos hubieran tenido en sus manos la sangre de los terroristas muertos o desaparecidos otra sería la Argentina de hoy. A nadie, o a muy pocos, les preocuparía si el enemigo había dejado 10 ó 30.000 cadáveres, ni si estaban enterrados o fondeados en el mar, porque fuera cual fuese el número, cada uno de ellos nos pertenecería a todos, y de esta manera, la guerra, sí hubiera terminado.

 

Pero esos jefes se dejaron seducir también por interesados cantos de sirenas que le soplaban al oído que no solo estaban para ganar una guerra, sino que esta era también una oportunidad para hacer algo más que lo que su profesión les dictaba. Tenían una tarea superadora de la guerra- les decían las “sirenas cantoras”- tenían que reorganizar el país, tenían que devolver la ética a la República. Un sueño que solo podían soñar, pero que no estaban capacitados para hacerlo realidad. No permitieron a la sociedad civil meterse en la guerra, pero tampoco le permitieron hacer que la paz fuera algo más que una ilusión.

 

Siete años después, toda esa ilusión se había perdido. Todo había terminado peor que mal. Con mucha pena y la única gloria que la Argentina tuvo en los últimos años -esa que diez mil tipos con su valor y denuedo le dieron a la Patria en esas islas tan lejanas, pero tan queridas-, el proceso se fue. Los argentinos, vaya novedad, se habían cansados. Con la furia y la cobardía del converso querían abrevar en una biblia nueva, les había fallado la espada, tantas veces pedida, y la “solución” estaba en ese librito liminar de la República al cual, tantas veces, civiles y militares habían usado de papel higiénico. Ni lerdo ni perezoso un “santón” laico- devenido hoy en “padre de la democracia”, porque para la mentalidad “argenta” la muerte mejora a cualquiera- lo ensilló para llevar adelante su proyecto. Nada de su prontuario les importó a los argentinos, ni que hubiera sido abogado defensor de terroristas ni que la ineptitud fuera el común denominador de él y de sus colaboradores, un ilustre conjunto de vanos charlatanes que creían que la única manera de solucionar los problemas de la República era inventando impuestos o revisando el pasado; pasado del cual ellos, al igual que todos los políticos, habían sido responsables.

 

Por estupidez o por ideología eligió, el “santón de la democracia”, limpiarse el trasero con la Constitución Nacional y dio el puntapié inicial que inauguró los circos judiciales destinados a vengarse de todo aquel que hubiera combatido a la subversión, primer acto de esta ópera trágica que aún no ha concluido y que tiene como objetivo la destrucción de las Fuerzas Armadas y, por extensión, de la República.

 

Ese 10 de diciembre de 1983, con el proceso en fuga, comenzó la segunda parte de esa guerra que a la Argentina le había costado tanta sangre y dolor y que se hubiera podido ganar. La subversión, incapacitada militarmente supo que las condiciones estaban dadas para seguirla de otra manera, sembrando en silencio su semilla. Se enfocaron en Gramsci y dejaron para el “Che” las camisetas, porque el tiempo había dejado de importar. Disfrazados de “progres”, sabían que ahora podían contar con la confusión y la hipócrita contrición de la mayoría de los argentinos que, de haber pedido mil horcas en Plaza de Mayo, ahora se horrorizaban por los desaparecidos como si desapariciones y muertes hubieran ocurrido en Mongolia. Y a caballo de nuestra desidia lo fueron haciendo bien. Empezaron a copar las escuelas donde en poco tiempo consiguieron que la disciplina fuera una expresión cuartelera insoportable en la nueva “escuela democrática”, pues era menester que el orden y la autoridad desaparecieran de ella.

 

Lo que vino después, es conocido, una democracia enclenque manejada por iletrados pedantes que la han reducido a la decisión del voto sin haber enseñado al pueblo que le diferencia de ésta con una dictadura son las obligaciones civiles que su ejercicio conlleva. Si los primeros doce años de la Argentina “democrática” fueron malos, los últimos, hasta el día de hoy, no podrían haber sido peores. Año a año hemos visto que la preocupación de la dirigencia política no ha sido combatir la pobreza que ha crecido hasta el numero vil que nos dice que de cada diez chicos menores de diecisiete años siete son pobres, que pese a las vanas promesas de mejorarla, la educación pública solo sirve para adoctrinar futuros piqueteros y tirabombas en el resentimiento revolucionario y que, aunque se han llenado la boca con la defensa de la salud pública, esta no ha dejado de ser una ficción, ficción que puesta a prueba en esta pandemia que asola al mundo nos ha entregado 80.000 cadáveres, de los cuales un tercio podrían seguir vivos si la gestión vacunatoria no hubiera sido una infame sucesión de negociados, componendas y hurtos.

 

Hoy, con este gobierno están dadas las condiciones para que los argentinos perdamos paz y libertad, su objetivo es la pauperización de la sociedad argentina, objetivo que con el “manejo” de la economía y de la pandemia- cuarentenas eternas, cierre de escuelas, fábricas y negocios y pésima gestión en salud- se está logrando. El modelo político que el kirchnerismo promueve es el mismo de los años setenta, un modelo autoritario que de republicano ni siquiera tiene un barniz.

 

Estos son los hitos de esa guerra que continúa, y que es probable que perdamos definitivamente. Guerra que nunca dejó de estar presente entre nosotros aunque no queríamos verla y los políticos ocultaban.

viernes, 4 de junio de 2021

PRIMER ATAQUE

 


con un dron autónomo a humanos se registra en Libia

Tradición Viva, 3-6-21

 

Hoy en día, el desarrollo de la tecnología es subsidiado por diversas instituciones y naciones para lograr innovaciones que favorezcan a la sociedad y faciliten las tareas cotidianas incrementando su productividad. No obstante, los resultados de dichas innovaciones no siempre son benéficos para la sociedad, y pueden estar lejos de proporcionar soluciones a problemas de toda índole.

 

Los sistemas de inteligencia artificial continúan desplegándose en múltiples sectores económicos y sociales, incluso se debate la idea sobre si los drones o dispositivos autónomos se deben emplear para la guerra. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) respecto a la guerra de Libia, alertó de una primera intervención de un dron autónomo y sin supervisión que atacó a las personas.

 

El incidente tuvo lugar en marzo de 2020, y hasta ahora se hizo público el documento donde el fabricante STM señaló que el prototipo Kargu-2 era un dron militar capaz de manipular de forma autónoma armas letales. El panel de expertos de la ONU expresó, “los sistemas de armas autónomas letales estaban programados para atacar sin requerir conectividad de datos entre operador y munición”.

 

Un video en la página web del fabricante, detalla el potencial destructivo que tiene el dispositivo, sin necesidad de ser manipulado por una supervisión o un militar capacitado para controlarlo. Estos drones atacan contra los objetivos al azar y explotan; además, tienen la capacidad de desactivar o interferir otros dispositivos electrónicos mediante un sistema de interferencias.

 

También, la empresa STM detalló en su página web que su dron se puede usar de manera efectiva contra objetivos estáticos o en movimiento. Ello es posible gracias a sus capacidades de procesamiento de imágenes nativas en tiempo real y los algoritmos de aprendizaje automático integrados en la plataforma.

 

Según la ONU, el despliegue de drones kamikaze tipo Kargu-2 viola la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 2011. Donde prohíbe a todos sus estados miembros involucrarse en el suministro, venta o transferencia en forma directa o indirecta de armamentos a Libia.

 

En 2018, la ONU intentó comenzar a trabajar en un tratado que prohibiría las armas autónomas, pero la medida fue bloqueada por Estados Unidos y Rusia. Asimismo, Human Rights Watch, una organización en pro de los derechos humanos, desde 2013 ha realizado una campaña para frenar la propagación de la tecnología como armamento militar.

 

Hasta ahora, no queda claro si las ofensivas con drones dejaron víctimas entre los combatientes libios y la población civil, tampoco se precisa si hubo algún grado de manipulación por parte de algún controlador de vuelo. Sin embargo, la verdad histórica sobre este hecho, podría tratarse del primer ataque de dispositivos autónomos militares contra los humanos.

 

NotiPress/Andrés Zimbrón

miércoles, 2 de junio de 2021

UN GOLPE PLANETARIO


oculto tras la emergencia epidemiológica

Por Diego Fusaro

Tradición Viva, 1-6-21

 

Apartir de marzo de 2020, la emergencia como método de gobierno se convirtió en la nueva normalidad, con la consiguiente normalización de los dispositivos de bioseguridad activados para hacer frente a la propia emergencia. El estado de excepción que las dictaduras del siglo XX explotaban -o creaban arteramente- a nivel nacional para responder a un “estado de guerra” o a un “peligro de sedición” que exigía un giro autoritario, destinado entonces a garantizar la seguridad en peligro, se aplicaba ahora a nivel mundial mediante un régimen de verdad médico-científica sin precedentes. Si las libertades y los derechos exigían ser restringidos repentinamente, esto dependía de la necesidad vital de responder, en términos de seguridad y protección, a la amenaza de un “enemigo invisible” que ya no era, como en la Alemania de Hitler, el “peligro” comunista al que se culpaba de quemar el Reichstag, sino un virus mortal y desconocido, invisible a simple vista y, por tanto, siempre potencialmente presente en todas partes.

 

En apoyo de esta analogía, aparte de las diferencias (entre las que destaca, en primer lugar, el ya mencionado carácter global del nuevo golpe de Estado), está el hecho de que, desde el principio, la contención del contagio se comparó con un nuevo “estado de guerra” que, en consecuencia, exigía la asunción de una disciplina marcial y el sacrificio de las condiciones normales de existencia. La remodelación autoritaria, incluso en el caso del nuevo orden sanitario, se justificaba como una respuesta obligatoria y sin alternativas a un ataque bélico, aunque fuera por un virus: la opción política de los grupos dominantes y su tableau de bord quedaba así legitimada y oculta tras la escenificación de la emergencia epidemiológica y el discurso médico-científico de referencia.

Entre otras cosas, la sociedad hedonista de los consumidores de masas, permisiva y centrada en la idea de la libertad como liberalización individualista del consumo y las costumbres, había llevado en parte a las clases dominantes a considerarse verdaderamente libres para hacer cualquier cosa, aunque sea bajo la forma cosificada del consumo: hasta tal punto que estas clases dominantes se habían empujado, en los últimos cinco años (2015-2020), no sólo a desafiar descaradamente el orden del capital globalista (mouvement des gilets jaunes en Francia, Occupy Wall Street, etc. ), sino incluso a expresarse de forma obstinada en contra de los deseos del bloque neoliberal oligárquico.

 

Así se explican, entre otros, el Brexit (votado en 2016 y aplicado en enero de 2021) y la victoria de Trump sobre Clinton (2016), el referéndum griego contra la austeridad de la UE (2015) y el italiano contra la reforma constitucional (2016), así como la experiencia heteróclita del gobierno “gialloverde” en Italia (2018-2019), un verdadero experimentum soberanista y populista que no gusta a todos los sectores de las clases dominantes. Básicamente, entre los inconvenientes, quizás imprevistos, de la sociedad de consumo hedonista se encontraba la generación, a modo de efecto secundario, de la creencia en las clases dominadas de que podían realmente elegir incluso en materia social, política y económica. Una reorganización autoritaria de la sociedad podría, por tanto, parecer funcional a una desvitalización a priori tanto del espíritu antagónico de las clases nacional-populares como de su importante capacidad para expresar, según los procedimientos de la democracia parlamentaria, posiciones divergentes y, a veces, opuestas a las del grupo dominante.

En particular, una población convertida en frágil e insegura, domesticada y convenientemente aterrorizada por el miedo a infectarse y morir en los atroces sufrimientos de la “intubación”, habría recelado de atreverse a resistir al bloque dominante y, por tanto, de intentar comportamientos electorales contrarios a los deseados por el propio poder: percances como el gobierno verde-amarillo o la elección de Trump, los chalecos amarillos galos o las formaciones populistas, no deberían tener lugar en el futuro. La “sociedad señorial de masas”, como la calificó Luca Ricolfi, fue rápidamente dejada de lado: sólo quedaban las cadenas en los pies y las manos del polo dominado, muy visibles con encierros y prohibiciones de reunión. El capitalismo neohedonista de la sociedad abierta se convirtió en la nueva sociedad autoritaria de los cierres y las prohibiciones de reunión.

 

Artículo publicado en italiano en avig.mantepsei.it y traducido por Carlos X. Blanco.

sábado, 29 de mayo de 2021

211 AÑOS DEL EJÉRCITO ARGENTINO

 


 herramienta esencial de la Patria

El 29 de mayo de 1810, la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata reorganizó las milicias de Buenos Aires. Ese día marcó el origen del Ejército Argentino

Infobae, 29 de Mayo de 2021

 

Desde las mismas jornadas de la histórica revolución de 1810 hasta estos días, el Ejército ha dado incontables testimonios de servicios a la Nación. Por ello, su historia no es ajena a la historia de nuestro país. Fue un Ejército libertador de media América, y posteriormente, fue motor de la industria pesada y del desarrollo económico, en definitiva, una institución siempre comprometida con el progreso de la Nación.

 

Hoy, el Ejército Argentino es una Fuerza Armada profesional cuya doctrina de empleo, centrada en su misión principal de defender a la Patria, demanda altas exigencias de formación y adiestramiento. Sus hombres y mujeres se forman en conocimientos y habilidades específicas, como así también en un conjunto de valores necesarios para el uso regulado y el empleo moral de la fuerza en defensa de los intereses de la Nación y la protección de sus habitantes. Para ello llevan a cabo una rigurosa educación a lo largo de toda su carrera que les permita alcanzar las competencias necesarias que requiere la profesión. Son militares profesionales, que juraron defender nuestra Nación hasta perder la vida si fuera necesario.

 

Estos últimos catorce meses, ante la crisis provocada por la emergencia sanitaria mundial, los hombres y mujeres del Ejército realizaron, y aún realizan, un sinfín de actividades, desde asesorar en función de su capacidad de planeamiento a los órganos de emergencia, pasando por la ejecución de reconocimientos aéreos y evacuaciones de pacientes, hasta la preparación y distribución de comida y el empleo pleno de sus hospitales y personal de sanidad.

 

Una de las principales acciones llevadas a cabo es la modernización de su sistema educativo en línea con la Ley Nacional de Educación, a través del cual, ha definido a la educación como la actividad más importante a desarrollar en tiempo de paz consciente de que es la llave de acceso al futuro. Por ello ha diseñado y puesto en práctica una amplia oferta educativa, extensiva en su mayor parte a toda la ciudadanía, que incluye la educación en los Liceos Militares, diversas tecnicaturas para la formación de los suboficiales, carreras de grado en el Colegio Militar de la Nación y el dictado de carreras de grado y postgrado en sus facultades.

 

Pero el Ejército no se detiene y busca nuevos horizontes, en el marco de los cuales procura desarrollar y alcanzar un alto grado de interoperabilidad con los ejércitos de la región, en el convencimiento que la confianza mutua contribuirá a hacer de nuestra región una zona de paz para todos sus habitantes. Los ejercicios de adiestramiento operacional realizados con la República Federativa del Brasil y la Fuerza de Paz Combinada “Cruz del Sur”, organizada entre Argentina y Chile son una muestra clara de ello.

 

Para alcanzar esos objetivos, es necesario que sus soldados dispongan de material moderno que les permita desarrollar plenamente su vocación y dentro de los más estrictos márgenes de seguridad posible. Por ello, ha generado grandes esperanzas la promulgación de la Ley del Fondo para la Defensa (FONDEF), que constituye un horizonte de expectativas y motivación al conjunto de la Fuerza, que permitirá encarar iniciativas de reequipamiento y modernización de material.

 

A casi cuarenta años de la Guerra de Malvinas, sin ninguna duda el Ejército Argentino acompaña desde siempre a la Nación en las diferentes circunstancias por las que esta atraviesa y, fiel a su legado histórico, da respuestas concretas y oportunas a los desafíos de cada momento. La vocación de servicio es su motor, los impulsa y sostiene cada vez que la Patria los necesita.

EL GOBIERNO

 

 

 


creería que a Washington le importa China, no el acercamiento a Venezuela

por Carlos Tórtora

Informador Público, 28-5-21


Dos hechos de la política exterior impactaron en las últimas horas.

En un cambio abrupto de su política exterior, Alberto Fernández instruyó al canciller Felipe Solá que Argentina votara a favor de crear una comisión en Naciones Unidas para investigar las presuntas violaciones a los derechos humanos cometidas por Israel cuando enfrentó los múltiples ataques terroristas ejecutados por Hamas desde la Franja de Gaza. El segundo hecho consiste en que la Argentina retiro su denuncia ante la Corte Penal internacional por las violaciones de derechos humanos en Venezuela.

 

La oposición reaccionó condenando estos cambios que nos alejan de la postura de los EEUU y la Unión Europea para acercarnos a Rusia, China y Cuba. Estos episodios dan una pauta del rumbo que van a seguir las negociaciones con el Club de París y el FMI, siendo que los socios principales de ambas entidades condenan al régimen bolivariano y al grupo terrorista Hamas. Se va completando así el círculo abierto con el alejamiento de Argentina del Grupo de Lima.

 

Un tema obsesivo

El actual giro de la política exterior se puede confrontar con los últimos pasos de la relación entre la Casa Rosada y la Casa Blanca. Durante abril, recalaron en Buenos Aires dos enviados especiales de Washington. El primero fue el jefe del Comando Sur, almirante Craig S. Faller, que fue seguido por Juan González, asistente especial y consejero enviado por el presidente norteamericano, Joe Biden.

 

Ambos, en sus reuniones con Alberto Fernández, plantearon la relación estratégica que desarrolla la Argentina con China como una preocupación para la influencia de Estados Unidos. Se habló de apuntar contra la pesca ilegal china en el Mar Argentino y definirla como una hipótesis de conflicto regional. Pero también se habló de la concesión de la Hidrovía.

 

Es sabido que Shanghai Dredging, una subsidiaria de la China Communications Construction Company (CCCC) del Gobierno chino, es una de las cinco empresas que quieren participar por la licitación del dragado del tramo argentino de la hidrovía, que va por los ríos Paraguay y Paraná y que la cancillería china pretendía que la licitación se abriera este año. En lo inmediato y por un año, el gobierno decidió prorrogar la actual concesión y el avance chino quedó en veremos. En el entorno del presidente circula una interpretación que dice lo siguiente: a la administración Biden le importa ante todo que la Argentina modere su acercamiento a China y sólo en mucha menor medida su alineamiento en relación a Venezuela. En otras palabras, que el Departamento de Estado regularía la relación bilateral en función de lo que pase con el gigante asiático y sin darle mayor importancia a las piruetas argentinas en el marco regional. Esta interpretación -según la misma fuente- le abriría un espacio al gobierno para moverse con cierta libertad. El nuevo acercamiento a Venezuela le serviría al kirchnerismo para reconstruir su eje electoral supuestamente antimperialista y anti FMI, lo que le permitiría fidelizar a su electorado progresista.

miércoles, 26 de mayo de 2021

ESTRATEGIA EN ÉPOCAS DE PANDEMIA

 


 ¿qué se puede aprender de la crisis del coronavirus?

Gustavo Jorge L. Motta

General de División (R) del Ejército Argentino

Infobae, 26-5-21

 

Una crisis es una situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o proceso. Tiene elementos incomprensibles, como la incertidumbre, el orden y el desorden, lo previsible e imprevisible, la sorpresa y la falta de información. Todos ellos se cruzan en difusos límites junto a una sensación de pérdida de control.

 

El coronavirus afectó la vida de todos y dejó amigos y conocidos en el camino. Desató una severa crisis a nivel mundial, regional y nacional que pone a prueba diariamente a líderes y especialistas de todos los campos, en particular, a aquellos del área salud, para encontrar lo antes posible las mejores soluciones ante una sociedad que aguarda expectante y preocupada.

 

 

Pero las crisis también pueden motivar a la reflexión y el aprendizaje, a fin de mejorar la toma de decisiones, continuar un duro sendero y estar mejor preparados en todos los ámbitos ante eventos futuros de cualquier naturaleza. ¿Qué cosas se podrían haber preparado e implementado mejor?, ¿cómo concebir una buena estrategia y para qué?, ¿cómo mejorar el trabajo integrado y previsor?, ¿con qué medios y capacidades se podrían contar en forma inmediata?, ¿cómo generar recursos con valor agregado?, ¿de qué manera se puede usar mejor lo que se dispone? En fin, hay un sinnúmero de preguntas que se podría hacer para entender el pasado inmediato y prepararse mejor para el mañana.

 

Los problemas actuales son globales, complejos, polifacéticos e inéditos. Exigen actuar rápido y en forma eficiente porque las sociedades demandan respuestas casi inmediatas, aún cuando no se posea la cantidad y calidad de los medios necesarios para hacerlo.

 

Los tiempos de crisis pueden determinar cambios significativos en organizaciones y sociedades enteras. El mundo requiere, en todos los ámbitos, novedosas formas de liderazgo que, respaldadas por estructuras y procesos de gestión adecuados, desarrollen estrategias, campañas y operaciones exitosas. Disponer de una actitud positiva y proactiva en todos los niveles de decisión es inicialmente esencial para transmitir calma, prudencia y por qué no, fortaleza. Lo que se haga en este sentido es importante para generar actitudes y conductas imitables.

 

En estrategia se debe aprender a pensar con una lógica diferente. El mundo se encuentra en un punto de inflexión, caracterizado por acelerados cambios tecnológicos, sociales y políticos que generan complejas interacciones. La supremacía del campo informativo le agrega dificultad a la toma de decisiones. El estratega se debe adaptar en forma permanente a estos nuevos entornos, lo cual facilitará identificar objetivos y fijar líneas de acción claras, priorizar y asignar mejor recursos nunca suficientes, hacer un seguimiento permanente y comunicar en forma adecuada.

 

En general, las soluciones a los probables escenarios a enfrentar poseen dos dimensiones. Una de tipo inmediato asociada a las posibles contingencias del más corto plazo; y otra, que demanda la concepción y diseño de previsiones sólidas y duraderas. Ambas se conectan estrechamente. Para la primera, se responde con lo que se dispone en el momento. Para la segunda, se necesita la programación y el desarrollo de sólidas herramientas en el más largo plazo.

 

En estrategia no existen soluciones mágicas ni remedios universales inmediatos. Lo que se usó en otras geografías es seguramente muy útil y debe ser tenido en cuenta, pero se circunscribe a precisas circunstancias de tiempo y lugar. Porque los escenarios son únicos e irrepetibles y las decisiones para enfrentarlos deben adaptarse a las condiciones particulares.

 

Los riesgos se pueden reducir pero nunca desaparecen. Las fallas de previsión aumentan costos y repotencian o generan nuevos riesgos. Su cálculo permite, además de minimizarlos, disponer de mejor información, armonizar los medios disponibles y prever capacidades equilibradas para responder mejor.

 

En estrategia es habitual que se deba elegir entre imperativos contradictorios. Concebir una estrategia amplia y general en los máximos niveles organizacionales ayuda a encontrar soluciones, priorizar objetivos y ordenar medios, estructuras y procesos. Favorece la capacidad de respuesta y contribuye a generar espacios de actuación positivos, facilitando la interacción en todos los ámbitos y promoviendo una mejor gestión. Pero se debe recordar que no existe la estrategia perfecta o, incluso, el plan perfecto. Pensar lo contrario es desconocer la naturaleza misma de la estrategia y la existencia de otros actores.

 

En tiempos normales es menester elaborar e implementar también estrategias derivadas, que generen capacidades en un triple rol, es decir, de prevención, contención y respuesta. Ellas pueden ser acompañadas por el desarrollo de eventuales reservas a aplicar cuando se las necesite. La sustentabilidad de estas estrategias es proporcional al desarrollo de capacidades. Por esta razón, no deben estar sujetas a marchas y contramarchas que afectan a toda la cadena estratégica.

 

Cuando hay una crisis, se ponen en evidencia las debilidades y fortalezas de las organizaciones y estructuras decisionales. Ello facilita identificar las áreas, procesos y mecanismos de coordinación plausibles de mejora. Las crisis pueden acelerar cambios que anteriormente se avizoraban más o menos pausados. La respuesta inmediata en estos casos apela a reducir, lo más pronto posible, la brecha entre lo planificado y el escenario a enfrentar, tener versatilidad en los sistemas y dosificar capacidades disponibles.

 

Las estrategias para ser creíbles requieren de medios que las respalden y voluntad para ejecutarlas. Los enredados problemas del siglo XXI demandan una sostenida inversión para generar recursos humanos, materiales, científicos y técnicos de calidad y suficientes en aptitud de dar una respuesta más o menos inmediata. Ellos no constituyen un gasto sino una inversión. Contar con sistemas de gestión del talento y del conocimiento respalda la generación de valor y además facilita disponer de personas capaces de enfrentar cualquier desafío.

 

Ante este tipo de ambientes inciertos, cobran especial importancia los sistemas basados en la tecnología de la información. Su real utilidad deriva de la calidad informativa y de la estrategia seleccionada. Si la estrategia es acertada, el sistema oficiará como factor multiplicador positivo, pero si es errónea será de muy poca utilidad o contraproducente.

 

Obtener libertad de acción es la clave en cualquier estrategia. Cuanto más grande sea, menor será la dependencia de otros actores. En el mundo actual, nadie puede ser totalmente autosuficiente en ningún ámbito y espacio. La aparición de escenarios competitivos y cooperativos será la norma y se debe estar preparado. Identificar intereses comunes constituye un acto de voluntad, un arte y una ciencia. Promueve el logro de consensos y acuerdos de largo plazo que, en definitiva, apuntan a obtener los fines buscados. El desarrollo de estrategias cooperativas que evadan en forma inteligente la eventual generación de dependencias claves es un activo esencial en cualquier estrategia.

 

En un mundo globalizado, se presentan nuevos desafíos multidisciplinarios para las organizaciones e instituciones. Sistematizar el trabajo interagencial, a partir de la construcción de metodologías y procedimientos comunes de colaboración y coordinación, es la forma de lograr mejorar procesos y resultados. Las culturas organizacionales particulares deben propender al trabajo integrado. No se trata de evitar diferentes perspectivas y visiones, de por sí muy saludables, sino de lograr una mejor interacción, coordinación e integración. Caso contrario no existirá la sinergia deseada cuando se la necesita.

 

A la hora de enfrentar una crisis prolongada, se pone a prueba la capacidad de resiliencia de los grupos humanos. Disponer de aptitudes para remontar procesos y resultados adversos y restablecer el funcionamiento de los sistemas a condiciones aceptables, es prioritario.

 

Las crisis empiezan pero también finalizan. Y para cuando ello ocurra, hay que estar preparados. Ello supone, además de tener una estrategia de salida que implique un mejor estado favorable a los propios intereses, anticipar un cambio de escenario, reorganizarse y poner en marcha nuevos roles, gestiones y procesos.

 

Adaptarse a los cambios sin olvidar los valores que indicaron nuestros próceres ayuda a tener los mejores resultados en función del bien común.

 

Los jóvenes líderes del presente siglo necesitan prepararse con una gran vocación de servicio e inteligencia para actuar exitosamente en escenarios complejos, ambiguos y poco confortables. Más allá de los conocimientos y experiencias que vayan adquiriendo, es menester cultivar las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, para oficiar como personas plenas y verdaderos pilotos de tormenta.

 

Mantiene entonces siempre vigencia, para los hombres y mujeres de la Patria, la frase del General José de San Martín: “Para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.

martes, 25 de mayo de 2021

TERRORISMO

 

 en América Latina, Uruguay y la ONU

por Jorge Azar Gómez

Informador Público, 25-5-21

 

El atentado criminal de hoy en Perú no fue más que otra muestra del accionar del terrorismo que hoy invade América Latina, llámese narcotráfico, llámese "Tormenta Bolivariana" dirigida desde Venezuela por los narco gobernantes Maduro y Cabellos, que ya ha causado cientos de muertes en Colombia, Ecuador, Chile y otros países.

 

Al menos 18 muertos (diez hombres, seis mujeres y dos niños) es, hasta el momento, el saldo del criminal atentado de los narco terroristas en Perú. No murieron en batalla; no murieron manifestando por una causa; murieron en el ejercicio de sus derechos como libres ciudadanos, murieron trabajadores, murieron estudiantes, murieron amas de casa, murieron niños que recién conocían la vida, murieron mujeres embarazadas, murió gente como nosotros que lo único que querían era que se les respetara su primer derecho, o sea el derecho a la vida.

 

Ante esta alocada carrera de atentados sin control en América Latina llevados a cabo con una demencial y fría planificación, nos preguntamos:

 

¿Quién está a salvo de la demencia individual o grupal si se utiliza este tipo de recursos de destrucción masiva incontrolable, planificada desde un país integrante de ONU y OEA?

 

¿Qué régimen o qué doctrina o qué sistema político puede permanecer al margen de situaciones como las indicadas?

 

La presencia brutal del terrorismo internacional niega y rompe con el sistema democrático y destruye el ambiente para la vigencia de los derechos humanos, la seguridad y la libre circulación, por lo que surge la necesidad de hacer un compromiso entre los gobiernos para prevenir y erradicar ese mal, no solo en el marco de los convenios de la ONU y la OEA, sino también a nivel bilateral.

 

Uruguay, que vivió tempranamente los efectos del terrorismo, debe adoptar una firme actitud en la Asamblea General de ONU, reclamando el más firme cumplimiento de todas las resoluciones y recomendaciones emanadas de ese organismo, a nivel de comisiones que tratan el terrorismo internacional y en las cuales Uruguay a tenido una activa participación.

 

Uruguay debe comprometer a la Asamblea General a realizar el mayor esfuerzo dentro de sus atribuciones, para prevenir y combatir este fenómeno que amenaza la paz, la estabilidad y la seguridad nacional.

 

Es necesario que Uruguay proponga establecer a nivel de ONU, un sistema mundial de información y una red de recopilación y transmisión de datos para hacer más eficiente el combate contra el terrorismo.

 

Todos los aspectos del terrorismo constituyen crímenes contra la humanidad, el terrorismo es la forma más brutal de la anulación de los derechos humanos, por lo que no debemos ser cómplices silenciosos de las actividades de la más triste y aberrante profesión de nuestro planeta.