viernes, 28 de octubre de 2022

HISTORIA ÍNTIMA

 

 de los aviones peruanos que se camuflaron para ayudar a la Argentina

 

Silvana Boschi

 

Infobae, 28 de Octubre de 2022

 

La ayuda en solitario del Perú a la Argentina en la Guerra de Malvinas es un hecho reconocido por nuestro país. Pero los detalles de la llegada de diez aviones Mirage a Jujuy, camuflados con el escudo argentino y listos para entrar en combate, las numerosas negociaciones diplomáticas del entonces presidente peruano Fernando Belaunde Terry para evitar el conflicto armado, y el apoyo incondicional de la opinión pública de ese país a nuestra soberanía sobre las islas, son hechos que se fueron perdiendo en el olvido. A cuarenta años de esa guerra, el libro de Víctor Andrés García Belaunde, La intervención del Perú en la controversia de las Islas Malvinas, rescata esos acontecimientos y demuestra cómo el país vecino fue un aliado histórico de ese reclamo.

 

La obra, que fue presentada recientemente en la Feria Internacional del Libro en Lima, reúne numerosos cables reservados y documentos oficiales, junto al conocimiento de primera mano del propio autor, quien ocupó el cargo de Secretario del Consejo de Ministros en la época de Malvinas, además de ser abogado y cuatro veces legislador. El prólogo es del presidente argentino Alberto Fernández.

 

Belaunde Terry fue presidente del Perú en dos períodos, entre 1963 y 1968, y entre 1980 y 1985. Por su apoyo en la Guerra de Malvinas se lo homenajeó en nuestro país en 2007, cuando se cumplieron 25 años del conflicto. Según se detalla en el libro, el apoyo fue también de la opinión pública: siete de cada diez aseguraron que estaban dispuestos a combatir en las islas.

 

Desde Madrid, donde se encuentra de viaje, el autor habló con Leamos de los detalles de esta investigación.

 

-¿Cómo fue su participación en los hechos que relata en el libro, fue testigo de las decisiones que llevaron al apoyo explícito del Perú a la Argentina en la guerra de 1982?

 

-El papá de Belaunde era hermano de mi abuelo. En esa época se podía nombrar a miembros de la familia y él me llamó a trabajar primero para la transferencia del mando, pero me quedé con él los cinco años completos de su segundo mandato. Yo viví la cocina todo lo que pasó en esa época: detrás de los personajes, yo estaba escuchando. Me impresionó mucho cuando, en la toma de mando de Alfonsín, en diciembre de 1983, vi en el lugar el reconocimiento al Perú y a Belaunde por Malvinas. Después, a raíz de uno de los aniversarios, Marcelo Perreta, que era funcionario del Senado, llegó a Lima y me buscó. Me pidió que hablara sobre el tema y di unas ocho conferencias en Argentina: en el Senado, en la Cancillería, en Rosario, en Mar del Plata, en Ushuaia. Se sabía lo del apoyo, pero no se conocían los detalles, entonces busqué más información y pensé que tenía que escribir este libro.

 

-La entrada de los aviones Mirage desde Perú, camuflados como aeronaves argentinas, ¿cómo fue esa negociación?

 

-Fue una misión secreta. Hubo una conversación con Leopoldo Fortunato Galtieri (el presidente de facto durante la guerra) y una misión de militares argentinos que llegó al Perú para pedir ayuda. Había una larga lista, donde se insinuó el tema de los submarinos porque Perú tenía unos de origen alemán, de la generación previa a los submarinos atómicos. Respecto de los aviones, que fue lo que finalmente se concretó, había tres tipos: Sukhoi, Mig y Mirage. Los dos primeros eran aviones que solamente tenían Perú y Cuba, así que no se podía disimular la ayuda, En cambio, con los Mirage sí podía ser, porque Argentina tenía el Mirage 3 y Perú el 5. Entonces, la decisión fue enviar el Mirage 5 pero camuflado con banderas argentinas.

 

-¿De dónde salieron?

 

-Estas aeronaves estaban en Chiclayo, a 800 kilómetros al norte, volaron hasta la base de La Joya, a 20 kilómetros de Arequipa, allí los pintaron con banderas argentinas, y fabricaron los tanques de combustible más grandes para que pudieran a destino. Se enviaron diez Mirage 5, dos con torpedos Exocet, que la Marina había comprado como una novedad. Los aviones llegaron a participar, pero se dijo que había pilotos peruanos. Inglaterra se quejó de eso, pero no fue así. En el libro hay cables que dan detalles de ese asunto.

 

-¿Cómo fue el trabajo de recolectar esa información diplomática? ¿Estaba desclasificada por el Estado peruano?

 

-Cuando me puse a buscar más documentos, como los cables que se produjeron entre la Cancillería y Londres, la Cancillería y Buenos aires, y la Cancillería y Washington, me encontré con que no era fácil. Son muy celosos en Perú con esos documentos y me querían negar la información, a pesar de que yo había sido legislador. Pasaron cuarenta años pero, como no hay una ley de desclasificación de esos documentos, se aplica el criterio del funcionario.

 

“Se dijo que había pilotos peruanos. Inglaterra se quejó de eso, pero no fue así”

-Usted habla en el libro del papel casi inexistente de los organismos internacionales, sobre todo del TIAR y de la OEA, y señala que, aún de manera retórica, el apoyo no fue unánime, ya que se abstuvieron Chile y Colombia. ¿Cómo fue ese proceso?

 

-El TIAR era una organización americana de autodefensa, una versión latinoamericana de la OTAN. Pero no se pudo y no se quiso aplicar. El apoyo de Belaunde no fue un apoyo al golpe militar, fue un apoyo al reclamo argentino sobre las islas. El 3 de octubre del 68, Belaunde había sido deportado a Argentina, para que la dictadura lo retuviera, pero empezó a hacer relaciones políticas y se fue a los Estados Unidos, donde lo llamaron de Harvard para darle trabajo y se quedó allá dando clases durante diez años. Fue sacado por militares peruanos, que lo expulsaron y doce años después ayudó en la Guerra de Malvinas a la dictadura militar, pero desde el apoyo concreto al reclamo de soberanía.

 

-¿En otros países fue diferente?

 

-Funcionarios de Estados Unidos y Chile tuvieron conversaciones con Augusto Pincohet (el dictador chileno) y éste les dijo que Chile no quería que Argentina ganara la guerra por dos motivos, porque se iban a tirar sobre el canal del Beagle y por la posibilidad de una alianza argentina, peruana, boliviana, una alianza parecida a la del siglo XIX que acabó en la Guerra del Pacifico. Lo cual era falso porque Perú arregló sus problemas con Chile en 1929, mediante un tratado por el cual Chile devolvió Tacna y se quedó con Arica. El caso de Bolivia es diferente, porque tienen el tema de la salida al mar.

 

-¿Hubo una sanción internacional posterior a la guerra por la ayuda de Perú a la Argentina?

 

-Sí. El Perú dejó de tener ayuda británica y agregados militares en ambos países durante más de 20 años, se alejó de Inglaterra sobre todo en la parte de la cooperación militar. Si embargo, a las pocas semanas de acabada la guerra, Gran Bretaña mandó una delegación militar a Chile, donde le envió una ayuda tremenda en reconocimiento a la colaboración que le había dado en el conflicto de Malvinas.

 

El apoyo peruano, desde el principio

El libro de García Belaunde, que fue editado por el Fonde Editorial del Congreso del Perú, destaca también los esfuerzos a contrarreloj del entonces presidente peruano para encontrar una solución pacífica que permitiera evitar el enfrentamiento armado. También queda de manifiesto, a través de diversos documentos, sus tratativas para alinear a los países latinoamericanos detrás de la causa de la soberanía de Malvinas.

 

El 3 de abril de 1982, el gobierno peruano emitió su primer comunicado en el que apoyaba la reivindicación argentina sobre las islas, en el marco del proceso de descolonización estipulado por resoluciones de Naciones Unidas y llamó a resolver el conflicto en forma pacífica. Belaunde Terry propuso una “honrosa e inmediata tregua” para realizar negociaciones diplomáticas. El entones canciller argentino Nicanor Costa Méndez señaló que valoraba la iniciativa. Su par inglés también agradeció y dijo que se estaban esforzando en llegar a una solución pacífica, aunque ponía como requisito el retiro de las fuerzas argentinas de las islas.

 

El libro describe, en base a documentos, cómo Gran Bretaña rechazó de todas formas la tregua que proponía el presidente peruano, quien el 30 de abril le mandó un telegrama Galtieri dando cuenta del apoyo gobierno y del pueblo peruanos en la defensa de los derechos soberanos sobre Malvinas: “Argentina ostenta títulos ancestrales e inobjetables”, aseguró.

 

La obra también rememora el gran apoyo de la población a la causa Malvinas. Una serie de encuestas publicadas por la revista peruana Caretas señala: “un 80 por ciento cree que a la Argentina le corresponden las islas. Sólo el 22 por ciento pide neutralidad y, después de la toma de las Georgias, el 81 por ciento se inclina por dar apoyo militar con armas, pertrechos y hombres”.

MALVINAS


 la Gesta y el Regreso de cada jornada

 

POR CHRISTIAN VIÑA

Sacerdote y periodista

 

26.10.2022

 

En nuestra Argentina saqueada por la casta política –que integran “oficialistas” y “opositores”- , funcional al globalismo sin Dios, sin naciones, y sin familia, el estreno de la película “1982. La Gesta” ha sido no una bocanada, sino un auténtico huracán de aire puro. En primerísimo lugar, claro está, porque nunca será mucho lo que hagamos por nuestros Héroes, vivos y difuntos, de Malvinas. Y, también, como digna reparación ante tanta mentira, tanta “historia oficial” manipulada desde Inglaterra, y sus socios nativos; y tanto panfleto, cine y televisión chatarra, con que nos siguieron invadiendo en estas cuatro décadas.

 

Que este documental, integrado exclusivamente con testimonios de nuestros guerreros del Atlántico Sur, haya sido soñado, pensado, producido, y realizado, por verdaderos jóvenes idealistas, dispuestos a nadar contra la corriente anti argentina; y con un presupuesto casi irrisorio para cintas de este tipo (apenas 40 mil dólares, juntados como préstamos de familiares, y amigos), demuestra una vez más hasta dónde llega el coraje, y la capacidad de renuncia de nuestra Argentina profunda. De esa Argentina que se resiste al paralizante “no se puede”, o a vivir de subsidios del Estado; y que tiene en jóvenes como los de “Faro Films”, una verdadera demostración de que todo lo podemos en Cristo que nos conforta (cf. Flp 4, 13). Sí, en el Señor del Universo; Quien, con distintos gestos y, en especial, con su llanto sobre Jerusalén (cf. Lc 19, 41), nos enseñó también el verdadero amor a la Patria.

 

“Silencio o Verdad” es el lema de la productora de la película; cual verdadero desafío e, incluso, orden de batalla. Porque, justo es reconocerlo, en estos 40 años, el callar la verdad, o tan solo susurrarla, con distintos reparos, solo terminó sirviendo al invasor; que sigue hoy extendiendo sus dominios sobre nuestra Patagonia, con supuestas reivindicaciones “ancestrales” de autoproclamados “indígenas”. Comenté, a propósito, con quienes asistimos a la función, que el centro comercial del barrio de Abasto, en Buenos Aires, en donde está el cine, era frecuentado por el “flogger” porteño, hoy prófugo de la justicia, que se “autopercibe” como “mapuche”. Coincidencias de este arrabal del mundo; al que nunca le perdonarán los amos del planeta, que haya tenido el coraje de enfrentarlos –en legítima defensa, y con plena justicia- en nuestras Islas australes.

 

Hacía más de diez años que no iba al cine. Y coincidir con otros sacerdotes, Veteranos de Guerra; familias numerosas y muchos adolescentes y jóvenes, fue una experiencia apasionante. Antes, durante, y después, flotó en el aire una fragancia de argentinidad distinta, como la de aquellos gloriosos días de 1982; y bien diferente a la de, por ejemplo, los eventos deportivos. Porque vivimos, por ahora, en el entretiempo hasta el próximo Regreso; que llegará en algún momento, y que se prepara, como coincidieron en afirmar los protagonistas de la película, en cada libro que se estudia, y en cada trabajo que se realiza, con pasión por la Patria.

 

Recorre la cinta el antes, el durante, y el después de la Gesta; con la narración, en primera persona, de quienes combatieron, cuerpo a cuerpo, en nuestro territorio insular. Y que, con un respeto y un pudor admirables, dieron voz, también, a quienes no regresaron al continente; y esperan, allí, la Resurrección final, y previamente, el relevo de sus puestos de centinelas. Los testimonios, dueños de una sobriedad sin fisuras, ceden a las lágrimas de emoción; que en curtidas mejillas de soldados, arrancan además el llanto del público. Sí, por supuesto: también los asistentes lloramos; como en aquel glorioso 2 de Abril, como en tantas memorables jornadas de esos 74 días, como en aquel 14 de junio, del fin de la Batalla de Puerto Argentino, y como en otras ocasiones de los años siguientes, en plena desmalvinización; fogoneada por los mismos intereses que hoy arrinconan a nuestro país en la pobreza, la indigencia, el hambre y la falta de ideales comunes.

 

Los Veteranos que narran sus historias –que jamás fueron “chicos de la guerra”, sino hombres de combate- hoy son ancianos, u hombres maduros, que supieron aumentar, con el paso de los años, el fuego sagrado que los llevó a tomar las armas. No se busque, entonces, en sus testimonios, expresiones de resentimiento, pases de facturas, o incluso de venganza, hacia quienes hoy no están presentes para defenderse. Como auténticos caballeros cristianos –emociona, por caso, cómo cuentan la forma en que rezaban el Rosario, cada día, en las trincheras; o como asistían, cuerpo a tierra, a Misas celebradas bajo el fuego enemigo- son propietarios de un recato digno de todo elogio. Bien lejos están –como lo hemos padecido en todos estos años- de deleitarse en los errores, las deslealtades, y circunstanciales cálculos politiqueros. Y, por eso, vuelven a demostrar cuánta razón encierra aquella genialidad del recordado Ignacio Anzoátegui: “La ‘crítica constructiva’, ¿ha construido algo, alguna vez?” Sus palabras son, así, una síntesis de por Quién y cómo se debe vivir, y morir. Y que nunca será mucho lo que podamos darle a la Patria, cuando ella está en peligro.

 

Tiene la producción, claro está, relatos concretos de combates; con la consecuente descripción de sus protagonistas. No se busque, de cualquier modo, en ella, una cronología completa, y detallada, de las acciones militares. No es, en absoluto, el fin de la cinta, analizar pormenorizadamente los hechos; e interpretarlos en clave de estrategia y tácticas. El hilo conductor es el por qué, y el para qué de la Causa; y, por eso, las referencias específicas sirven para pintar el heroísmo de los hombres de nuestras Fuerzas Armadas; y la trascendencia de Malvinas como modelo perenne de nuestro ser argentino.

 

La intensidad del filme es tal que el “Fin” arranca aplausos de pie, y sostenidos “Vivas” a la Patria; flamean, también, en la sala banderas argentinas, desplegadas por los más jóvenes. La lección es clarísima: hay que hacerse cargo de la posta; y, como auténticos guerreros, en estos tiempos de paz, tomar plena conciencia de que el Regreso a las Islas se plasma en cada mañana de sacrificio, sudor, estudio y trabajo. A distancias siderales de la corrupción, el clientelismo, la chatura, y la holgazanería.

 

La partida de la sala, entre nuevas lágrimas y vivas, encuentra a los adolescentes que concurrieron abrazados, en contundente gratitud, con los Héroes presentes. Y se toman cataratas de fotos, con ellos; junto a sonrisas desbordantes de sincero compromiso con el futuro. No son estrellas de rock; ni tampoco héroes de ficción; hoy, incluso, “deconstruidos” por la ideología de género. Son Héroes de la Patria; de “carne y hueso”, a los que esos prometedores adolescentes se aferran como verdaderas tablas salvadoras; ante tanto naufragio deliberadamente impuesto.

 

Esperamos, ahora, una nueva película sobre el heroísmo de los sacerdotes que fueron capellanes en Malvinas; y que bien podría inspirarse en el libro “El Altar y la Guerra”, de Sebastián Sánchez, aparecido recientemente. Dios quiera, pues, que muy pronto podamos disfrutarla.

 

¡Gracias, muchísimas gracias, queridos chicos de “Faro Films”, por su “incorrección política” de mostrarse como creyentes, y argentinos, ¡sin complejos! Y por superar, con viril decisión, tantas “cancelaciones” de salas cinematográficas, y portazos sobre sus rostros. ¡Y eternas gracias, queridísimos Héroes de Malvinas, por confrontarnos, una vez más, ¡con lo mejor de la argentinidad! Por supuesto, seguiremos desembarcando en nuestras Islas, cada mañana. Con la seguridad de que nada está perdido; y todo está por ganarse…

 

lunes, 24 de octubre de 2022

PLAN BRITÁNICO

 

 para atacar el continente en 1982 y la “Operación Pampero” para neutralizarlo

 

Mariano Sciaroni

 

Infobae, 24 de Octubre de 2022

 

A cuarenta años del conflicto por las Malvinas, se conocieron nuevos detalles de como la británica Royal Air Force planeó el bombardeo con aviones Avro Vulcan sobre bases aéreas argentinas (Comodoro Rivadavia, San Julián, Río Gallegos y Río Grande), que confirman lo publicado en Infobae, donde además se contaba su contrapartida: los planes que en aquellos años de 1982 formuló la Fuerza Aérea Argentina para contrarrestar esta temida amenaza.

 

Es conocido que los británicos consideraron el escenario de ataque a bases argentinas desde el inicio de la crisis por Malvinas, pero la decisión política de no escalar el conflicto, en base a la posición de Estados Unidos al respecto y el temor que se activara el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), poniendo a toda Latinoamérica contra Gran Bretaña, hizo que esos planes se dejaran de lado.

 

Sin embargo, para mediados de mayo, con grandes pérdidas navales británicas y sin avances significativos en tierra, la Fuerza Aérea Británica decidió reactivar dicho planeamiento. Dicha fuerza, asimismo, ya había ejecutado varias de las misiones de bombardeo de largo alcance “Black Buck” (Ciervo Negro), por lo que las preguntas iniciales acerca de largos vuelos sobre el mar, con múltiples reabastecimientos en vuelo habían sido ya contestadas.

 

En ese orden de cosas, es más que interesante el memo preparado en el seno de la Royal Air Force (la Fuerza Aérea Británica) el 25 de mayo de 1982, que da cuenta que el ataque a los aeródromos del sur continental era posible y que, hacerlo, se justificaba porque “reduciría la efectividad de las fuerzas aéreas argentinas en atacar nuestras unidades marítimas y la efectividad del apoyo terrestre y logístico para las fuerzas argentinas en las Malvinas. Asimismo, esos ataques en las bases continentales tendrían impacto en la opinión pública y oficial argentina, así como serían un visible indicador de la determinación permanente del gobierno de Su Majestad”.

 

El ataque sería llevado a cabo mediante un cuatrimotor Avro Vulcan que despegaría desde la Isla Ascensión y requeriría el apoyo de hasta once aviones reabastecedores Handley Page Victor. Lo cierto es que la carga de bombas a llevar (por la distancia) debería ser reducida, no más de siete bombas de 1.000 libras (el avión podía cargar 21) de caída libre o solamente 3 bombas guiadas por láser (máxima cantidad de estas bombas que admitía este avión). Las bombas guiadas necesitarían, además, un equipo en tierra que las apunte.

 

Se volaría a gran altura (también, para ahorrar combustible) y solo en la etapa final del ataque se reduciría la altitud, aún cuando a no menos de 8.000 pies (2.438 metros), ya que las bases argentinas (se conocía) contaban con defensas de artillería antiaérea.

 

Las misiones, se consideraba, podrían destruir las pistas y las instalaciones militares cercanas, por lo cual era un riesgo aceptable para correr: un único bombardeo podría destruir varios aviones y equipos y, con ello, aligerar en mucho la presión sobre la Marina Real. Esos ataques serían realmente al límite de las capacidades británicas y, vale decir, requerirían de tripulaciones altamente entrenadas y motivadas.

 

Según información desclasificada la semana pasada y comentada en revistas especializadas como The Aviation Historian y diarios británicos, se consideraban tres opciones para el vuelo de regreso (el limitante que tenían los militares a cargo del planeamiento era que no se creía posible que se consiguiera autorización para sobrevolar Uruguay, Paraguay o Brasil):

 

-La primera de ellas era regresar en vuelo directo hacia donde habían despegado, la Isla Ascensión, teniendo Río de Janeiro como aeropuerto de alternativa, para el caso que existieran problemas en el reabastecimiento.

 

-La segunda opción implicaba aterrizar en Chile, siendo los aeropuertos de Concepción o de Santiago los preferidos para ello. Una vez con combustible completo, los británicos despegarían, cruzarían Argentina a la altura de Mendoza y, una vez en el mar (y previo tomar nuevamente combustible de otro avión), se dirigirían de vuelta hacia Ascensión. Quienes lo planearon pareciera que no tomaron en cuenta que estarían volando en la zona mejor defendida de Argentina (por su cercanía con bases aéreas como El Plumerillo, Tandil, Mariano Moreno o Punta Indio) y con mejor cobertura de radar.

 

-El último escenario era el más largo, pero el menos complicado desde la logística. El avión Vulcan aterrizaría en Concepción (Chile), se dirigiría hacia la isla de Pascua y, a partir de allí aterrizaría en bases amigas en el Océano Pacífico, luego en los Estados Unidos y volvería a Gran Bretaña cruzando el Atlántico Norte. Prácticamente la vuelta al mundo, pero un mundo que los consideraba aliados.

 

Como comentarios, hay que señalar que un bombardero Vulcan aterrizó (por problemas en el reabastecimiento y luego de atacar Puerto Argentino), en el Aeropuerto Internacional de Galeão, en Río de Janeiro, el 3 de junio de 1982. Y que aviones británicos utilizaron, durante el conflicto, las pistas de Concepción, Santiago y de la Isla de Pascua (todas en Chile).

 

Si bien todo este planeamiento era, obviamente, secreto, la Fuerza Aérea Argentina no desconocía las capacidades británicas de atacar con bombarderos el continente. Es que no era ajeno al avión Vulcan y su alcance (había estado interesado en adquirirlo antes de la guerra, algo que fue finalmente vetado por Gran Bretaña), así como había experimentado sus bombas sobre la pista de Puerto Argentino.

 

La defensa argentina

 

Con dicha amenaza presente, nació la Operación Pampero el 20 de mayo de 1982 en Merlo (Provincia de Buenos Aires), en el seno del Comando de Defensa Aérea, y tenía como claro propósito el de “Detectar, interceptar y destruir material aéreo de bombardeo, reabastecimiento y/o reconocimiento británico en su ruta hacia o desde territorio continental”. Recién en el año 2022 vió la luz.

 

La operación tenía dos fases.

 

La primera de ellas implicaba desplegar a la Base Aérea Militar (BAM) Mar del Plata dos aviones Mirage III, armados con cañones y un misil Matra 530; dos aviones Dagger armados con cañones y misiles Shafrir y un avión Learjet de apoyo (con matrícula LV-OAS y de la firma Ledesma S.A.A.I.)

 

Los Mirage III, franceses y los Dagger, una copia israelí del Mirage V, eran las únicas aeronaves en el inventario militar argentino con posibilidades ciertas de atacar a un bombardero ágil y veloz como el Vulcan.

 

La segunda fase era la de ejecución.

 

Una vez detectado un despegue de la Isla Ascensión (desde donde operaban los aviones de la Royal Air Force que podían llegar al continente), los aviones argentinos saldrían y se dirigirían a un punto de interceptación prefijado (Puntos A, B y C, según cual fuera el objetivo previsto), para esperar a los enemigos y derribarlos.

 

La parte más difícil era detectar un despegue de estos aviones y, los documentos de la Operación Pampero solo mencionan que esa información sería dada por una “fuente confidencial”. La Isla Ascensión está, realmente, en medio de la nada y no había casi ojos curiosos que pudieran reportar esa información.

 

Los únicos ojos que podrían reportarlo eran los de los marinos soviéticos del Zaporozhye, un buque espía de 4.500 toneladas de desplazamiento, de la clase “Primorye” (Proyecto 394B) que llevaba a 160 hombres a cargo del Capitán de Primera Clase P. Zyryanov. Este buque se encontraba desde el 29 de abril frente al aeródromo de la isla.

 

Sea o no fuera esta la “fuente confidencial”, los documentos indican que la misma proporcionaría específicamente la hora de despegue y el rumbo al cual se dirigían los bombarderos británicos, con lo cual podría inferirse a que base se atacaría.

 

La interceptación y ataque se haría en medio del océano (entre 500 y 770 kilómetros mar adentro) y, llegado el caso que no se pudiera interceptar a los bombarderos antes de atacar las bases, se procuraría hacerlo en su viaje de regreso. La Fuerza Aérea Argentina solo consideró que los Vulcan regresarían por donde vinieron: hacia Ascensión. No se consideró que Chile podría dar apoyo a los bombarderos enemigos.

 

Hay que tener en cuenta que sería necesario por lo menos un mínimo de luz solar para poder identificar a las CHINCHES (nombre clave que se deba a los aviones enemigos), en tanto se requería identificación visual para poder disparar (y, a todo evento, solo los Mirage III poseían radar, los demás aviones solo podían detectar otros aviones a través de la visión de sus tripulantes).

 

Los indicativos y claves asignados requieren un pequeño aparte. La escuadrilla de interceptación serían los HALCON y el LearJet de apoyo sería LIBRA. Los aviones enemigos serían, como se dijo, las CHINCHE, con diversos colores según el tipo de avión (Vulcan: CHINCHE AZUL, Nimrod: CHINCHE ROJA, etc). Para el caso que se destruyera alguna CHINCHE, se anunciaría que se fue AL BOMBO, si el combustible estaba al mínimo se señalaría que estaba DESINFLADO, la meteorología podría estar DULCE o ACIDA, según buena o mala, entre otros. En algún momento pareciera que se acabó la imaginación, porque si el enemigo logró escabullirse, pasando a los interceptores, solo se anunciaría PASARON.

 

Pero los británicos nunca intentaron bombardear las bases continentales, ni los argentinos desplegaron a los aviones interceptores a la BAM Mar del Plata.

 

Sin embargo, el día 29 de mayo a las 6:00 hs, se emitió una alerta amarilla por despegue de dos aviones bombarderos Vulcan, con rumbo sur, lo que habría ocurrido a las 3:00 hs desde la Isla Ascensión.

 

Esta información pudo bien haber provenido del buque de inteligencia Zaporozhye, que seguía en las cercanías de dicha isla en ese momento. Lo cierto es que los datos llegaron al CAE (Comando Aéreo Estratégico) vía el Brigadier Peña desde Estados Unidos quien alertó específicamente que los enemigos llevaban misiles anti-radar. En este caso, inteligencia parece haber alertado de la misión “Black Buck 4″, que consistía en un ataque contra radares emplazados en Malvinas, por parte de un Avro Vulcan, ataque que fue abortado por no poder el avión reabastecer en vuelo.

 

No había, en ese momento, aviones desplegados en Mar del Plata, pero se pusieron en alerta a los interceptores Mirage argentinos en las bases del sur, por si se acercaban al continente.

 

Hay que aclarar, por cierto, que también se consideró defender Buenos Aires y sus alrededores de ataques aéreos británicos, por lo que había en alerta (y desde el 19 de abril) dos Mirage III en la Base Mariano Moreno y dos Dagger en Tandil, complementados con aviones IA-58 Pucará en La Plata y aviones MS-760 Paris en Mar del Plata.

 

¿Qué podría haber sucedido si los británicos intentaban bombardear las bases continentales? Nunca lo sabremos, pero es interesante conocer que la Fuerza Aérea Argentina había previsto ese escenario y planeado como contrarrestarlo.

 

La planificación de la Fuerza Aérea, vale decirlo, fue realista y ajustada a las capacidades británicas. Quizá el único inconveniente del plan PAMPERO fuera que se requería confirmación visual para que los aviones atacaran: posiblemente los británicos utilizaran la cobertura de la noche para la navegación, para estar solo con las primeras luces sobre los objetivos militares a atacar.

 

Pero aún con ello, quizá hubiera todo terminado con el grito de un piloto de Mirage de CHINCHE AZUL AL BOMBO, seguido de un “no hay quien pueda”, el grito de guerra de los pilotos de combate aeronáuticos.

jueves, 20 de octubre de 2022

MALVINAS

 

ANÁLISIS DE LA GUERRA

 

Panel:

Dr. Mario Meneghini

Comodoro (RE) VGM Antonio Zelaya

Coronel (RE) VGM Osvaldo Durante

 

jueves 27 de octubre, 17,30 horas

Sala Regino Maders, Deán Funes 96


Organizan: 

Fundación 20 de noviembre

Centro de Estudios Cívicos

viernes, 14 de octubre de 2022

UCRANIA, LA GUERRA JUSTA Y LA PAZ JUSTA

 

Autor: Irrazábal, Gustavo


Criterio digital,| 4 abril, 2022

 

La doctrina sobre la “guerra justa”, que legitima moralmente el recurso a la fuerza armada bajo ciertas condiciones, ha sido sostenida de modo constante en la teología y el magisterio hasta tiempos recientes, aunque con una interpretación cada vez más restrictiva, que en la práctica la reduce a muy pocos supuestos, principalmente el de la guerra defensiva. En Fratelli tutti 258, sin embargo, el papa Francisco parece ir más allá al afirmar que “hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible «guerra justa»”.

 

Se ha prestado hasta ahora poca atención a esta afirmación inédita. Pero, por lo pronto, no pretende ser una condena indiscriminada a la posibilidad de la “guerra defensiva”, fundada en el derecho de una comunidad política a procurar su propia supervivencia, aunque aún este supuesto requiera el cumplimiento de “condiciones rigurosas de legitimidad moral” (Catecismo 2309), ya que aquella puede transformarse en un verdadero suicidio colectivo, cuando no hay posibilidades de éxito y los daños que produce la resistencia son mayores que aquellos que trata de evitar.

 

Sin embargo, como señala el Papa, la doctrina de la “guerra justa” incluso en su restrictiva versión actual corre el riesgo de ser sometida a interpretaciones “demasiado amplias”. Es difícil olvidar que, en la guerra de Malvinas, tanto la Iglesia católica argentina como la británica respaldaron las iniciativas bélicas de sus respectivos países con la invocación de la misma doctrina, lo cual llevó a una periodista inglesa a preguntar con ironía: “Just whose side is God on in this «just war»?” (“¿Del lado de quién está Dios en esta «guerra justa»?”).[i]

 

Aun así, la renuncia total a la idea de una guerra justa puede no significar en todos los casos una contribución a la paz. ¿Es posible que la doctrina de la guerra justa ayude a pensar desde el punto de vista ético la actual invasión rusa a Ucrania? El profesor John Davenport piensa que sí.[ii] A su juicio, Ucrania tiene derecho a entrar en las alianzas defensivas que considere necesarias (en este caso, la OTAN), y ello no sería una “causa justa” para una invasión. Ucrania tiene derecho a repeler una agresión que ya había comenzado con la anexión de Crimea y, en estas últimas semanas, las de Luhansk y Donetsk. Es, además, un crimen de agresión que Putin haya fomentado la guerra civil en estas regiones, donde no existían situaciones de opresión o peligros de “limpieza étnica”. También deben contarse como agresión militar los ciberataques perpetrados por Rusia contra Ucrania desde 2014, a un costo de billones de dólares. Finalmente, Ucrania devolvió a Rusia las armas nucleares situadas en su territorio en 1994 a cambio de que aquélla se abstuviera de atentar militarmente contra su integridad territorial. Por otro lado, diferir el ingreso de Ucrania a la OTAN no ha apaciguado a Putin, por lo cual la OTAN está legitimada para ayudar militarmente a Ucrania a combatir la agresión.

 

Un enfoque distinto, que busca superar los límites de la doctrina de la “guerra justa” a través del concepto más amplio de la “paz justa”, es presentado por el especialista Eli McCarthy.[iii] Para este autor, en vez de buscar justificaciones para el uso de la fuerza, es necesario llegar a las raíces del conflicto. Lo que procura Rusia es el reconocimiento de sus necesidades en materia de seguridad, y el respeto de su esfera de influencia geopolítica, frente a la política expansionista de la OTAN (que desde 1997 incorporó 14 países, incluyendo ex-miembros del Pacto de Varsovia y ex-estados soviéticos) y a la intervención de Occidente en la derrota electoral del anterior gobierno pro-ruso. Para la OTAN y los Estados Unidos, en cambio, el valor prioritario es el derecho a la autodeterminación de las naciones y el acceso a los recursos económicos (incluyendo la posibilidad de continuar con la venta de armas). Reconocer en esta confrontación de valores la raíz del conflicto, permitiría, a juicio de McCarthy, afrontarlo de un modo constructivo.

 

Si bien sus propuestas fueron formuladas antes del comienzo de la invasión, siguen mereciendo una consideración atenta. Ante todo, es fundamental evitar el lenguaje deshumanizante (por ej., calificar a los rusos de “asesinos”), lo que cierra todo camino al diálogo y la cooperación. También, sería útil que los Estados Unidos y la OTAN ofrezcan reducir su presencia militar en Europa del Este, a cambio del retiro de las tropas rusas de Ucrania. Asimismo, habría que cumplir el acuerdo II de Minsk (2015), que establecía la desmilitarización de Donbas. Además, se podría ofrecer poner fin al envío de armas a Ucrania a cambio del fin de las hostilidades. Más audaz es la propuesta de que los Estados Unidos reconozcan el apoyo financiero y público brindado a la oposición en Ucrania en las elecciones del 2014, a cambio de que Rusia reconozca su apoyo militar a los partisanos de Ucrania del Este, y su interferencia en otras elecciones (por ej., la del candidato anti-americano en México). Se podría anunciar una moratoria en la incorporación de Ucrania a la OTAN y explorar otras posibilidades, como la neutralidad, a cambio del cese de la invasión. Finalmente, McCarthy presenta la propuesta más polémica: la posibilidad de sustituir la defensa armada por una resistencia civil no violenta. El diálogo entre las Iglesias de ambos países, e incluso la participación de la Santa Sede, junto con instituciones de la sociedad civil de ambos países, podrían abrir el camino del diálogo.

 

En este último aspecto, señala otro artículo reciente[iv] que el Papa Francisco ha recibido un pedido de intervenir en el conflicto (respecto del cual ha demostrado una especial preocupación) por parte de Pax Christi International.[v] Según los autores, si bien la mayoría de los ucranianos son de fe ortodoxa, también hay presencia de católicos de rito oriental, y entre unos y otros parece haber un consenso muy positivo sobre la figura de Francisco, como “la autoridad moral más importante en el mundo hoy”. Por otro lado, también el Papa ha estrechado los vínculos con la Iglesia ortodoxa rusa, muy cercana al Kremlin. Su encuentro en Cuba, en 2016, con el patriarca Kirill es el primero de este tipo desde el Cisma del 1054. Otros, sin embargo, entienden que el acercamiento del Papa a las autoridades políticas y religiosas rusas ha sido excesivo, despertando fuertes recelos entre los creyentes ucranianos, lo que comprometería la posibilidad de asumir un rol mediador.[vi]

 

Como sea, aunque podamos sentirnos más cercanos por pensamiento y sensibilidad a una u otra perspectiva, la confrontación de las doctrinas de la “guerra justa” y de la “paz justa” no puede ser considerada como una alternativa, sino más bien como una tensión fecunda, que permite evitar tanto el peligro de los sueños utópicos como también el de las justificaciones fáciles, haciendo posible una visión ética en torno a los conflictos armados que sea realista, prudente y constructiva.

 

[i] M. Maison Oxford, Catholic Herald, 4 de mayo de 1982. (http://archive.catholicherald.co.uk/article/14th-may-1982/4/just-whose-side-is-god-on-in-this-just-war [consulta: 27-10-12])

 

[ii] “Just war theory and Ukraine: Why military action against Russia is justifiable”, América, 25 de enero de 2022.

 

[iii] “10 ways to avoid a devastating war in Ukraine”, América, 22 de febrero de 2022.

 

[iv] Jackie Turvey Tait, Tobias Winright, “Pope Francis may be our last hope for stopping war in Ukraine”, America, 15 de febrero de 2022.

 

[v] Appeal to Pope Francis for Peace in Ukraine, en: https://paxchristi.net/wp-content/uploads/2022/01/Letter-from-Pax-Christi-International-about-Ukraine.pdf

 

[vi] Zanatta, L., “La tradición secular como antídoto contra la lógica tribal de Putin”, La Nación, 3 de marzo de 2022. En la misma línea, S. Magister, “Tra Mosca e Kyiv il papa ha smarrito la strada”, en: http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2022/03/03/tra-mosca-e-kyiv-il-papa-ha-smarrito-la-strada/