sábado, 31 de octubre de 2020

DEUDA

 


Y NUEVO SAQUEO DEL BANCO CENTRAL

 

Por Héctor GIULIANO

(30.10.2020)[1]

 

El desequilibrio cambiario provocado por la maniobra de los capitales especulativo-financieros desde el ámbito bursátil está llevando – hoy como siempre - al resultado clásico que constituye una constante histórica en la Argentina: la suba extraordinaria de la Tasa de Interés oficial como forma de contener el arbitraje con el Dólar. 

 

El problema cambiario argentino que se está viviendo en nuestros días es un derivado de la Política de Endeudamiento cuasi-fiscal del Banco Central (BCRA).

Esta política, a su vez, es un epifenómeno o fenómeno derivado de otro mayor e institucional, que es la problemática de fondo insoluble del Sistema de Deuda Pública Perpetua, que rige en nuestro país sin solución de continuidad desde hace más de 40 años.

Este esquema financiero – que es la causa de la Cuestión Económica de la Argentina - provoca periódicas e inexorables crisis cambiarias inducidas que son producto, en realidad, de Crisis de Deuda por falta de Reservas Internacionales del BCRA, reservas que a su vez son compradas con Deuda.

Esta política permanente, más allá de los cambios de gobierno, se continúa y agrava hoy por el trabajo en tándem Macri-Fernández de aumento de la Deuda del Estado en general y de la deuda por Pasivos Remunerados del BCRA en particular – esencialmente Letras de Liquidez (Leliq) y Pases Pasivos (PP) – lo que lleva a un gravísimo desequilibrio estructural de la posición financiero-contable del Banco.

La sangría imparable de los Intereses a Pagar por tales Pasivos, que son de corto y cortísimo plazo – Leliq a 7 días y PP a sólo un día – configura una maniobra de verdadero saqueo financiero del país, que se realiza a través del BCRA sostenido por una alianza fáctica entre los gobiernos de turno y el oligopolio de grandes bancos de plaza que son sus prestamistas y de Fondos Buitre (internacionales y nacionales) que a través de esos grandes bancos y de la Bolsa siguen operando con ganancias extraordinarias por arbitraje en nuestro país.

 

AUMENTO DEL PASIVO DEL BCRA

Según los datos oficiales al 30.9 pasado, en números redondos, el total del Pasivo del BCRA pasó de 6.9 B$ (casi 7 ≡ 115.100 MD) al 31.12.2019 a 10.7 B$ (≡ 140.000 MD), es decir, un aumento del Pasivo Total de 3.8 B$ (≡ 25.00 MD).[2]

Los principales rubros de este Pasivo del BCRA son cuatro:

 

1. Cuentas Corrientes en Moneda Extranjera           911.100 M$ ≡   12.000 MD

2. Letras de Liquidez del BCRA (Leliq)                  2.610.200 M$ ≡   34.300 MD      

3. Pases Pasivos (PP)                                             2.388.100 M$ ≡   31.400 MD

    Subtotal Pasivos Remunerados (2 + 3)              4.998.300 M$ ≡   65.700 MD

4. Otros Pasivos (Swap China y otros menores)   1.762.700 M$ ≡   23.100 MD

    Total principales 4 rubros del Pasivo                7.672.100 M$ ≡ 100.800 MD

 

Estos cuatro rubros mayores constituyen el 72 % del Pasivo Total, que al 30.9 es de 10.662.200 M$ (10.7 B$ ≡ 140.000 MD).

Lo que incluye también – este saldo total – 2.393.700 M$ (2.4 B$ ≡ 31.400 MD) de la Base Monetaria (BM), que lógicamente forman parte del Pasivo.

Nótese que este total de principales Pasivos del Banco, cualquiera sea la forma en que se lo compare – Pasivos Remunerados (65.700 MD), Pasivos mayoritarios (100.800 MD) y/o Pasivo Total (10.7 B$) – es en todos los casos muy superior a las reservas Internacionales (RI), que a esa fecha (30.9) sumaban 41.400 MD.

De aquí la Crisis por falta de Reservas Netas y Líquidas del BCRA, que explica la actual nueva Crisis Cambiaria Argentina, crisis que le estalla al gobierno Fernández después de una Fuga de Capitales durante la administración Macri (2015-2019) por 86.000 MD. 

 

COSTO FINANCIERO DE LOS PASIVOS DE CORTO PLAZO

Los Intereses a Pagar – fundamentalmente por los pasivos remunerados citados - constituyen el rubro más gravoso de las pérdidas del BCRA y corresponden a los Intereses Pagados y/o Capitalizados por el Banco.

El monto oficial de estos intereses no se conoce porque el Banco no los informa hasta la publicación del Balance final del Ejercicio (que normalmente se edita a mediados del año siguiente).

El año pasado (2019) los Intereses Perdidos por el BCRA, pagados por las Letras de Liquidez (Leliq), fueron unos 700.000 M$ (≡ 11.700 MD, según el tipo de cambio al 31.12, que era de 59.895 $/US$).

Durante el mismo Ejercicio, los Intereses Ganados por la colocación de las Reservas del BCRA fueron de sólo 16.000 M$ (≡ 267 MD).

Como las Leliq son utilizadas para absorber la Emisión Monetaria que el Banco realiza para comprar las divisas de las Reservas, ello equivale en la práctica a comprar Reservas con Deuda.

Esto se hace trasponiendo los pasos: primero se emiten pesos para poder adquirir los dólares y luego esos pesos se esterilizan con títulos a corto plazo del propio Banco Emisor, que pagan altísimos intereses

Según los datos oficiales del año pasado, el costo de esta Política de Compra de Reservas con Deuda fue así 44 veces el rendimiento obtenido por el BCRA con la colocación de dichas reservas (267 / 11.700 MD).

Se entiende que la mayoría – si no la casi totalidad – de los Intereses Devengados por los Pasivos Remunerados del Banco (Leliq y PP) en realidad no se abonan sino que se capitalizan por anatocismo, con lo que el total del Principal de esta Deuda sigue creciendo como Bola de Nieve.

Pero también es cierto que una parte de estos Intereses sí se pagan, que son los que corresponden a bancos que retiran todo o parte de sus letras - llevándose sus rentas - y/o los que se paguen por arreglos directos con el BCRA de esos intereses al vencimiento en lugar de capitalizarlos.

Con la importante aclaración que el dinero que se abona por tales Intereses Perdidos el BCRA lo emite de la nada, sin respaldo, siendo que ésta es una de las principales causas de Emisión Monetaria (una fuente de emisión inflacionaria de la que los economistas del establishment siempre soslayan hablar).

Se estima que los Intereses acumulados a Setiembre de este año por Pasivos Remunerados pasaban ya los 500.000 M$ y que al final del ejercicio superarían con creces el billón de pesos.

 

EL PAGO DE LOS INTERESES DEL BCRA

En la actualidad (30.9), el stock de Leliq – que son a 7 días de plazo y pagaban hasta ahora el 37 % de Interés anual – es de 2.6 B$ (≡ 34.300 MD), lo que significa que el BCRA devenga por Intereses a Pagar 2.600 M$ por Día (≡ 35 MD); que  anualizado da 962.000 M$ (casi 1.0 B$ ≡ 12.600 MD).

Si a ello le sumamos los Intereses Devengados por los Pases Pasivos – que son a sólo un día de plazo y devengan a la misma fecha el 27 % anual – que totalizan 2.4 B$ (≡ 31.400 MD), nos da otros 1.800 M$ de Intereses diarios a Pagar (≡ 23 MD), que anualizados sumarían 648.000 M$ (≡ 8.500 MD).

Así, por el total de Pasivos Remunerados de Leliq y PP, que es de 5.0 B$ (≡ 65.700 MD), los Intereses a Pagar suman unos 4.400 M$ por día (≡ 58 MD), que anualizados dan 1.6 B$ (≡ 21.100 MD).

Tal el costo financiero de estos Pasivos del BCRA, que son superiores a los que hasta ahora tenía por Intereses a Pagar el Tesoro Nacional, que era de 18-20.000 MD anuales (de los que entre un 20-30 % se capitaliza).

La sangría monetaria del BCRA por Intereses Devengados es la principal fuente de desequilibrio financiero-contable del BCRA, constituye una de las causales más graves de emisión inflacionaria de la Argentina y por el momento no tiene miras de revertirse.

Como agravante, el BCRA vino aumentando sistemáticamente la Tasa de Pases Pasivos que paga a los Bancos (obligaciones a un día de plazo), que era del 12.35 % anual al mes de Abril pasado y pasó luego sucesivamente al 17 % en Mayo, 19 % en Junio, 24 % al 2.10, 27 % al 8.10, 30 % al 15.10 y ahora acaba de ser aumentada al 31.0-34.5 % (a uno y 7 días respectivamente), lo que obviamente eleva todavía más el servicio financiero por PP citado más arriba (que fue calculado con la tasa del 27 %).

En “compensación”, durante estos últimos días, el BCRA bajó la Tasa de las Leliq dos veces en sólo un punto porcentual cada vez: de 38 a 36 % anual.

Este proceso se perfila en la actualidad más gravoso todavía para el BCRA porque el stock de las Leliq aumentó en lo que va de Octubre – según datos del Balancete al 23.10 – a 2.7 B$ (era de 2.6 B$ al 30.9, un aumento de 100.000 M$) y el stock de los PP se elevó también y más aún, a 2.7 B$ (un aumento en el mes de unos 300.000 M$ ya que al 30.9 ese monto era de 2.4 B$).

Tal combinación de suba de tasas de interés y de montos lleva lógicamente a una situación financiera “explosiva” el estado del BCRA.

Respondiendo así a la trampa extorsiva de los Bancos Acreedores que operan en plaza de la premisa “me das más tasa o me voy al dólar”, con lo que se convalida la regla histórica en la Argentina de arbitraje permanente entre Tipo de Cambio y Tasa de Interés.

Es en función de esta trampa de arbitraje (que sigue siendo política institucional bajo el tándem Fernández-Macri) que el BCRA acaba de informar el mantenimiento de las altas tasas de interés que paga por los Pasivos Remunerados del Banco y en especial la nueva suba extraordinaria de las tasas de cortísimo plazo por Pases Pasivos, como respuesta a la movida bursátil provocada por los Fondos Buitre  descontrolando la cotización de los dólares paralelos: Contado con Liquidación (CCL), Bolsa-MEP y Blue o “paralelo ilegal”.

Maniobra ésta que se produce con la complicidad entre las autoridades nacionales y los capitales financieros que operan a través de los Bancos de la plaza local - fundamentalmente Fondos de Inversión (FCI) o Fondos Buitre (FB), que vienen determinando la Crisis de Reservas y la disparada cambiaria que vive otra vez la Argentina sin que se los denuncie - garantizándoles el Gobierno a esos acreedores el mismo anonimato, impunidad y premio financiero que les diera recientemente con el doble Megacanje de la Deuda del Tesoro Nacional la administración Fernández-Fernández.

 

 



[1] El presente artículo es continuación práctica de otro anterior sobre el mismo tema – “Agravamiento de la situación del Banco Central” (18.9.2020) – cuya lectura previa se recomienda.

[2] Las abreviaturas M$/MD y B$ significan Millones de Pesos/Dólares y Billones de $ respectivamente y se expresan siempre con redondeo, por lo que pueden darse mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos; especialmente cuando se trata de B$.

En la mayoría de los casos, las cifras se muestran en pesos y/o en dólares con su equivalencia monetaria (≡).

 

LA FALACIA DE LA TIERRA

 


Jorge Fontevechia

Perfil, 31 OCT 2020

 

Argentina tiene una de las menores densidades poblacionales del mundo. Con 16 habitantes por kilómetro cuadrado, estamos en el puesto 208. La despoblada Uruguay tiene 19 habitantes por kilómetro cuadrado, Brasil 24, Estados Unidos 33, Venezuela 34, México 64, España 97, Francia 104, China 144, Suiza 200, Italia 206, Alemania 225,  Inglaterra 265, Vietnam 300, Japón 333, India 394 y Corea del Sur 555, siempre habitantes por kilómetro cuadrado. Solo tienen menos densidad poblacional que Argentina los tres gigantes deshabitados del planeta: Rusia 8, Canadá 4 y Australia 3 habitantes por kilómetro cuadrado con la ventaja para Argentina de no tener mayoría de tierras desérticas como Australia, ni heladas como Rusia y Canadá.

 

¿Cómo un país con tanta tierra y proporcionalmente tan pocos habitantes no puede darle a cada grupo familiar desamparado un terreno de 200 metros cuadrados equivalente al 0,02 de una hectárea y a 0,0002 de un kilómetro cuadrado para que construya su casa? Un kilómetro cuadrado es equivalente a 100 hectáreas y equivalente a un millón de metros cuadrados.  Desde una aritmética simple, si 2 millones de familias (un 15% del total) no tienen vivienda propia y se repartieran 2 millones de terrenos de 200 metros cuadrados cada uno, equivalentes a 400 millones de metros cuadrados y a 40 mil hectáreas, se solucionaría el problema.

Estas 40 mil hectáreas son 400 kilómetros cuadrados y el 0,00014 del total de kilómetros cuadrados del país. Aun asumiendo que solo un décimo de nuestra geografía fuera plenamente habitable, y que hubiera que adicionar un 25% a calles y espacios públicos a esas nuevas urbanizaciones, igual se llegaría a apenas el 0,0005 del total de la superficie del país. Nada. Obviamente aquí aparece el tema de la inmigración interna y externa, y la comprensible predilección por vivir cerca de la ciudad de Buenos Aires por todo tipo de cuestiones. Pero aun así, si todos se concentraran solamente en la provincia de Buenos Aires, que tiene poco más de 300 mil kilómetros cuadrados, esos 400 kilómetros cuadrados más el 25% de calles y plazas, sería menos del 0,2% de la superficie bonaerense.

Aun considerando el espacio público, el equivalente a 30 Nordeltas. Así como China hizo centenas de millones de viviendas, el problema no es crear 2 millones de casas sino de empleos Dado que proporciones numéricas cuestan representarse y para simplificar hasta por el absurdo digamos que habría que urbanizar lo que queda de campo en el equivalente a tres kilómetros en el secirculo que va del sur de Florencia Varela, el oeste de González Catán y Moreno, y el norte de José C. Paz y Escobar. Exageradamente, que desde La Plata, Luján y Campana no haya más campo y sea todo urbanización. No es inimaginable, a 20 mil dólares la hectárea que el Estado con solo invertir 800 millones de dólares podría comprarlas: es apenas el costo de una autopista o cuatro Paseos del Bajo en la Ciudad de Buenos Aires frente a Puerto Madero.

 

El problema es otro. Es que para urbanizar un campo se puede necesitar diez veces más que el valor de la tierra –8 mil millones de dólares– para la suma de cloacas, calles, electricidad y el resto de servicios. A modo de ejemplo, los barrios cerrados hasta tuvieron  que subsidiar el tendido de base para la llegada de los proveedores de internet. Si como resultado de una especie de Plan Marshall que en Alemania de posguerra permitió la construcción de casi la mitad de las casas del país destruidas por la guerra, Argentina contara con financiación del Banco Mundial para, además de esos 800 millones de dólares en terrenos y los 8 mil millones de gastos en infraestructura para urbanizar el campo, también se obtuviera la financiación para construir 2 millones de casas de 60 metros cuadrados cada una a 300 dólares el metro: 18 mil dólares cada casa, esos 120 millones de metros cuadrados de construcción costarían 36 mil millones de dólares. 

La suma de los 800 millones de dólares de terrenos, los 8 mil millones de infraestructura pública y los 36 mil millones de construcción de casas, hacen un total de 44.800 millones de dólares, algo tampoco impensado porque es muy parecido al crédito del Fondo Monetario Internacional a Macri y un cuarto del ahorro de los argentinos en el exterior. Tampoco sería imposible si simultáneamente a la construcción de todas las casas, esos 2 millones de familias y alrededor de 8 millones personas pasaran a no precisar más ser subsidiadas con alrededor de 3 mil millones de dólares anuales ya sea con IFE, ayuda alimentaria, asignación familiar por hijo, etc., porque pudieran pasar a tener un trabajo por familia y en 15 años se repagarían el crédito del Banco Mundial genuinamente, ingresando en el círculo virtuoso.

Nordelta, donde viven 50 mil personas y podrían llegar a casi 100 mil, es el resultado de la falta de inversión del Estado en urbanización, un siglo atrás los bisabuelos de esas mismas personas vivían en barrios abiertos, en casas como las de San Isidro y tantos barrios abiertos del Gran Buenos Aires con calles  e infraestructura construida por el Estado. Pero la población del Conurbano se multiplicó por 5 en un siglo y por dos en los últimos cincuenta años sin que las inversiones en urbanización pública hayan sido proporcionales. Los barrios cerrados, como las tomas, son fruto del mismo problema: los que pueden pagar financian su propia urbanización; los que no pueden viven hacinados sin servicios mínimos. Un plan habitacional como el alemán de posguerra hasta podría ser parte del motor de un verdadero plan de crecimiento para Argentina.

Pero para eso hacen falta dos pilares más: un plan productivo que promueva el trabajo como el propuesto por Lavagna para los nuevos empleos y una estabilidad macroeconómica que rompa con el círculo vicioso.  Nuevamente Alemania podría ser una fuente de inspiración: resolvieron el problema de la hiperinflación entre guerras creando un sistema monetario que garantizaba el total del dinero y bonos emitidos en moneda local con tierras fiscales. 

Volviendo al comienzo de la columna sobre la cantidad de habitantes y territorio: la superficie de Argentina es 8 veces mayor que la de Alemania y nuestra población, la mitad. Hace falta un  plan que aspire resolver al mismo tiempo el problema de la falta de moneda, de trabajo y de espacio. No es imposible, los tres tienen la misma solución: ponernos todos a trabajar.

viernes, 30 de octubre de 2020

GUERRA DE MALVINAS

 FUE UNA GUERRA JUSTA




¿CUÁNDO EXPLOTA?


Por Vicente Massot

Prensa Republicana, 28-10-20

 

Tratemos de contestar la pregunta del millón de dólares. La que se hacen buena parte de los argentinos en medio del tembladeral que pisamos desde hace meses. La misma que está al tope de las preocupaciones de los políticos, las tertulias sociales, los operadores de la City, y los analistas más consultados por los medios de difusión. Cualquier lector atento sabe de sobra a qué nos referimos. Casi no habría necesidad, pues, de plantearla de manera explícita. Hasta tal punto se halla sobreentendida. ¿Cuando se desencadenará en toda su magnitud la crisis que arrastramos? ¿En qué momento estallará la bomba de tiempo cuya cuenta regresiva se inició hace rato?

Antes de meternos en el corazón del problema es menester ponernos de acuerdo respecto de un aspecto crucial del asunto tratado: las calamidades no siempre se manifiestan con base en estallidos apocalípticos, guerras civiles sangrientas, pandemias pavorosas o fenómenos hiperinflacionarios. Una situación puede ser terminal sin necesidad de que, en paralelo, corran ríos de sangre. A lo que apunta el comentario es a descartar la idea de que hemos llegado a unos topes insoportables en términos de la decadencia que nos aqueja y que, en breve, todo volará por los aires. Para adelantar la respuesta prometida: parte del tsunami ya ocurrió y, en todo caso, lo que todavía no vimos fueron las consecuencias en su conjunto. El buque timoneado por un indocumentado en la materia —que, para colmo de males, carga con una soberbia insufrible— ya embistió al iceberg. Sólo que la cuarentena obra como una suerte de espejismo que disimula la magnitud del choque

 

Que casi la mitad de los habitantes de nuestro país se encuentre por debajo de la línea de pobreza, u orillando la misma, es una tragedia en sí misma. Otro tanto implican los índices de marginalidad e indigencia, inéditos por su crudeza. Las cuatro mil villas miseria existentes entre nosotros —eran mil hace 40 años— no hacen las veces de campamentos bélicos cuyo propósito fuese desatar una guerra de clases. Representan, en cambio, la profundidad de un inconcebible desastre social.

 

La bomba de dispersión nuclear ya hizo blanco en la Argentina. Pero, a diferencia de los artefactos de los arsenales de las grandes potencias, éste ha sido silencioso y no ha requerido de una declaración de hostilidades ni de un portador para su lanzamiento. Cuanto antes no demos cuenta de que uno de los aspectos más peculiares de la presente catástrofe reside en la ausencia de cientos de miles de muertos, de luchas sin cuento entre compatriotas o de un terror generalizado acerca del futuro, en mejores condiciones estaremos de comprender lo que habrá de sobrevenir.

 

El presente estado de cosas no ha sido —por supuesto— responsabilidad exclusiva del kirchnerismo, del macrismo o de alguna de las tantas administraciones que se han sucedido en estas tierras desde mediados del siglo pasado a la fecha. Dicho lo cual y como no se trata de historiar la decadencia sino de saber a qué atenernos en los próximos meses —porque esta es una newsletter de coyuntura y no una ponencia de carácter académico— se hace menester poner la lupa en el Frente de Todos, en los equipos que gerencian la cosa pública y en los integrantes de la fórmula que ganó las elecciones del mes de octubre último y —acto seguido— se hizo cargo de la responsabilidad de gobernar. Poco importa saber a ciencia cierta de quién ha sido la culpa del desaguisado: si de la herencia recibida, de la peste planetaria o de la incapacidad del populismo nativo. Se trata de mirar hacia adelante, no hacia atrás, con el afán de contestar la pregunta del millón.

 

Lo que primero nos asalta es una duda: ¿tienen, acaso, Alberto Fernández y Cristina Kirchner cabal conciencia de donde están parados? Por increíble que parezca existen motivos para suponer que —si bien están contestes de que no se encuentran en el paraíso— no terminan de darse cuenta de la extrema gravedad del contexto que los rodea. En ningún momento, salvo unas declaraciones pérdidas del sábado, debidas al jefe de gabinete, en las cuales advertía que nos daríamos un “porrazo” (sic) de proporciones, el gobierno ha reconocido, en forma pública, la emergencia social y económica que excede con creces el aspecto sanitario. Una cosa es evitar el alarmismo y otra —ciertamente distinta— es perder noción de la realidad.

 

Poner en tela de juicio el derecho a la propiedad a través de la toma de campos fogoneadas por integrantes del Poder Ejecutivo Nacional, no es la mejor forma de reconstruir la confianza que el kirchnerismo ha perdido. La posición asumida por dos ministros y dos secretarios de Estado en el caso Etchevehere —de inequívoco respaldo a Juan Grabois y a los responsables del Proyecto Artigas— es jugar con fuego al borde de un polvorín. Si los avances contra la propiedad se extienden —y hay casos, de distinta gravedad, en doce provincias— tarde o temprano lo que va a suceder será la reacción violenta de los propietarios de terrenos o campos intrusados, en contra de los invasores.

 

En cualquier momento se repetirá, en alguna estancia o granja de Entre Ríos o de Guernica, de San Martín de los Andes o de Corrientes, de Salta o de Mendoza, un fenómeno que ha ganado espacio en las villas y barrios carenciados, y no circunscripto al Gran Buenos Aires: la justicia por mano propia, con base en el linchamiento de los sospechosos de haber cometido un delito impune.

 

Al día de hoy se contabilizan, a lo largo y ancho del país, quince hechos de esta naturaleza que hacen recordar, salvando las diferencias, a Fuenteovejuna. Cuando el Estado es un actor pasivo delante de la delincuencia y no ejerce, como corresponde a su naturaleza, el monopolio de la violencia legítima, el vacío que ello genera tiene como consecuencia la así llamada ley de Lynch. Nunca habían ocurrido episodios reiterados de este tipo en distintos lugares de la geografía nacional, en un mismo momento. Tampoco las tomas de tierras estaban a la orden del día, como hoy. Son los efectos más visibles del estado de disgregación en el que nos encontramos. Con la particularidad de que las autoridades, o no se dan cabal cuenta de la seriedad de la situación, o son incapaces de reaccionar y aguardan quese produzca un milagro.

 

La mención hecha al milagro viene a cuento de la inoperancia o la desidia con que se mueven el presidente y sus ministros. No sería de descartar que Alberto Fernández y Martín Guzmán —sintiéndose desbordados pero, al propio tiempo, sabedores de que si lo reconociesen durarían lo que un suspiro en su respectivos cargos— hayan optado por huir hacia adelante, a la espera de que los dólares de la soja —que comenzarían a entrar a las arcas públicas en marzo— los salvase del naufragio. De lo contrario, no se explica esa tendencia tan marcada de atacar un cáncer recurriendo a las aspirinas. Imaginar —siquiera fuese en sueños— que se podrá contener al dólar con emisión de deuda atada al tipo de cambio, no resiste análisis. Pero quien lo cree a pie juntillas es el mismo que pontifica que el dólar blue carece de efectos en la economía real. Por momentos, el titular de la cartera de Hacienda mide menos que un estudiante de finanzas de primer año; y si lo que sostiene es parte de una estrategia comunicacional dirigida a atemperar los ánimos y dar la impresión de que no hay motivos para preocuparse demasiado, ciertamente lo que ha obrado es el efecto contrario.

 

Dando por sentado que nos hemos llevado al iceberg por delante y que deberemos sufrir las consecuencias, no es pecar de pesimista decir que hay flagelos de los cuales a esta altura no podremos salvarnos —pobreza extrema e indigencia, recesión creciente, alta inflación y, más temprano que tarde, una devaluación que llevará el salario real al sótano— y otros que el gobierno sólo estará en condiciones de evitar —enfrentamientos a mano armada, linchamientos, confiscaciones, y deterioro del tinglado institucional— en tanto y en cuanto reaccione a la brevedad, asuma la dimensión de la crisis y se halle dispuesto a elaborar un plan de acción acorde con la gravedad del caso.

 

En nuestro horizonte no se recorta la sombra de Venezuela básicamente por una razón: la inexistencia de fuerzas armadas y de seguridad dispuestas a avalar un proceso dictatorial del kirchnerismo, a expensas de la mayoría de los argentinos. Sí comienzan a distinguirse los rasgos sombríos de la anarquía que —contra la noción común— no se caracteriza por la ausencia del poder sino por su proliferación.

 

Si el que debe mandar desfallece, ganan espacio en el escenario, y hasta pueden terminar aduenandose de partes del mismo, los piqueteros y los mapuches, los chacareros y los movimientos sociales, el Instituto Patria y los gobernadores, los ladrones y los policias, los partidos opositores y los mercados, los contribuyentes, los narcotraficantes y las fuerzas armadas. Los procesos anárquicos se dan cuando los poderes formales y fácticos quedan librados a la buena de Dios, hasta tanto aparezca el Leviathan y reestablezca el orden. Todavía los dos Fernández no han perdido el control del espacio político. Pero el tiempo se agota. La bomba ya explotó. En todo caso, lo que nadie sabe es si algunas de las consecuencias nefastas que traerá aparejadas el estallido podrán atemperarse.


jueves, 29 de octubre de 2020

UN ATAQUE TERRORISTA


en la basílica de Niza

Infobae, 29 de Octubre de 2020

 

El ataque se produjo hacia las 9 (hora local, 5 GMT) dentro de la basílica Notre-Dame, en pleno corazón de esta ciudad de la Riviera Francesa. El atacante, que intentó esconderse en un baño de la iglesia, fue detenido y está siendo interrogado, tras ser trasladado a un hospital.

 

“Todo hace suponer un atentado terrorista en el interior de la Basílica de Notre Dame”, señaló el alcalde de la ciudad, Christian Estrosi, y la fiscalía antiterrorista abrió una investigación. Según relató Estrosi, el atacante repetía “Allahu Akbar” (Dios es grande) mientras era atendido por el personal médico.

 

El gobierno elevó a “urgencia atentado” el nivel de alerta en todo el país tras el ataque. Después del atentado, un hombre fue abatido en la ciudad de Avignon cuando amenazaba con un cuchillo a policías y se conoció que un sujeto apuñaló a un guardia de seguridad en un consulado francés en Arabia Saudita.

 

Por el momento, se conoció que las víctimas son dos mujeres y un hombre. Al respecto, el alcalde confirmó que murió el párroco de la basílica. A su vez, la prensa local informó que una de las víctimas sería una anciana de 70 años que fue decapitada por el agresor, mientras que la otra mujer consiguió salir del templo y buscó ayuda en un café cercano, pero no logró sobrevivir a las heridas.

 

Nuestra Señora de Niza es un templo neogótico situado en pleno centro de la ciudad de la Riviera Francesa. En el momento del ataque, no se celebraba una misa o servicio religioso, pero las puertas estaban abiertas a quien quiera acercarse a orar.

 

El ministro del Interior francés, Gérald Darmanin, anunció en Twitter una “reunión de crisis”. La Prefectura de la policía de la región Alpes Marítimos señaló que hay una operación en curso en esa zona de la ciudad pero no avanzó más detalles.

 

Se creía que el hombre había actuado solo, dijo la policía, que todavía no divulgó detalles sobre su identidad.

La férrea defensa del mandatario francés Emmanuel Macron al derecho a la libertad de expresión, tras el asesinato de un profesor, decapitado en un ataque por mostrar algunas caricaturas de Mahoma, desató una ola de protestas en los países musulmanes y un boicot en algunos países hacia los productos franceses. Líderes internacionales como el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, han acusado a Macron de xenofobia y de ser “hostil” con el islam.

 

“Una vez más, en las circunstancias tan difíciles que atraviesa nuestro país, no pudo más que llamar a la unidad y la cohesión de los representantes nacionales”, dijo el primer ministro, Jean Castex, que abandonó de forma precipitada la sede parlamentaria para dirigirse al Ministerio del Interior.

 

Niza, una ciudad de poco más de 500.000 habitantes, ya fue escenario de un atentado el 14 de julio de 2016, cuando en plena fiesta nacional un terrorista embistió con su camión a los cientos de personas que se agolpaban en el Paseo de los Ingleses. Más de 80 personas perdieron la vida entonces.

 

El Vaticano informó que el papa Francisco estaba al tanto de lo ocurrido y rezaba por las víctimas, así como por el cese de la violencia. La Conferencia de Obispos de Francia (CEF) describió como “incalificable” el ataque y dijo que “los cristianos no deben convertirse en un símbolo a destruir”.

 

“Estamos conmovidos, muy afectados y en una especie de asombro frente a este tipo de acto indescriptible”, dijo a la AFP el portavoz de la CEF, el padre Hugues de Woillemont. “Es urgente luchar contra esta gangrena que es el terrorismo, así como es urgente poner en marcha una fraternidad concreta en nuestro país”, añadió.

 

El presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, dijo sentirse “profundamente conmocionado” por el ataque y formuló un llamado a la unidad “contra la violencia y quienes incitan y propagan el odio”. En un mensaje en Twitter, Sassoli apuntó que “el dolor es sentido por todos nosotros en Europa”.

 

Los diputados franceses, que debatían el nuevo confinamiento nacional decidido la víspera y que entrará en vigor este jueves a medianoche, observaron un minuto de silencio tras enterarse de lo sucedido.

 

(Con información de AFP)


miércoles, 28 de octubre de 2020

LA GEOPOLÍTICA

 


DE LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES

Alexander Dugin

 

15.10.2020

 

La misma expresión “la geopolítica de las elecciones estadounidenses” suena muy inusual e inesperada. Desde los años 30 del siglo XX, el enfrentamiento entre los dos principales partidos estadounidenses, los republicanos “rojos” (Great Old Party – GOP) y los demócratas “azules”, se ha convertido en una competencia basada en un acuerdo frente a los principios básicos en la política, la ideología y la geopolítica aceptados por ambas partes. La élite política de Estados Unidos se basó en un consenso profundo y completo, en primer lugar, en la lealtad al capitalismo, el liberalismo y el establecimiento de Estados Unidos como la principal potencia del mundo occidental.

 

Independientemente de si estamos tratando con los “republicanos” o con los “demócratas”, uno podría estar consciente de que su visión del orden mundial era casi idéntica:

 

globalista,

liberal,

unipolar

atlantista y

centrado en los Estados Unidos.

Esta unidad tuvo su expresión institucional en el Consejo de Relaciones Exteriores – CFR (Council on Foreign Relations), creado durante la celebración del acuerdo de Versalles como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y que reunió a representantes de ambas partes. El papel del CFR creció constantemente y después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en la sede principal del creciente globalismo. En las primeras etapas de la Guerra Fría, el CFR permitió que los sistemas convergieran con la URSS sobre la base de los valores compartidos de la Ilustración. Pero debido al fuerte debilitamiento del campo socialista y la traición de Gorbachov, la “convergencia” ya no era necesaria, y la construcción de una paz global estaba en manos de un polo: el del ganador de la Guerra Fría.

 

El comienzo de la década de los 90 del siglo XX se convirtió en un minuto de gloria para los globalistas y el propio CFR. A partir de ese momento, el consenso de las élites estadounidenses, independientemente de la afiliación partidista, se fortaleció aún más, y las políticas de Bill Clinton, George W. Bush o Barack Obama, al menos en temas importantes de política exterior y lealtad a la agenda globalista, prácticamente no fueron diferentes. Por parte de los republicanos, el análogo “derechista” de los globalistas (representados principalmente por los demócratas), fueron los neoconservadores, quienes expulsaron a los paleoconservadores del partido después de los años 80, es decir, aquellos republicanos que seguían tradiciones aislacionistas y se mantuvieron fieles a los valores conservadores, característicos del Partido Republicano, hasta principios del siglo XX y de los primeros tiempos de la historia de Estados Unidos.

 

Sí, demócratas y republicanos estaban en desacuerdo en política fiscal, en materia de medicina y seguros (aquí los demócratas estaban económicamente a la izquierda y los republicanos a la derecha), pero esta era una disputa en el marco del mismo modelo, que de ninguna manera o casi nunca afectó a los principales vectores de la política, por no hablar de la política extranjera. En otras palabras, las elecciones en los Estados Unidos no tenían ningún significado geopolítico y, por lo tanto, una combinación como “la geopolítica de las elecciones estadounidenses” no se utilizaba debido a su falta de sentido o sin sentido.

 

Trump destruye el consenso

 

Todo cambió en 2016, cuando el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó inesperadamente al poder. En la propia América, su llegada se convirtió en algo completamente excepcional. Todo el programa de campaña de Trump se basó en las críticas al globalismo y a las élites estadounidenses gobernantes. En otras palabras, Trump desafió directamente el consenso bipartidista, incluido el ala neoconservadora de su partido republicano, y … ganó. Por supuesto, 4 años de presidencia de Trump han demostrado que es simplemente imposible reformar por completo la política estadounidense de una manera tan inesperada, y Trump tuvo que hacer muchos compromisos, incluido el nombramiento del neoconservador John Bolton como su asesor de seguridad nacional. Pero a pesar de todo, trató de seguir su línea, al menos en parte, lo que enfureció a los globalistas. Así, Trump cambió drásticamente la estructura misma de las relaciones entre los dos principales partidos estadounidenses. Bajo su mando, los republicanos han regresado en parte a las posiciones del nacionalismo estadounidense características del Partido Republicano temprano, de ahí las consignas de America first! o Let’s make America great again! Esto provocó una radicalización de los demócratas, quienes, a partir del enfrentamiento entre Trump y Hillary Clinton, de hecho, declararon una guerra real a Trump y a todos los que lo apoyaron en un nivel político, ideológico, mediático, económico, etc.

 

Durante 4 años esta guerra no se detuvo ni un instante y hoy, en vísperas de las nuevas elecciones, alcanzó su punto culminante. Todo esto se manifestó:

 

en la amplia desestabilización del sistema social,

 en la rebelión de elementos extremistas en las principales ciudades de Estados Unidos (con el apoyo casi abierto de las fuerzas anti-Trump del Partido Demócrata),

en la demonización directa de Trump y sus partidarios, quienes, en caso de la victoria de Biden, se enfrentan al ostracismo real, sin importar el cargo que ocupen,

acusan a Trump y a todos los patriotas y nacionalistas estadounidenses de ser fascistas,

a un intento de presentar a Trump como un agente de fuerzas externas, en primer lugar, Vladimir Putin, etc.

La feroz confrontación interpartidaria, en la que algunos de los propios republicanos, principalmente los neoconservadores (como Bill Kristol, además de los principales ideólogos de los neoconservadores), se opusieron a Trump, provocó una fuerte polarización en toda la sociedad estadounidense. Y hoy, en el otoño de 2020, en el contexto de la constante epidemia del Covid-19 y sus consecuencias sociales y económicas asociadas, la carrera electoral es algo completamente diferente de lo que fue en los últimos 100 años de la historia estadounidense, comenzando con Versalles, los 14 puntos globalistas de Woodrow Wilson y la creación del CFR.

 

Años 90: un minuto de gloria para los globalistas

 

Por supuesto, no fue Donald Trump quien rompió personalmente el consenso globalista de las élites estadounidenses, poniendo a Estados Unidos al borde de una Guerra Civil a toda regla. Trump se ha convertido en un síntoma de profundos procesos geopolíticos desde principios de la década del 2000.

 

En los años 90 del siglo XX, el globalismo alcanzó su clímax, el campo soviético estaba en ruinas, los agentes directos de los Estados Unidos estaban en el poder siendo líderes de Rusia y China, quienes comenzaban a copiar obedientemente el sistema capitalista, lo que creó la ilusión del inminente “fin de la historia” (F. Fukuyama). Al mismo tiempo, a la globalización sólo se opusieron abiertamente las estructuras extraterritoriales del fundamentalismo islámico, a su vez controladas por la CIA y los aliados de Estados Unidos de Arabia Saudita y otros países del Golfo, y varios “Estados rebeldes”, como el Irán chiíta y la todavía comunista Corea del Norte, que son grandes en sí mismos, pero no representaban un peligro verdadero. Parecía que la dominación del globalismo era total, el liberalismo seguía siendo la única ideología que sometía a todas las sociedades y el capitalismo seguía siendo el único sistema económico. Antes de la proclamación del Gobierno Mundial (y este es el objetivo de los globalistas y en particular, la culminación de la estrategia CFR) solo quedaba un paso.

 

Los primeros signos de la multipolaridad

 

Pero desde principios de la década de 2000, algo salió mal. Con Putin se detuvo la desintegración y la mayor degradación de Rusia, cuya desaparición final de la arena mundial era una condición necesaria para el triunfo de los globalistas. Tras emprender el camino de la restauración de la soberanía, Rusia ha recorrido una gran distancia en los últimos 20 años, convirtiéndose en uno de los polos más importantes de la política mundial, por supuesto, todavía muchas veces inferior al poder de la URSS y el campo socialista, pero ya no obedeciendo servilmente a Occidente, como lo era en los años 90 …

 

Paralelamente, China, armada con la liberalización de su económica, retuvo el poder político en manos del Partido Comunista, evitando el destino de la URSS, el colapso, el caos, la “democratización” según los estándares liberales y gradualmente se convirtió en la mayor potencia económica solo comparable a Estados Unidos.

 

En otras palabras, existían requisitos previos para un orden mundial multipolar que, junto con el propio Occidente (los Estados Unidos y los países de la OTAN), tenía al menos dos polos bastante importantes y de peso: la Rusia de Putin y China. Y cuanto más lejos, más claramente emergió esta imagen alternativa del mundo, en la que, junto con el Occidente liberal globalista, de otro tipo de civilizaciones, basadas en estos polos que crecían en poder: la China comunista y la Rusia conservadora se daban a conocer cada vez más. Los elementos del capitalismo y el liberalismo están presentes tanto allí como allá. Todavía no se trate de una alternativa ideológica real, no es la contrahegemonía (según Gramsci), pero ya son algo. Sin convertirse en algo multipolar en el sentido pleno, en la década del 2000 el mundo dejó de ser inequívocamente unipolar. El globalismo comenzó a ahogarse, a desviarse de su trayectoria prevista. Esto fue acompañado por una división emergente entre Estados Unidos y Europa Occidental. Además, en los países de Occidente se inició el auge del populismo de derecha e izquierda, en el que se manifestó el creciente descontento de la sociedad con la hegemonía de las élites liberales globalistas. El mundo islámico tampoco detuvo su lucha por los valores islámicos que, sin embargo, dejó de identificarse estrictamente con el fundamentalismo (controlado de una forma u otra por los globalistas) y comenzó a adquirir formas geopolíticas más claras:

 

ascenso del chiísmo en el Medio Oriente (Irán, Irak, Líbano, en parte en Siria),

crecimiento de la independencia – hasta entrar en conflictos con los EE.UU. y la OTAN – de la Turquía sunita de Erdogan,

fluctuaciones de los países del Golfo entre Occidente y otros centros de poder (Rusia, China), etc.

El momento Trump: el gran cambio

 

Las elecciones estadounidenses del 2016, que fueron ganadas por Donald Trump, se llevaron a cabo en este contexto, en un momento de grave crisis del globalismo y, en consecuencia, de las élites globalistas gobernantes.

 

Fue entonces que, debido a la fachada del consenso liberal, surgió una nueva fuerza, esa parte de la sociedad estadounidense que no quería identificarse con las élites globalistas dominantes. El apoyo de Trump se ha convertido en un voto de desconfianza a la estrategia del globalismo, no solo contra los demócratas, sino también contra los republicanos. Así, la escisión se reveló en la propia ciudadela del mundo unipolar, en la sede de la globalización. Aparecieron bajo la espesura del desprecio los deplorables, la mayoría silenciosa, la mayoría desposeída (V. Robertson). Trump se ha convertido en un símbolo del despertar del populismo estadounidense.

 

Así que la política real volvió a los Estados Unidos, de nuevo se trata de una disputa ideológica, de la cancel culture, de los BLM, donde la destrucción de monumentos de la historia estadounidense se convirtió en la expresión de una profunda división en la sociedad estadounidense al interior de sus temas más fundamentales.

 

El consenso estadounidense se ha derrumbado.

 

De ahora en adelante, élites y masas, globalistas y patriotas, demócratas y republicanos, progresistas y conservadores se han convertido en polos independientes y de pleno derecho, con sus propias estrategias, programas, puntos de vista, evaluaciones y sistemas de valores alternativos. Trump hizo estallar a Estados Unidos, rompió el consenso de la élite, descarriló la globalización.

 

Por supuesto, no lo hizo solo. Pero él audazmente, tal vez bajo alguna influencia ideológica del atípico conservador y antiglobalista Steve Bannon (un caso raro de un intelectual estadounidense familiarizado con el conservadurismo europeo, e incluso con el tradicionalismo de Guénon y Evola), fue más allá del discurso liberal dominante, abriendo así una nueva página en la historia de la política estadounidense. En esta página, leemos claramente la fórmula “la geopolítica de las elecciones estadounidenses”.

 

Elecciones estadounidenses 2020: todo está en juego

 

Dependiendo del resultado de las elecciones de noviembre de 2020, se determinará

 

la arquitectura del orden mundial (la transición al nacionalismo y la multipolaridad de facto en el caso de Trump, la continuación de la agonía de la globalización en el caso de Biden),

la estrategia geopolítica global de Estados Unidos (América primero en el caso de Trump, un impulso desesperado hacia el Gobierno Mundial en el caso de Biden),

el destino de la OTAN (su disolución a favor de una estructura que refleje más estrictamente los intereses nacionales de Estados Unidos, esta vez como Estado, y no como bastión de la globalización en general en el caso de Trump, o la preservación del bloque atlantista como instrumento de las élites liberales supranacionales en el caso de Biden),

la ideología dominante (conservadurismo de derecha, nacionalismo estadounidense en el caso de Trump, globalismo liberal de izquierda, la eliminación final de la identidad estadounidense en el caso de Biden),

la polarización de los demócratas y los republicanos (crecimiento continuo de la influencia de los paleoconservadores en el Partido Republicano en el caso de Trump) o un retorno a un consenso bipartidista (en el caso de Biden, con un nuevo aumento de la influencia de los neoconservadores en el Partido Republicano),

e incluso el destino de la Segunda Enmienda a la Constitución (su preservación en el caso de Trump, y su posible derogación en el caso de Biden).

Estos son momentos tan importantes que el destino del Healthcare, el Muro de Trump e incluso las relaciones con Rusia, China e Irán resultan ser algo de importancia secundaria. Estados Unidos está tan profunda y fundamentalmente dividido que la pregunta ahora es si el país sobrevivirá alguna vez a estas elecciones sin precedentes. Esta vez, la lucha entre demócratas y republicanos, Biden y Trump, es una lucha entre dos sociedades agresivamente opuestas entre sí, y no un espectáculo sin sentido, de cuyos resultados nada depende fundamentalmente. Estados Unidos ha cruzado a una línea fatal. Cualquiera sea el resultado de estas elecciones, Estados Unidos nunca volverá a ser el mismo. Algo ha cambiado de manera irreversible.

 

Por eso estamos hablando de “la geopolítica de las elecciones estadounidenses”, y por eso resulta tan importante. El destino de Estados Unidos es en muchos sentidos el destino de todo el mundo moderno.

 

El fenómeno del Heartland

 

El concepto más importante de la geopolítica desde Mackinder, el fundador de esta disciplina, es el “Heartland”. El cual denota el núcleo de la civilización de la civilización de la tierra (Land Power) opuesta a la civilización del mar (Sea Power).

 

Tanto el propio Mackinder, como especialmente Carl Schmitt, quien desarrolló sus ideas y su intuición, están hablando del enfrentamiento entre dos tipos de civilizaciones, y no solo de la disposición estratégica de fuerzas en un contexto geográfico.

 

“La Civilización del Mar” encarna la expansión, el comercio, la colonización, pero también el “progreso”, la “tecnología”, los cambios constantes en la sociedad y sus estructuras, reflejando el elemento líquido del océano – la sociedad líquida de Z. Bauman.

 

Es una civilización sin raíces, móvil, en movimiento, “nómada”.

 

La “Civilización de la Tierra”, por el contrario, está asociada al conservadurismo, la constancia, la identidad, la estabilidad, la meritocracia y los valores inmutables, es una cultura con raíces, de carácter sedentario.

 

Así, el Heartland adquiere también un significado civilizatorio: no es solo una zona territorial, lo más alejada posible de las costas y los espacios marítimos, sino también una matriz de identidad conservadora, un área de fuertes raíces, una zona de máxima concentración de la identidad.

 

Al aplicar la geopolítica a la estructura contemporánea de los Estados Unidos, obtenemos una imagen asombrosamente clara. La peculiaridad de los Estados Unidos es que el país está ubicado entre dos espacios oceánicos, entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. A diferencia de Rusia, Estados Unidos no tiene un cambio tan inequívoco del centro a uno de los polos, aunque la historia de los Estados Unidos comenzó desde la costa Este y se trasladó gradualmente hacia el Oeste, y hoy, hasta cierto punto, ambas zonas costeras están bastante desarrolladas y representan dos segmentos de una pronunciada “civilización del mar” …

 

Los Estados y la geopolítica electoral

 

Y aquí es donde comienza la diversión. Si tomamos el mapa político de los Estados de Estados Unidos y lo coloreamos con los colores de los dos partidos principales de acuerdo con el principio de qué gobernadores y qué partidos dominan en cada uno de ellos, obtenemos tres franjas:

 

la Costa Este es azul, aquí se concentran grandes áreas metropolitanas y, en consecuencia, dominan los demócratas;

la parte central de los EE. UU., que es la zona del medio, esta llena de zonas industriales y agrícolas (incluida la “América de un piso”), es decir, el propio Heartland, que está pintada casi en su totalidad de rojo (la zona de influencia de los republicanos);

la Costa Oeste vuelve a ser de mega-ciudades, centros de alta tecnología y, en consecuencia, del color azul de los demócratas.

Bienvenidos a la geopolítica clásica, es decir, a la primera línea de la “gran guerra de los continentes”.

 

Por lo tanto, el EE.UU. del 2020 consta no solo de muchas (varias) civilizaciones, sino precisamente de dos zonas de civilización: el Heartland central y dos territorios costeros, que representan más o menos el mismo sistema sociopolítico, marcadamente diferente del Heartland. Las zonas costeras son el área de los demócratas. Es allí donde se ubican las semillas de la protesta más activa de BLM, LGBT +, el feminismo y el extremismo de izquierda (grupos terroristas “antifa”), involucrados en la campaña electoral de los demócratas a favor de Biden y contra Trump.

 

Antes de Trump, parecía que los Estados Unidos eran solo zonas costeras. Trump dio voz al Heartland estadounidense. Por lo tanto, se activó y se conscientizó el centro rojo de EE.UU. Trump es el presidente de esta “segunda América”, que prácticamente no está representada por las élites políticas y no tiene casi nada que ver con la agenda de los globalistas. Esta es la América de las pequeñas ciudades, de las comunidades y las sectas cristianas, las granjas o incluso de grandes centros industriales, devastados y destruidos por la deslocalización de la industria y el traslado de la industria a áreas con mano de obra más barata. Este es el Estados Unidos abandonado, traicionado, olvidado y humillado.

 

Esta es la patria de los deplorables, es decir, de los verdaderos nativos americanos, de los estadounidenses con raíces, no importa que sean blancos o no blancos, protestantes o católicos. Y este Estados Unidos del Heartland está desapareciendo rápidamente, poblado por las zonas costeras.

 

La ideología del corazón de Estados Unidos: la vieja democracia

 

Es significativo que los propios estadounidenses hayan descubierto recientemente esta dimensión geopolítica de Estados Unidos. En este sentido, es característica la iniciativa de crear todo un Instituto de Desarrollo Económico (1), enfocado en planes para reactivar las micro-ciudades, los pequeños pueblos y los centros industriales ubicados en el centro de Estados Unidos. ¡El nombre del instituto habla por sí solo “Heartland forward”, “Heartland adelante!” De hecho, esta es una interpretación geopolítica y geoeconómica del eslogan de Trump “¡Let’s make America great again!”

 

En un artículo reciente del último número de la revista conservadora American Affairs (otoño de 2020. V IV, n. ° 3), el analista político Joel Kotkin publica The Heartland’s Revival, una pieza programática sobre el mismo tema: el revivir del Heartland (2). Y aunque J. Kotkin no ha llegado todavía en el sentido pleno a la afirmación de que los “Estados rojos”, de hecho, representan una civilización diferente a las zonas costeras, se acerca a esta conclusión, desde su posición más pragmática y económica.

 

El centro de Estados Unidos es un área muy especial con una población dominada por los paradigmas de la “vieja América” ​​con su “vieja democracia”, “viejo individualismo” y “viejas” ideas sobre la libertad. Este sistema de valores no tiene nada que ver con la xenofobia, el racismo, la segregación o cualquiera de los otros términos peyorativos con los que los intelectuales y periodistas arrogantes de las áreas metropolitanas y los canales nacionales suelen usar para referirse a los estadounidenses comunes. Este es el Estados Unidos con todas sus características distintivas, solo que es el Estados Unidos autentico, tradicional, algo congelado en su voluntad original de libertad individual de la época de los padres fundadores. Está más claramente representada por la secta Amish, todavía vistiendo según el estilo del siglo XVIII, o entre los mormones de Utah, profesando un culto grotesco, pero puramente estadounidense que se parece de forma muy distante al “cristianismo”. En esta vieja América, una persona puede tener cualquier creencia, decir y pensar lo que quiera. Este es el origen del pragmatismo estadounidense: nada puede limitar ni al sujeto ni al objeto, y todas las relaciones entre ellos se aclaran solo en el proceso de la acción activa. Y nuevamente, tal acción tiene un criterio: funciona o no funciona. Y eso es todo. Nadie puede imponer a un “liberalismo tan antiguo” lo que una persona deba pensar, hablar o escribir. La corrección política no tiene sentido aquí.

 

Es aconsejable solo expresar claramente tu pensamiento, que puede ser, teóricamente, lo que sea. Esta libertad de todo, de cualquier cosa, es la esencia del “sueño americano”.

 

La Segunda Enmienda a la Constitución: Defensa Armada de la Libertad y la Dignidad

 

El Heartland de los Estados Unidos es más que solo un hecho económico y sociológico. Tiene su propia ideología. Ésta es una ideología nativa de los Estados Unidos – además, muy republicana – en parte anti-europea (especialmente anti-británica), que reconoce la igualdad de derechos y la inviolabilidad de las libertades. Y este individualismo legislativo se materializa en el libre derecho a poseer y portar armas. La segunda enmienda a la Constitución es un resumen de toda la ideología de tal Estados Unidos “rojo” (en el sentido del color del Partido Republicano). “Yo no tomo lo tuyo, pero tú tampoco tocas lo mío”. En resumen, puede tratar se de un cuchillo, una pistola, un arma, pero también de un fúsil o una ametralladora. Esto se aplica no solo a las cosas materiales, también se aplica a las creencias y formas de pensar, la libre elección política y la autoestima.

 

Pero las zonas costeras, los territorios americanos de la “Civilización del Mar”, los Estados azules están invadiéndolo todo. Esa “vieja democracia”, ese “individualismo”, esa “libertad” no tienen nada que ver con las normas de la corrección política, cada vez más intolerante y agresiva con su cultura de la cancelación, con la demolición de los monumentos a los héroes de la Guerra Civil o con el besar los pies de los afroamericanos, de las personas transgénero y los fanáticos del body positive. La “Civilización del Mar” ve a la “vieja América” ​​como un montón de deplorables (en palabras de Hillary Clinton), como una especie de “fascistoides” y “no humanos”. En Nueva York, Seattle, Los Ángeles y San Francisco, ya estamos lidiando con una América diferente – con la América azul de los liberales, los globalistas, los profesores posmodernos, los defensores de la perversión y el ateísmo prescriptivo ofensivo que expulsa de la zona de todo lo permisible cualquier cosa que se parezca a la religión, la familia, la tradición.

 

La Gran Guerra de los Continentes en Estados Unidos: la proximidad del fin

 

Estas dos Américas, la América de la tierra y la América del mar, se han unido hoy en una lucha irreconciliable por su presidente. Además, tanto los demócratas como los republicanos, obviamente, no tienen la intención de reconocer a un ganador si este proviene del campo opuesto. Biden está convencido de que Trump “ya ha falsificado los resultados electorales”, y su “amigo” Putin “ya ha intervenido en ellos” con la ayuda del GRU, los “novichok” [1], los trolls Olga y otros ecosistemas multipolares de “propaganda rusa”. En consecuencia, los demócratas no tienen la intención de reconocer la victoria de Trump. No es una victoria, sino una farsa.

 

Casi que también lo mismo lo consideran los republicanos más consistentes. Los demócratas utilizan métodos ilegales en la campaña electoral; de hecho, se está produciendo una “revolución de color” en los propios Estados Unidos, dirigida contra Trump y su administración. Y detrás hay huellas completamente transparentes de sus organizadores, de los principales globalistas y opositores a Trump, como George Soros, Bill Gates y otros fanáticos de la “nueva democracia”, los representantes más brillantes y consistentes de la “civilización del mar” estadounidense. Por lo tanto, los republicanos están listos para llegar hasta el final, especialmente porque la amargura de los demócratas en los últimos 4 años contra Trump y sus designados es tan grande que, si Biden termina en la Casa Blanca, la represión política contra una parte del establecimiento estadounidense, al menos contra todos los designados por Trump, tendrá una escala sin precedentes.

 

Así es como una barra de chocolate americano se rompe ante nuestros ojos: las líneas delineadas de una posible ruptura se convierten en los frentes de una guerra real.

 

Esta ya no es solo una campaña electa, es la primera etapa de una Guerra Civil en todo su sentido.

 

En esta guerra, chocan dos Américas: dos ideologías, dos democracias, dos libertades, dos identidades, dos sistemas de valores mutuamente excluyentes, dos políticas, dos economías y dos geopolíticas.

 

Si entendiéramos lo importante que es ahora la “geopolítica de las elecciones estadounidenses”, el mundo aguantaría la respiración y no pensaría en nada más, ni siquiera en la pandemia de Covid-19 o las guerras, conflictos y desastres locales. El centro de la historia mundial, el centro que determina el destino del futuro de la humanidad, es precisamente la “geopolítica de las elecciones estadounidenses”, el escenario estadounidense de la “gran guerra de los continentes”, la Tierra estadounidense contra el Mar estadounidense.

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

 

 

Notas:

 

1. https://heartlandforward.org/

 

2. https://americanaffairsjournal.org/2020/08/the-heartlands-revival/

 

Notas del Traductor:

 

1. Novichok (en ruso новичо́к: ‘Novato’) es una familia de agentes nerviosos que se desarrollaron en la Unión Soviética en los años 1970 y 1980. Algunas fuentes los califican como los agentes nerviosos más mortales que jamás se hayan hecho, con algunas variantes posiblemente cinco a ocho veces más potente que el VX, aunque esto nunca ha sido probado.