sábado, 29 de mayo de 2021

211 AÑOS DEL EJÉRCITO ARGENTINO

 


 herramienta esencial de la Patria

El 29 de mayo de 1810, la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata reorganizó las milicias de Buenos Aires. Ese día marcó el origen del Ejército Argentino

Infobae, 29 de Mayo de 2021

 

Desde las mismas jornadas de la histórica revolución de 1810 hasta estos días, el Ejército ha dado incontables testimonios de servicios a la Nación. Por ello, su historia no es ajena a la historia de nuestro país. Fue un Ejército libertador de media América, y posteriormente, fue motor de la industria pesada y del desarrollo económico, en definitiva, una institución siempre comprometida con el progreso de la Nación.

 

Hoy, el Ejército Argentino es una Fuerza Armada profesional cuya doctrina de empleo, centrada en su misión principal de defender a la Patria, demanda altas exigencias de formación y adiestramiento. Sus hombres y mujeres se forman en conocimientos y habilidades específicas, como así también en un conjunto de valores necesarios para el uso regulado y el empleo moral de la fuerza en defensa de los intereses de la Nación y la protección de sus habitantes. Para ello llevan a cabo una rigurosa educación a lo largo de toda su carrera que les permita alcanzar las competencias necesarias que requiere la profesión. Son militares profesionales, que juraron defender nuestra Nación hasta perder la vida si fuera necesario.

 

Estos últimos catorce meses, ante la crisis provocada por la emergencia sanitaria mundial, los hombres y mujeres del Ejército realizaron, y aún realizan, un sinfín de actividades, desde asesorar en función de su capacidad de planeamiento a los órganos de emergencia, pasando por la ejecución de reconocimientos aéreos y evacuaciones de pacientes, hasta la preparación y distribución de comida y el empleo pleno de sus hospitales y personal de sanidad.

 

Una de las principales acciones llevadas a cabo es la modernización de su sistema educativo en línea con la Ley Nacional de Educación, a través del cual, ha definido a la educación como la actividad más importante a desarrollar en tiempo de paz consciente de que es la llave de acceso al futuro. Por ello ha diseñado y puesto en práctica una amplia oferta educativa, extensiva en su mayor parte a toda la ciudadanía, que incluye la educación en los Liceos Militares, diversas tecnicaturas para la formación de los suboficiales, carreras de grado en el Colegio Militar de la Nación y el dictado de carreras de grado y postgrado en sus facultades.

 

Pero el Ejército no se detiene y busca nuevos horizontes, en el marco de los cuales procura desarrollar y alcanzar un alto grado de interoperabilidad con los ejércitos de la región, en el convencimiento que la confianza mutua contribuirá a hacer de nuestra región una zona de paz para todos sus habitantes. Los ejercicios de adiestramiento operacional realizados con la República Federativa del Brasil y la Fuerza de Paz Combinada “Cruz del Sur”, organizada entre Argentina y Chile son una muestra clara de ello.

 

Para alcanzar esos objetivos, es necesario que sus soldados dispongan de material moderno que les permita desarrollar plenamente su vocación y dentro de los más estrictos márgenes de seguridad posible. Por ello, ha generado grandes esperanzas la promulgación de la Ley del Fondo para la Defensa (FONDEF), que constituye un horizonte de expectativas y motivación al conjunto de la Fuerza, que permitirá encarar iniciativas de reequipamiento y modernización de material.

 

A casi cuarenta años de la Guerra de Malvinas, sin ninguna duda el Ejército Argentino acompaña desde siempre a la Nación en las diferentes circunstancias por las que esta atraviesa y, fiel a su legado histórico, da respuestas concretas y oportunas a los desafíos de cada momento. La vocación de servicio es su motor, los impulsa y sostiene cada vez que la Patria los necesita.

EL GOBIERNO

 

 

 


creería que a Washington le importa China, no el acercamiento a Venezuela

por Carlos Tórtora

Informador Público, 28-5-21


Dos hechos de la política exterior impactaron en las últimas horas.

En un cambio abrupto de su política exterior, Alberto Fernández instruyó al canciller Felipe Solá que Argentina votara a favor de crear una comisión en Naciones Unidas para investigar las presuntas violaciones a los derechos humanos cometidas por Israel cuando enfrentó los múltiples ataques terroristas ejecutados por Hamas desde la Franja de Gaza. El segundo hecho consiste en que la Argentina retiro su denuncia ante la Corte Penal internacional por las violaciones de derechos humanos en Venezuela.

 

La oposición reaccionó condenando estos cambios que nos alejan de la postura de los EEUU y la Unión Europea para acercarnos a Rusia, China y Cuba. Estos episodios dan una pauta del rumbo que van a seguir las negociaciones con el Club de París y el FMI, siendo que los socios principales de ambas entidades condenan al régimen bolivariano y al grupo terrorista Hamas. Se va completando así el círculo abierto con el alejamiento de Argentina del Grupo de Lima.

 

Un tema obsesivo

El actual giro de la política exterior se puede confrontar con los últimos pasos de la relación entre la Casa Rosada y la Casa Blanca. Durante abril, recalaron en Buenos Aires dos enviados especiales de Washington. El primero fue el jefe del Comando Sur, almirante Craig S. Faller, que fue seguido por Juan González, asistente especial y consejero enviado por el presidente norteamericano, Joe Biden.

 

Ambos, en sus reuniones con Alberto Fernández, plantearon la relación estratégica que desarrolla la Argentina con China como una preocupación para la influencia de Estados Unidos. Se habló de apuntar contra la pesca ilegal china en el Mar Argentino y definirla como una hipótesis de conflicto regional. Pero también se habló de la concesión de la Hidrovía.

 

Es sabido que Shanghai Dredging, una subsidiaria de la China Communications Construction Company (CCCC) del Gobierno chino, es una de las cinco empresas que quieren participar por la licitación del dragado del tramo argentino de la hidrovía, que va por los ríos Paraguay y Paraná y que la cancillería china pretendía que la licitación se abriera este año. En lo inmediato y por un año, el gobierno decidió prorrogar la actual concesión y el avance chino quedó en veremos. En el entorno del presidente circula una interpretación que dice lo siguiente: a la administración Biden le importa ante todo que la Argentina modere su acercamiento a China y sólo en mucha menor medida su alineamiento en relación a Venezuela. En otras palabras, que el Departamento de Estado regularía la relación bilateral en función de lo que pase con el gigante asiático y sin darle mayor importancia a las piruetas argentinas en el marco regional. Esta interpretación -según la misma fuente- le abriría un espacio al gobierno para moverse con cierta libertad. El nuevo acercamiento a Venezuela le serviría al kirchnerismo para reconstruir su eje electoral supuestamente antimperialista y anti FMI, lo que le permitiría fidelizar a su electorado progresista.

miércoles, 26 de mayo de 2021

ESTRATEGIA EN ÉPOCAS DE PANDEMIA

 


 ¿qué se puede aprender de la crisis del coronavirus?

Gustavo Jorge L. Motta

General de División (R) del Ejército Argentino

Infobae, 26-5-21

 

Una crisis es una situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o proceso. Tiene elementos incomprensibles, como la incertidumbre, el orden y el desorden, lo previsible e imprevisible, la sorpresa y la falta de información. Todos ellos se cruzan en difusos límites junto a una sensación de pérdida de control.

 

El coronavirus afectó la vida de todos y dejó amigos y conocidos en el camino. Desató una severa crisis a nivel mundial, regional y nacional que pone a prueba diariamente a líderes y especialistas de todos los campos, en particular, a aquellos del área salud, para encontrar lo antes posible las mejores soluciones ante una sociedad que aguarda expectante y preocupada.

 

 

Pero las crisis también pueden motivar a la reflexión y el aprendizaje, a fin de mejorar la toma de decisiones, continuar un duro sendero y estar mejor preparados en todos los ámbitos ante eventos futuros de cualquier naturaleza. ¿Qué cosas se podrían haber preparado e implementado mejor?, ¿cómo concebir una buena estrategia y para qué?, ¿cómo mejorar el trabajo integrado y previsor?, ¿con qué medios y capacidades se podrían contar en forma inmediata?, ¿cómo generar recursos con valor agregado?, ¿de qué manera se puede usar mejor lo que se dispone? En fin, hay un sinnúmero de preguntas que se podría hacer para entender el pasado inmediato y prepararse mejor para el mañana.

 

Los problemas actuales son globales, complejos, polifacéticos e inéditos. Exigen actuar rápido y en forma eficiente porque las sociedades demandan respuestas casi inmediatas, aún cuando no se posea la cantidad y calidad de los medios necesarios para hacerlo.

 

Los tiempos de crisis pueden determinar cambios significativos en organizaciones y sociedades enteras. El mundo requiere, en todos los ámbitos, novedosas formas de liderazgo que, respaldadas por estructuras y procesos de gestión adecuados, desarrollen estrategias, campañas y operaciones exitosas. Disponer de una actitud positiva y proactiva en todos los niveles de decisión es inicialmente esencial para transmitir calma, prudencia y por qué no, fortaleza. Lo que se haga en este sentido es importante para generar actitudes y conductas imitables.

 

En estrategia se debe aprender a pensar con una lógica diferente. El mundo se encuentra en un punto de inflexión, caracterizado por acelerados cambios tecnológicos, sociales y políticos que generan complejas interacciones. La supremacía del campo informativo le agrega dificultad a la toma de decisiones. El estratega se debe adaptar en forma permanente a estos nuevos entornos, lo cual facilitará identificar objetivos y fijar líneas de acción claras, priorizar y asignar mejor recursos nunca suficientes, hacer un seguimiento permanente y comunicar en forma adecuada.

 

En general, las soluciones a los probables escenarios a enfrentar poseen dos dimensiones. Una de tipo inmediato asociada a las posibles contingencias del más corto plazo; y otra, que demanda la concepción y diseño de previsiones sólidas y duraderas. Ambas se conectan estrechamente. Para la primera, se responde con lo que se dispone en el momento. Para la segunda, se necesita la programación y el desarrollo de sólidas herramientas en el más largo plazo.

 

En estrategia no existen soluciones mágicas ni remedios universales inmediatos. Lo que se usó en otras geografías es seguramente muy útil y debe ser tenido en cuenta, pero se circunscribe a precisas circunstancias de tiempo y lugar. Porque los escenarios son únicos e irrepetibles y las decisiones para enfrentarlos deben adaptarse a las condiciones particulares.

 

Los riesgos se pueden reducir pero nunca desaparecen. Las fallas de previsión aumentan costos y repotencian o generan nuevos riesgos. Su cálculo permite, además de minimizarlos, disponer de mejor información, armonizar los medios disponibles y prever capacidades equilibradas para responder mejor.

 

En estrategia es habitual que se deba elegir entre imperativos contradictorios. Concebir una estrategia amplia y general en los máximos niveles organizacionales ayuda a encontrar soluciones, priorizar objetivos y ordenar medios, estructuras y procesos. Favorece la capacidad de respuesta y contribuye a generar espacios de actuación positivos, facilitando la interacción en todos los ámbitos y promoviendo una mejor gestión. Pero se debe recordar que no existe la estrategia perfecta o, incluso, el plan perfecto. Pensar lo contrario es desconocer la naturaleza misma de la estrategia y la existencia de otros actores.

 

En tiempos normales es menester elaborar e implementar también estrategias derivadas, que generen capacidades en un triple rol, es decir, de prevención, contención y respuesta. Ellas pueden ser acompañadas por el desarrollo de eventuales reservas a aplicar cuando se las necesite. La sustentabilidad de estas estrategias es proporcional al desarrollo de capacidades. Por esta razón, no deben estar sujetas a marchas y contramarchas que afectan a toda la cadena estratégica.

 

Cuando hay una crisis, se ponen en evidencia las debilidades y fortalezas de las organizaciones y estructuras decisionales. Ello facilita identificar las áreas, procesos y mecanismos de coordinación plausibles de mejora. Las crisis pueden acelerar cambios que anteriormente se avizoraban más o menos pausados. La respuesta inmediata en estos casos apela a reducir, lo más pronto posible, la brecha entre lo planificado y el escenario a enfrentar, tener versatilidad en los sistemas y dosificar capacidades disponibles.

 

Las estrategias para ser creíbles requieren de medios que las respalden y voluntad para ejecutarlas. Los enredados problemas del siglo XXI demandan una sostenida inversión para generar recursos humanos, materiales, científicos y técnicos de calidad y suficientes en aptitud de dar una respuesta más o menos inmediata. Ellos no constituyen un gasto sino una inversión. Contar con sistemas de gestión del talento y del conocimiento respalda la generación de valor y además facilita disponer de personas capaces de enfrentar cualquier desafío.

 

Ante este tipo de ambientes inciertos, cobran especial importancia los sistemas basados en la tecnología de la información. Su real utilidad deriva de la calidad informativa y de la estrategia seleccionada. Si la estrategia es acertada, el sistema oficiará como factor multiplicador positivo, pero si es errónea será de muy poca utilidad o contraproducente.

 

Obtener libertad de acción es la clave en cualquier estrategia. Cuanto más grande sea, menor será la dependencia de otros actores. En el mundo actual, nadie puede ser totalmente autosuficiente en ningún ámbito y espacio. La aparición de escenarios competitivos y cooperativos será la norma y se debe estar preparado. Identificar intereses comunes constituye un acto de voluntad, un arte y una ciencia. Promueve el logro de consensos y acuerdos de largo plazo que, en definitiva, apuntan a obtener los fines buscados. El desarrollo de estrategias cooperativas que evadan en forma inteligente la eventual generación de dependencias claves es un activo esencial en cualquier estrategia.

 

En un mundo globalizado, se presentan nuevos desafíos multidisciplinarios para las organizaciones e instituciones. Sistematizar el trabajo interagencial, a partir de la construcción de metodologías y procedimientos comunes de colaboración y coordinación, es la forma de lograr mejorar procesos y resultados. Las culturas organizacionales particulares deben propender al trabajo integrado. No se trata de evitar diferentes perspectivas y visiones, de por sí muy saludables, sino de lograr una mejor interacción, coordinación e integración. Caso contrario no existirá la sinergia deseada cuando se la necesita.

 

A la hora de enfrentar una crisis prolongada, se pone a prueba la capacidad de resiliencia de los grupos humanos. Disponer de aptitudes para remontar procesos y resultados adversos y restablecer el funcionamiento de los sistemas a condiciones aceptables, es prioritario.

 

Las crisis empiezan pero también finalizan. Y para cuando ello ocurra, hay que estar preparados. Ello supone, además de tener una estrategia de salida que implique un mejor estado favorable a los propios intereses, anticipar un cambio de escenario, reorganizarse y poner en marcha nuevos roles, gestiones y procesos.

 

Adaptarse a los cambios sin olvidar los valores que indicaron nuestros próceres ayuda a tener los mejores resultados en función del bien común.

 

Los jóvenes líderes del presente siglo necesitan prepararse con una gran vocación de servicio e inteligencia para actuar exitosamente en escenarios complejos, ambiguos y poco confortables. Más allá de los conocimientos y experiencias que vayan adquiriendo, es menester cultivar las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, para oficiar como personas plenas y verdaderos pilotos de tormenta.

 

Mantiene entonces siempre vigencia, para los hombres y mujeres de la Patria, la frase del General José de San Martín: “Para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.

martes, 25 de mayo de 2021

TERRORISMO

 

 en América Latina, Uruguay y la ONU

por Jorge Azar Gómez

Informador Público, 25-5-21

 

El atentado criminal de hoy en Perú no fue más que otra muestra del accionar del terrorismo que hoy invade América Latina, llámese narcotráfico, llámese "Tormenta Bolivariana" dirigida desde Venezuela por los narco gobernantes Maduro y Cabellos, que ya ha causado cientos de muertes en Colombia, Ecuador, Chile y otros países.

 

Al menos 18 muertos (diez hombres, seis mujeres y dos niños) es, hasta el momento, el saldo del criminal atentado de los narco terroristas en Perú. No murieron en batalla; no murieron manifestando por una causa; murieron en el ejercicio de sus derechos como libres ciudadanos, murieron trabajadores, murieron estudiantes, murieron amas de casa, murieron niños que recién conocían la vida, murieron mujeres embarazadas, murió gente como nosotros que lo único que querían era que se les respetara su primer derecho, o sea el derecho a la vida.

 

Ante esta alocada carrera de atentados sin control en América Latina llevados a cabo con una demencial y fría planificación, nos preguntamos:

 

¿Quién está a salvo de la demencia individual o grupal si se utiliza este tipo de recursos de destrucción masiva incontrolable, planificada desde un país integrante de ONU y OEA?

 

¿Qué régimen o qué doctrina o qué sistema político puede permanecer al margen de situaciones como las indicadas?

 

La presencia brutal del terrorismo internacional niega y rompe con el sistema democrático y destruye el ambiente para la vigencia de los derechos humanos, la seguridad y la libre circulación, por lo que surge la necesidad de hacer un compromiso entre los gobiernos para prevenir y erradicar ese mal, no solo en el marco de los convenios de la ONU y la OEA, sino también a nivel bilateral.

 

Uruguay, que vivió tempranamente los efectos del terrorismo, debe adoptar una firme actitud en la Asamblea General de ONU, reclamando el más firme cumplimiento de todas las resoluciones y recomendaciones emanadas de ese organismo, a nivel de comisiones que tratan el terrorismo internacional y en las cuales Uruguay a tenido una activa participación.

 

Uruguay debe comprometer a la Asamblea General a realizar el mayor esfuerzo dentro de sus atribuciones, para prevenir y combatir este fenómeno que amenaza la paz, la estabilidad y la seguridad nacional.

 

Es necesario que Uruguay proponga establecer a nivel de ONU, un sistema mundial de información y una red de recopilación y transmisión de datos para hacer más eficiente el combate contra el terrorismo.

 

Todos los aspectos del terrorismo constituyen crímenes contra la humanidad, el terrorismo es la forma más brutal de la anulación de los derechos humanos, por lo que no debemos ser cómplices silenciosos de las actividades de la más triste y aberrante profesión de nuestro planeta.

lunes, 24 de mayo de 2021

VENEZUELA

 


 desastres petroleros y silencios cómplices

Marinellys Tremamunno
Brújula cotidiana, 24-05-2021


Mientras el mundo habla de emergencia ambiental, en Venezuela los derrames de petróleo ocurren desde hace años: afecta a 4 kilómetros de la costa del Estado Carabobo y 8 de la costa de Falcón. Otro derrame produjo una nube negra de más de 20 kilómetros y aguas aceitosas de más de 4 kilómetros cuadrados (600 campos de fútbol). Una catástrofe que se produce ante el silencio de las autoridades nacionales e internacionales.

 

Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo y que antes del Socialismo del Siglo XXI era conocida a nivel internacional como una potencia petrolera, hoy exhibe una industria petrolífera en ruinas, en la que los derrames se han convertido en una constante.

 

La Brújula Cotidiana visitó las playas cercanas a El Palito, uno de los complejos para la refinación del petróleo de mayor envergadura en Venezuela, encontrando a una imagen postapocalíptica: la costa totalmente pintada de negro con familias enteras bañándose en el mar como si nada. “Desde el 2015 somos afectados por los derrames de petróleo, hemos ido a PDVSA (empresa estatal de petróleos del país), hemos ido a la radio, a la alcaldía, a todas partes, y nadie soluciona el problema”, denunció Cecilia Vásquez, una trabajadora del balneario cercano a la refinería.

 

Mientras el mundo se preocupa por la emergencia ambiental ocurrida en la Isla de Mauricio por el derrame ocasionado el año pasado por un buque japonés encallado, en Venezuela los derrames son continuos desde hace años sin que nadie se pronuncie o emita una alerta internacional. Una situación inexplicable, cuando la marea negra afecta de manera sistemática 4 kilómetros de la costa del estado Carabobo y 8 kilómetros de las costas de Falcón, alcanzando incluso el Parque Nacional Morrocoy.

 

El pasado 9 de febrero el director del Laboratorio de Sensores Remotos de la Universidad Simón Bolívar (USB), Eduardo Klein, denunció en un tuit que PDVSA daña continuamente el ambiente, luego de la marea negra que afectó 12 kilómetros cuadrados el pasado 07 de febrero.

 

“Sucede una vez a la semana”, confirmó Angie Perdomo, habitante de la zona. “Ahorita de hecho hay manchas de gasoil en la orilla. No es bueno para el ser humano que se estén bañando en un agua contaminada”, dijo. En cambio, Tania Peyero, una turista que tomaba el sol en la playa a pesar del color oscuro de la arena, aseguró que “hace unos meses esta playa estuvo muy sola por los derrames de petróleo. Los muchachos venían a la orilla y salían con manchas de petróleo en la piel”.

 

Según el periódico venezolano El Carabobeño, entre julio y noviembre de 2020, la Refinería El Palito ha sido la causante de al menos cinco derrames petroleros. Información que se fundamenta en el monitoreo satelital que continuamente realiza y publica en su Twitter el experto Eduardo Klein (@diodon321), quien asegura que esta refinería “está totalmente fuera de control”.

 

Pero el problema de los derrames no existe solamente en la refinería El Palito, pues en febrero Eduardo Klein reportó en su Twitter otro derrame en la refinería Cardón, “produciendo una nube negra de más de 20 kilómetros de largo y aguas aceitosas que se extienden por más de 4km² en el Golfo de Venezuela. Eso equivale a más de 600 canchas de futbol”, escribió. Una real catástrofe ambiental con consecuencias aún inestimables que ocurre ante el silencio cómplice de las autoridades nacionales e internacionales.

 

Lo cierto es que de las 63 plantas que posee el Complejo de Refinación Paraguaná (CRP), “no están operativas ni el 10%”, aseguró el diputado Luis Stefanelli, miembro de la Comisión de Energía y Petróleo de la Asamblea Nacional (AN) al periódico El Carabobeño. Explicó que las pocas que están operativas fallan, como la Refinería El Palito que opera al mínimo de su capacidad instalada debido al deterioro acumulado y la falta de mantenimiento. “La planta no funciona a cabalidad y produce muchos más desechos de los que debería. Estos residuos adicionales van a la laguna sin un proceso de reciclaje adecuado”, aseguró el parlamentario de oposición.

 

En tanto, las consecuencias para la salud de los habitantes son desastrosas: esta situación afecta “a las personas que trabajan aquí el día a día, que necesitan la afluencia de turistas para sobrevivir. Si la playa está contaminada y no hay turistas, ellos no sobreviven. También afecta a los pescadores, porque cada vez que se derrama petróleo tienen que intentar pescar más lejos. Entonces se manchan las lanchas, se manchan los motores. Entonces, los derrames que suceden aquí no son buenos para nadie, ni para los animales, ni para la pesca, ni para los seres humanos”, agregó Angie Perdomo.

 

Un humilde pescador de orilla que no quiso dar su nombre porque ya ha tenido problemas con la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) que custodia la zona, pidió ayuda humanitaria. “Nuestras lanchas están llenas de petróleo, las atarrayas también están llenas de petróleo y nuestros pies. Este derrame aquí es fuerte. A veces uno está buscando un pescadito para llevarle a los hijos y no se consigue nada. El gobierno debería comprometerse a mantener la refinería operativa sin tanta contaminación y darnos alguna ayuda humanitaria”, dijo el pescador visiblemente molesto.

jueves, 20 de mayo de 2021

COMO EN FRANCIA

 

 

 

Como en Francia

 120 generales retirados del Ejército de Estados Unidos publicaron una carta abierta advirtiendo de un "asalto" del comunismo al país

La derecha diario, 14/05/2021 (Estados Unidos)

 

La agrupación Generales Por América reunió a más de 120 generales y almirantes de alto rango retirados para firmar una carta dirigida a la población estadounidense, cuestionando la influencia que el comunismo ha logrado en el país.

 

Más de 120 generales retirados de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos copiaron la modalidad de queja de los militares franceses, y publicaron una carta esta semana advirtiendo que el país está en "profundo peligro" y bajo un "tremendo asalto" por parte de quienes creen en el socialismo y el marxismo, y alentaron a los estadounidenses a involucrarse más políticamente para actuar en su contra.

 

“Nuestra nación está en grave peligro. Estamos en una lucha por nuestra supervivencia como República Constitucional como en ningún otro momento desde nuestra fundación en 1776. El conflicto es entre partidarios del socialismo y el marxismo versus partidarios de la libertad constitucional y la libertad”, escribieron los oficiales retirados.

 

En la carta criticaron el proceso electoral del 2020 y argumentaron que el proyecto de ley HR1 que presentaron los demócratas en la Cámara de Diputados y su proyecto de ley S1 complementario del Senado destruirían la equidad electoral y permitirían a los demócratas permanecer para siempre en el poder.

 

Ellos escribieron: "Sin elecciones justas y honestas que reflejen fielmente la voluntad del pueblo, nuestra República Constitucional está perdida. La integridad de las elecciones exige asegurar que haya un voto legal emitido y contado por ciudadano. Los votos legales son identificados por los controles aprobados por la Legislatura Estatal utilizando identificaciones gubernamentales, firmas verificadas, etc".

 

"Hoy en día, muchos llaman 'racistas' a esos controles electorales de sentido común en un intento por evitar elecciones justas y honestas. El uso de términos raciales para suprimir la prueba de elegibilidad es en sí mismo una táctica de intimidación tiránica. Además, el 'Estado de derecho' debe aplicarse en nuestros procesos electorales para garantizar la integridad. El FBI y la Corte Suprema deben actuar con rapidez cuando surjan irregularidades electorales y no ignorarlas como se hizo en 2020".

 

También criticaron a la administración Biden por actuar de "manera dictatorial" al eludir al Congreso con más de 50 órdenes ejecutivas en sus primeros 4 meses al frente del gobierno, que revertían mayoritariamente las políticas de la administración Trump.

 

Además criticaron los cierres excesivos por la pandemia; el cierre de escuelas y negocios, y la censura a la libertad de expresión, tanto en redes sociales como en los medios de comunicación.

 

"Debemos apoyar y responsabilizar a los políticos que actuarán para contrarrestar el socialismo, el marxismo y el progresismo, apoyar nuestra República Constitucional e insistir en un gobierno fiscalmente responsable mientras se enfocan en todos los estadounidenses, especialmente en la clase media, no en grupos de intereses especiales o extremistas que están acostumbrados a divídanos en facciones en guerra".

 

También mencionaron cuestiones de seguridad nacional de la frontera sur, China y la energía. “Los ilegales están inundando nuestro país trayendo altos costos económicos, crimen, bajando los salarios y votaciones ilegales en algunos estados. Debemos restablecer los controles fronterizos y continuar construyendo el muro mientras apoyamos a nuestro dedicado personal de control fronterizo. Las naciones soberanas deben tener fronteras controladas”, dijeron.

 

Llamaron a China "la mayor amenaza externa para Estados Unidos" y dijeron que establecer relaciones de cooperación con el Partido Comunista Chino, como lo está haciendo la administración Biden, los anima a continuar avanzando hacia la dominación mundial militar, económica, política y tecnológica. "Debemos imponer más sanciones y restricciones para impedir su objetivo de dominación mundial y proteger los intereses de Estados Unidos", escribieron.

 

Por último, argumentaron que los militares no deberían usarse como "peones políticos" para proteger al Capitolio contra una "amenaza inexistente", y no deberían ser obligados a aceptar políticas políticamente correctas o teoría racial o de género en el Ejército. “Debemos apoyar a nuestros militares y veteranos; centrarse en la defensa y en la guerra, eliminar la inyección corrosiva de Corrección Política en nuestro Ejército, que daña la moral y la cohesión de la guerra”, escribieron.

 

Criticaron la “anarquía” en las principales ciudades del país, y pidieron a los estadounidenses que apoyaran al personal policial, insistieran en que los fiscales de distrito, los tribunales y el Departamento de Justicia hagan cumplir la ley de manera equitativa, justa y coherente con todos.

 

Para finalizar, pusieron en tela de juicio la condición física y mental del presidente Joe Biden. “No se puede ignorar más”, aseguraron. "Debe poder tomar rápidamente decisiones precisas de seguridad nacional que involucren la vida y la muerte en cualquier lugar, de día o de noche", aseguraron.

sábado, 15 de mayo de 2021

MATER ET MAGISTRA - Parte II

 


jueves, 13 de mayo de 2021

MATER ET MAGISTRA

  60 AÑOS DE LA ENCÍCLICA DE JUAN XXIII




miércoles, 12 de mayo de 2021

¿Y SI CERRAMOS LA CANCILLERÍA?

 


Andrés Cisneros

Ex vicecanciller argentino

Infobae, 12 de Mayo de 2021

 

Hamas e Israel intercambian misiles. Israel es un Estado miembro de las Naciones Unidas y Hamas una organización terrorista. No obstante, hagamos el esfuerzo de suponer por un instante la ficción de que se trata de un conflicto interno de una región del mundo a la que no pertenecemos y en la que no tenemos un interés nacional argentino directamente en juego.

 

Cuando se produce un enfrentamiento tan profundo, lo mejor que pueden hacer los países y organizaciones del mundo es abstenerse de agravarlo: lo primero es no empeorar la situación del paciente, reza el mandato hipocrático. Tomar distancia no equivale ni a huir ni a zambullirse de lleno en un conflicto: para ser útil lo mejor es no convertirse en parte, aunque nuestros valores como sociedad organizada, nuestros principios nacionales y nuestro compromiso con la realidad internacional nos inclinen, sin duda alguna, por una de ellas.

 

¿Y qué ha hecho el gobierno argentino?

 

Emitió una declaración oficial que es para la antología de lo que no debe hacerse. Describe, sin calificar, lo que hizo ayer Hamas –una organización terrorista- como un desangelado “ataque con misiles y artefactos incendiarios,” mientras critica fuertemente a Israel –un Estado al que fuimos el primer país de América Latina en enviarle un embajador- “por el uso desproporcionado de la fuerza” conque contestó el ataque terrorista. Ya está: Argentina aparece ante el mundo diferenciando al bueno y al malo de la película.

 

Por estas horas llueven las críticas al canciller Felipe Solá, un ministro para el olvido. Las merece, porque por algo aceptó estar allí y respaldar prácticamente cualquier cosa. Pero todos sabemos que la política exterior, como casi todas las demás, no se decide en el Palacio San Martín o, al menos, resultan fuertemente condicionadas por comisariatos ideológicos en función de intereses subalternos en la política interna.

 

Cuando una persona, o un Estado, deciden posicionarse sobre cualquier asunto, resulta sumamente útil ponderar las compañías en que nos encontraríamos de uno u otro lado. Prácticamente todos los países occidentales - región y cultura a la que pertenecemos- califican a Hamas como terrorista, al igual que las más importantes organizaciones mundiales de derechos humanos. Uno tras otro lo están ratificando ahora luego de estos atentados. Estados Unidos y la Unión Europea hace tiempo que la consideran una organización terrorista. En cambio, Rusia e Irán, tan cercanos a algunos corazones argentinos, no lo hacen.

 

En nuestra región, los gobiernos populistas, con Venezuela a la cabeza, tampoco. Esas compañías elegimos. Si algo ha tenido que ver directamente nuestro país con el conflicto entre Israel y sus enemigos han sido los dos atentados criminales de la embajada y de la AMIA, donde el terrorismo masacró a ciudadanos argentinos e israelíes. Ningún gobierno argentino debiera olvidarlo para tratar con tibieza cualquier acción terrorista. Por ahí convendría cerrar la Cancillería y alquilar el edificio.

domingo, 9 de mayo de 2021

ESTADO FEDERAL

 


 ¿un oxímoron?

Por Luis María Bandieri

Foro Patriótico Manuel Belgrano; Mayo 2021

(Publicado en academia.edu)

 

El federalismo, entre nosotros, como objeto de estudio, ha sido, a la vez, objeto de profundización y de ocultamiento. Profundización en cuanto a nuestra práctica nacional; ocultamiento simultáneo en cuanto a la consideración de la naturaleza jurídico política de la federación. En este último camino, no se ha ido generalmente más allá de un balance de semejanzas y diferencias con el “modelo (norte)americano” que fue objeto de adopción (“adopta para su gobierno...”, art. 1º CN) por nuestro texto constitucional.   Una excepción resulta del pensamiento de Pedro Frías y su Instituto de Federalismo de la Academia Nacional de Derecho de Córdoba, donde nace la expresión “federalismo de concertación” o “cooperativo” para ser aplicado a nuestro sistema nacional. Por su parte, los politólogos, dejando a un lado la aproximación jurídica, que consideran de movida farragosa y, quizás, superabundante, prefieren enfocar la articulación territorial desde la visual del poder, sin acudir a demasiada teoría.

En cuanto a los economistas, nos enseñan sobre los misterios de la coparticipación federal, distribución primaria y secundaria de los recursos y pontifican, de vez en cuando, sobre la inviabilidad, o casi, de las provincias en esa sociedad federativa de socios desigualmente dotados. Mientras tanto, asistimos a la globalización y a la mundialización, a las reivindicaciones del poder local y de la proximidad frente a la distancia, y a implosiones financieras que recorren el planeta como una pandemia. En ese marco de referencia, nuestro trabajo propone, sobre ese fondo globalizado y mundializado, explorar las bases teóricas del federalismo, formularse la pregunta sobre su viabilidad y proponer una respuesta válida para nuestro país y nuestro tiempo.. Los límites de la ponencia permiten sólo plantear el problema y enumerar las conclusiones. En un trabajo anterior, al que se remite, el autor expuso los desarrollos más circunstanciados, aquí faltantes (1).

 

¿Articulación territorial del poder?

 

El control de un territorio por el aparato de poder del Estado puede realizarse fundamentalmente de dos maneras:

 

O con un modelo de articulación territorial del poder en que las partes nacen y dependen del todo -el centro-, que posee el monopolio del control.

 

O con un modelo de articulación territorial del poder donde el todo -el centro- nace y depende de las partes, entre las cuales y el centro se reparten dicho control.

 

El primero es un modelo unitario o centralista. El segundo es el modelo federal.

 

 

“Dentro de la división territorial del poder, el Estado federal es uno de los grados de descentralización del mismo (del poder), en el reparto de competencias que se efectúa entre un Estado central (Estado federal) y varios Estados miembros (Estados locales o provinciales)”(2).

 

 

Hasta aquí, la noción habitual, que asocia “federalismo” con una forma descentralizada de articulación territorial del poder dentro de un Estado. “Federalismo” aparece asociado a “Estado”: es una “forma de Estado”, una forma de articular territorialmente el poder en él (así como la división o separación de poderes es su articulación funcional).

 

 

Nuestro trabajo nos lleva a conclusiones opuestas:

 

“Federalismo” y Estado moderno (Leviatán) no resultan, en principio, compatibles.

 

“Estado Federal”, del punto de vista jurídico político, resulta un oxímoron.

 

 

Globalización y Federalismo

 

¿Hay lugar para el federalismo en un mundo globalizado?

 

 

Si lo hay, ¿cómo debe ser ese federalismo? Más específicamente, un seudo federalismo, como el nuestro, ¿tiene alguna probabilidad de éxito en un mundo globalizado? O, en todo caso, nuestro simulacro de federalismo, ¿agrava los problemas que conlleva la globalización?

 

 

Las formas políticas

 

Podemos reemprender nuestro camino de búsqueda de una conceptualización del federalismo en la posmodernidad, y para ello debemos partir de  la noción de “forma política”.

 

 

“Formas políticas”, son las figuras en que, a lo largo de la historia, se ha ido desplegando y concretando dinámicamente la politicidad natural del hombre. Cada forma expresa un orden de relaciones de la convivencia política, fundada en una cosmovisión, asentada en un principio unificador y expresada en un simbolismo propio. En cada una de ellas se despliega “un modo de organización que el hombre ha forjado en su caminar político”(3) . Las formas políticas no son tipos ideales sino concreciones de la realidad política. La circunstancia de que algunas de ellas no tengan manifestación al presente no significa que no subsistan “como posibilidades subyacentes a la realidad política presente”(4). En un cuadro que simplifica las principales, encontramos:

 

 

FORMAS POLÍTICAS

 

 

El federalismo, entonces, constituye, en el presente estadio histórico, una forma política a igual título que la forma estatal. El híbrido “Estado federal” expresa, del punto de vista terminológico y conceptual, un oxímoron, y en sus concreciones, una seudoforma política que combina y acentúa los peores aspectos de ambas formas violentadas esa reunión.

 

 

Federalismo, pactum foederis y antecedentes teopolíticos

 

 

Se ha señalado la Biblia como fuente de la idea de federación. La alianza entre Yavé y Moisés –renovación de la que acordaran antes Noé, primero, y Abraham, luego- es el pacto a partir del cual conviven las doce tribus de Israel como autónomas e interdependientes, bajo aquel acuerdo fundamental y la legislación que de él se deriva(5). En el 600, Johannes Altusio recoge esta tradición, que reaparece en las diversas modalidades pacticias de las comunidades emigradas a Norteamérica. Los founding fathers de los EE.UU. y los framers de la Constitución de 1787 relacionaron explícitamente la forma federal con el pacto bíblico. Jefferson, como Thomas Paine, pensaban que esos pactos debían renovarse en cada generación, para que las leyes constitucionales a que dieran lugar pudieran ser renovadas creativamente. El pacto debe realizarse entre las comunidades intermedias y basales (poleis, cantones, condados, provincias).

 

 

El modelo jacobino de centralización, cancelación de cuerpos intermedios, de autonomías ciudadanas, de particularidades territoriales, desemboca en un poder rígido ejercido desde un centro único, cristalizados en constituciones rígidas y hasta con cláusulas pétreas.

 

 

Podríamos definir el pactum foederis como un compromiso para una finalidad común, en el cual las partes conservan su respectiva integridad, empeñándose en una relación de recíproca responsabilidad. Las dos nociones nucleares son “compromiso” (no “consenso” fabricado) y responsabilidad. No necesariamente el pacto es entre iguales: lo que interesa con los alcances del compromiso y el grado de responsabilidad de los pactantes. Responsabilidad y compromiso son los presupuestos que están en la base de la convivencia política que el pacto inaugura y preceden, por lo tanto, toda ley positiva, incluso la ley constitucional. El pactum foederis precede a la ley constitucional. Constituye la decisión basal sobre la organización política de un pueblo. El constitucionalismo clásico, orientado en la construcción centralista del Estado moderno, enterró los pactos bajo el peso de constituciones monumentales, pese a lo cual aquí y allá reaparecen, como reaparece el espíritu de nuestros “pactos preexistentes”, mencionados en el Preámbulo (más cien entre el Pacto del Pilar (23 de febrero de 1820) y el Pacto de San José de Flores (10 de noviembre de 1859). El pacto es la base de la ley constitucional consiguiente y cada régimen de gobierno debe medirse con el patrón del pacto para verificar que respeta la forma política establecida en aquél. En fin, siguiendo a Jefferson, Paine y, en nuestro tiempo, Gianfranco Miglio(6), cada generación debe escribir su propia ley constitucional, renovación del pactum foederis basilar.

 

 

Federación y Confederación, una sola y misma cosa.

 

Desde fines del siglo XIX los constitucionalistas alemanes (especialmente Laband y Jellinek), que influyeron en los franceses (Esmein, Hauriou, Duguit y Carré de Malberg), formularán una distinción jurídica estricta entre las confederaciones y las federaciones. La confederación de Estados, no constituye un nuevo Estado en sí sino una asociación de Estados soberanos (Staatenbund). El Estado federal (Bundesstaat), como su nombre lo indica, es, a la vez, Estado y federación. Como Estado, el estado federal posee el atributo de soberanía. La Confederación, por su parte, siendo una asociación de Estados, no posee la soberanía y, por lo tanto, no puede considerársela un Estado. Por consiguiente, el Estado federal se rige por una constitución, esto es, por el derecho interno. En cambio, la Confederación se vincula por un tratado, esto es, por el derecho internacional público.

 

 

En el siglo XX, Hans Kelsen, siguiendo la huella de Jellinek, aunque diluye la teoría del federalismo dentro de una teoría más amplia de la centralización y descentralización del orden jurídico(7), confirma la distinción entre Confederación como reagrupamiento de Estados, no siendo un Estado en si mismo sino una unión de Estados en el nivel internacional, mientras el Estado federal es un Estado en el sentido que le otorga el derecho internacional.

 

 

Será Carl Schmitt, el encargado de poner las cosas en su quicio y establecer la consustancialidad entre Confederación y Federación. Federación y Confederación no son, como creía el constitucionalismo clásico –dice- dos “formas de Estado” distintas, basada la primera en el derecho interno (constitución) y la segunda en el derecho internacional (tratado). La Federación, ampliamente considerada, incluyendo las confederaciones, puede definirse como “una unión permanente, basada en el libre convenio, y al servicio del fin común de la autoconservación de todos los miembros, mediante la cual se cambia el total status político de cada uno de los miembros en atención al fin común”.(8)

 

 

Olivier Beaud, en su reciente y solidísima obra, señala: “esta distinción (entre Estado federal y Confederación de Estados, constituye más una desventaja que una ayuda y más vale dejarla de lado si se quiere progresar en el conocimiento del fenómeno federal”(9).

 

 

A partir de aquí, nos referiremos a la federación como noción englobante de lo que se conoce habitualmente como confederación y de lo que se conoce habitualmente como Estado federal.

 

 

Soberanía y/o autonomía

 

Teniendo ya en claro que la federación es una forma política distinta de la forma estatal, y que la definición de la confederación no resulta simplemente un paso previo, descripción de algo imperfecto, para llegar a la definición perfecta, que sería el Estado federal, es decir, superadas las trampas y los cazabobos doctrinarios en los que durante mucho tiempo nos hemos quedado prisioneros, podemos plantearnos ahora el tema de la “soberanía” y de la “autonomía” en una federación.

 

 

La primera de estas trampas reside en la relación entre la noción jurídico- política de soberanía y la noción jurídico-política de federación. La soberanía es un atributo inseparable del Estado. Por lo tanto, la solución clásica ha sido, en la confederación, mantener la cualidad soberana en cada uno de los Estados confederados, mientras que en los Estados federales la soberanía reside en el nivel del gobierno central o “federal”, y las entidades federadas son autónomas.

 

 

Considero que, partiendo de la noción de federación como forma política distinta de la forma política estatal, debemos, por un lado, dejar aparte la noción de soberanía, que corresponde únicamente a la forma estatal y, por otro, ensanchar la noción de autonomía, que es la aplicable a la forma federativa.

 

 

Una observación previa. En toda aproximación teórica a la federación el jurista se encuentra ante el obstáculo de la soberanía, que plantea una antinomia entre una dualidad de poderes (central y territoriales) y una unicidad del poder (soberano). Pero es distinto el grado de dificultad según que se trate de un jurista formado en el common law que de un jurista formado en el derecho continental. Los juristas angloamericanos hablan, simplemente de niveles de gobierno (levels of government) y no de Estado (State es reservado, simplemente a los miembros de la federación). En cambio, el jurista de formación continental choca inmediatamente con la noción de Estado y su cortejo inevitable, la soberanía. El problema se da para ambos, pero unos pueden soslayarlo de momento y los otros deben afrontarlo sin más.

 

 

Un Estado es soberano, cuando el poder que ejerce, en lo interno, es único, indivisible y superior a cualquier otro dentro del alcance de su jurisdicción territorial, y en lo externo, no sujeto jurídicamente a otra potencia, es decir, a otro u otros Estados.   Carl Schmitt (10) lo sintetiza de este modo: soberano es el que decide por sí mismo acerca de su propia existencia política; inversamente, se es soberano cuando sobre aquélla no decide un extraño. En las federaciones dan dos antinomias respecto de este punto.

 

 

La primera, el miembro federado trata de mantener, mediante la federación, su independencia política y asegurar su autodeterminación. Pero la federación, en interés de su propia seguridad, no puede perder de vista los asuntos internos de sus miembros: toda federación da lugar a intervenciones, lo que afecta el derecho a la autodeterminación de los elementos federados.

 

 

La segunda antinomia resulta de que coinciden en toda federación dos clases de existencia política: la existencia común de la federación y la existencia particular de los miembros federados. Es un “dualismo de la existencia política” (de allí, acotemos, la imposibilidad de concebir a la federación como Estado) de difícil resolución y que puede conducir a dos extremos: o bien se disuelve la federación en las unidades particulares, o bien estos cesan de existir para dar lugar a un Estado unitario y único.

 

 

En ambas está presente, como elemento central de la dificultad, la noción de soberanía. John Caldwell Calhoun (1782-1850) (11), que fuera vicepresidente de los EE.UU. y notable teórico de los confederados, lo planteó en forma de dilema: “la soberanía, atributo esencial del Estado, es una e indivisible; en consecuencia, en una asociación de Estados, esto es, formada por varios Estados, aquélla no puede pertenecer a la vez al Estado central y a los Estados miembros; o bien ella es reasumida por los miembros, o bien ella reside en el Estado central. Si pertenece a los miembros, estamos en presencia de un simple vinculum juris de derecho público entre los miembros; si pertenece al Estado central, hay pura y simplemente un Estado unitario y los miembros pierden su soberanía y, con ella, su carácter estatal. Estas son las dos únicas alternativas posibles, sin término medio posible y realizable”. La soberanía pone a la federación ante este dilema bicornuto, aut/aut, sin tercera vía posible (soberanías “compartidas”, por ejemplo).

 

 

La solución de Calhoun a este entuerto (que está en la base de la posterior guerra civil 1861-1865) es otorgar los derechos soberanos, los State rights, a las entidades federadas, expresados principalmente como derechos de nulificación y secesión, mientras el órgano de gobierno de la federación, no soberano, tiene sólo y estrictamente las competencias que la constitución le delegue. Calhoun propone resolver las diferencias dentro de una federación por medio de las “mayorías concurrentes” (concurring majority). En “A Disquisition on Government”, publicado después de su muerte, nos ha dejado una pintura rigurosa de la tiranía de las mayorías en un régimen de gobierno limitado teóricamente por la constitución.

 

 

Aquí viene lo de la "mayoría concurrente", que podría resumirse así: para tomar las decisiones políticas y establecer la leyes respecto de los grandes problemas políticos deben acordar una mayoría de la mayoría y una mayoría de la minoría. Si una minoría substancial en el país, específicamente el gobierno de un estado, pero podía tratarse de cualquier colectivo relevante, entendía que el gobierno se estaba excediendo en sus límites y violando sus derechos, tendría el derecho de vetar este ejercicio de poder por inconstitucional. Este derecho de veto era recíproco, para impedir, a su turno, que la minoría paralizase al gobierno. Aplicada a los gobiernos estaduales en los EE.UU., esta teoría implicaba el derecho a la "anulación" de una ley o un fallo federal dentro de la jurisdicción de un estado. La mayoría numérica, en cambio, resultaba opresiva. Por cierto, en Calhoun se fundaron los confederados contra los unionistas en la guerra civil. (12) La derrota confederada afectó la fama póstuma de Calhoun.

 

 

Schmitt llama a la solución de Calhoun “desacertada” y afirma que la única manera de mantener una federación por encima de las antinomias señalas es a través de la “homogeneidad nacional” de la población, lo que excluye conflictos internos existenciales, y enemistades absolutas ad intra. Schmitt traslada el problema de la federación al problema nacional. Su texto, de 1927, presentaba ya alguna dificultad para explicar la Confederación Helvética, por ejemplo, carente de homogeneidad nacional. En este tiempo, de “multiculturalidad”, esa homogeneidad no parece invocable. Tampoco ante las reivindicaciones étnico-políticas, en nuestra ecúmene latinoamericanas, de los llamados “pueblos originarios”, que rompe con la interculturalidad clásica de nuestro ámbito.

 

 

Hay que dejar a un lado la noción exclusivamente estatalista de la soberanía y acudir a la noción federativa de autonomía. Para ello, es bueno remontarse a Dante Alighieri.

 

 

Dante y la autonomía en una federación

 

El universo dantesco resulta unido no solo en su vértice, sino también en cada una de sus partes, como lo demuestra la relación establecida por el ilustre florentino entre las dos autoridades supremas, el Papa y el Emperador.

 

 

Esta doctrina del duplex ordo aparece como el fundamento que legítima una representación del cosmos en que la reductio ad unum, que culmina en Dios, no impide, sino al contrario, requiere y hace posible, la coordinación entre los varios ámbitos de la creación, subordinándose el uno al otro en la consecución de sus respectivos fines, sin dejar de perder por ello su peculiar autonomía.

 

 

Sin embargo, ésta misma problematización, en lo concerniente a la reflexión dantesca, significaba también que el ordo ad Deum, relativizando cualquier ordenamiento de tipo terrenal, impedía la concepción de su soberanía y fundando, por ende, su autonomía.

 

 

Hay que distinguir entre autonomía y soberanía.

 

 

La soberanía, en su acepción moderna, se la califica como un poder legibus solutus y superiorem non recognoscens, el único que en virtud sólo de su fuerza está legitimado para gobernar. Viceversa - nos indica Paolo Grossi(13), uno de los mayores expertos en historia del derecho medieval– “si el medioevo jurídico es un mundo de ordenamientos, esto es, de autonomías, de societates perfectae, no debemos olvidar que el carácter esencial de toda autonomía es la relatividad; se trata de independencias relativas, relativas respecto de algunos ordenamientos, pero no respecto de otros. La entidad autónoma no aparece jamás como alguna cosa per se stat, separada de todo el resto; al contrario, es pensada como bien inserta en el centro de una espeso tejido de relaciones que la limita, la condiciona, pero asimismo la concreta, porque no se la concibe aislada como solitaria sino más bien inmersa en una trama de relaciones con otras autonomías”.

 

 

Esta noción de “autonomía”, tan esencial en el “medioevo jurídico”, es fundamental para el entendimiento del universo dantesco, repleto de una multiplicidad de entidades políticas de varias dimensiones, nationes, regna et civitates, los cuales estaban sometidos a la autoridad imperial, sin que por ello estuviesen desprovistos de una propia jurisdicción, como también, de funciones y deberes propios de acuerdo a una visión integralmente naturalística de la sociedad. El mismo Imperio, desde luego, podía bien definirse “autónomo”, en cuanto limitado a su vez por los principios constitutivos del ius humanum y, además, por estar subordinado, si bien exclusivamente a los fines de la obtención humana de la beatitud eterna, a la dirección “paterna” de la Iglesia. Pero, también la Iglesia, así como estaba necesariamente vinculada a las enseñanzas tanto del Viejo como del Nuevo Testamento, igualmente estaba vinculada a las leyes del Imperio, dado que de él dependían su protección y tutela en lo referente a la esfera temporal, es decir, el cuidado de sus bienes mundanos. Iglesia e Imperio, por lo tanto, distinguiéndose y siendo recíprocamente independientes en el ámbito de sus peculiares competencias, eran, sin embargo, instituciones que formaban parte de un ordenamiento unitario más amplio y, por ende, tenían que colaborar juntos en la consecución de sus respectivas finalidades. Todo esto iba a dar como resultado un sistema en el cual las relaciones entre ambos poderes tenían más bien un carácter de coordinación en vez que de subordinación, y su auspiciada reductio ad unum era entendida en vista de satisfacer la exigencia de preservar la unidad del mundo, sin comprometer la especificidad ontológica de los respectivos dominios y, sobre todo, sin perjudicar su capacidad bien sea de autoregularse como de autogobernarse.

 

 

Federación: la pirámide y el laberinto

 

Una breve explicación sobre los simbolismos en las formas políticas, de acuerdo con el cuadro inserto más arriba.

 

 

Lo que los griegos llamaban “despotismo”, es la forma política originaria del Imperio, forma con pretensión universal que toma cuerpo en Oriente y con los primeros reyes persas, Ciro, Darío y Jerjes, pretende trasladarse al Occidente, donde fracasa ante la superioridad militar de las póleis griegas. Más tarde es reemprendido por Alejandro, que pretendía dominar todas las tierras rodeadas por el océano occidental (el Atlántico) y un todavía hipotético océano occidental. Los imperios (egipcio, babilónico, azteca, Incario) se expresan en la pirámide, símbolo vertical, ascensional, a modo de una escala por donde el poder desciende desde los cielos al emperador que está en su cúspide y por donde éste asciende a ese poder, y más allá cundo muere. Todas las colectividades disociadas se integran y organizan jerárquicamente dentro de la estructura piramidal, que opera como una síntesis simbólica. La masa arquitectónica de la pirámide, que obliga a levantar la vista hacia el vértice alto y lejano, impresiona a las multitudes y les ofrece una visión sintética del poder, que está arriba, y al que quedan sometidos. Es notable, y poco señalado, que el símbolo del Estado de Derecho resulte también piramidal, la “pirámide jurídica” de cuño kelseniano (aunque su expositor haya sido Adolf Merkl). Es el imperio impersonal de la ley suprema y de la norma fundamental que desde lo alto exige obediencia. La crítica más profunda a este símbolo del poder moderno provino de un escritor con sólida formación jurídica (era abogado de práctica y doctor en derecho), que como Kelsen había nacido en Praga: se llamaba Franz Kafka y la expresó en “El Proceso”.

 

 

El ágora y el foro, en la polis y en la civitas, resultan símbolos horizontales, donde se representa el ir y venir de los ciudadanos, politai o cives, en puridad conjuntos restringidos y cerrados,   que discuten y deciden sobre la cosa pública.

 

 

El símbolo de las autonomías federativas medievales, complejas, meandrosas, difíciles de seguir, es también horizontal: el laberinto. Un laberinto es un entrecruzamiento de sendas, algunas de ellas sin salida, a través de las cuales se trata de descubrir la ruta que nos lleva al centro. Se parece a una red (símbolo de la globalización, la web, la telaraña), pero la red atrapa insectos, peces y hombres; en cambio somos libres de recorrer el laberinto, equivocarnos, recomenzar y llegar a su centro. Además, la red es simétrica y regular, mientras que lo propio del laberinto es circunscribir en el menor espacio posible el entretejido más complejo posible de senderos y retardar así la llegada del viajero al centro. El centro, de difícil acceso, representa el equilibrio político, la coincidencia de los opuestos y de las antinomias, el máximo de poder organizador con el mínimo de imposición.

 

 

Una definición de la federación y algunas notas sobre la subsidiariedad:

 

Con lo visto hasta aquí, podemos definir a la federación como la proximidad posible. Y postular un principio de proximidad del poder: el poder, cuanto más cerca se ejerza, mejor y más controlable; cuanto más lejos, más poder peor utilizado.

 

 

El poder no debe medirse sólo por su eficacia, sino por su distancia. A menor distancia más participación

 

 

Distancia adecuada: el nivel de gobierno adecuado para cada competencia política

 

La proximidad posible del poder

 

Hacer las cosas en el nivel de competencia adecuado

 

 

El principio de subsidiariedad, o de competencia suficiente, establece que los problemas deben ser gestionados y resueltos al nivel más bajo y más próximo posible, no debiéndose remontar su tratamiento a los escalones superiores sino sólo en el caso de que la proximidad no pudiese afrontarlos.

 

 

Está en la base de la forma política federativa.

 

 

Deriva de que el hombre es un ser social, capaz de dirigir sus actos con prudencia y conservando el derecho a sus acciones

 

 

El orden estatal está determinado por la pirámide descendente normativa. El orden federativo está determinado por la escala ascendente de la subsidiariedad.

 

 

El aparato estatal, concentrador de poderes, no actúa subsidiariamente sino en incesante acaparamiento vertical de competencias.

 

 

La subsidiariedad federativa actúa en la proximidad desde autonomías originarias y previas, distribuyendo horizontalmente competencias

 

 

El orden estatal subsidia (ayuda), a veces, desde arriba. El orden federativo subsidia (acerca) desde abajo.

 

 

El Estado define el bien (común) a partir del derecho.

 

 

La subsidiariedad federativa define el derecho a partir del bien (común). El Estado confunde el bien común con el interés general (estatal).

 

 

El liberalismo “desestatiza” el bien común para fragmentarlo en intereses privados.

 

 

El caso argentino

 

Nuestra Constitución, ya se sabe, adopta el modelo federal. Pero hay un foso insuperable cavado entre esta formulación institucional y la práctica política. Allí, en esa zanja donde las palabras legales dejan de nombrar válidamente, se acumulan sin resolverse y potenciándose mutuamente los conflictos innumerables. Hay que tratar de achicar aquel foso o, cuando menos, tender entre sus bordes un tablón que mínima y provisoriamente los comunique, permitiendo salvarnos de una caída.

 

 

Cuando una constitución establece un sistema de articulación territorial del poder, “federal” o “unitario” afirma, en uno y otro caso, una forma jurídica que se desenvuelve para cada caso de aplicación según un discurso argumentativo racional. Estas formas jurídicas que se inscriben en el texto constitucional resultan entonces “tipos ideales” (para recordar otra vez, infaltablemente, a Weber y sus idealtypen), es decir, cuadros hipotéticos donde se presentan de modo coherente y homogéneo fenómenos diversos empíricamente observables. Los tipos ideales nunca se dan como tales íntegramente en la práctica, pero la práctica debe devolver a su vez un número suficiente de fenómenos que se ajusten al idealtipo. Cuando la distancia entre las notas del tipo ideal y los fenómenos observables se vuelve imposible de franquear, ese tipo ideal, aunque legitimado, en principio, por su inscripción en la ley suprema, no obtiene ya legitimación de ejercicio en su aplicación a los casos concretos. El discurso argumentativo que lo invoca ya no resulta creíble. Es el momento, entonces, de plantearse si el tipo ideal plasmado en una forma jurídica merece o no ser mantenido. En todos los casos, se trata de “luchar contra el hechizamiento de la inteligencia por el lenguaje”, contra el que advertía Wittgenstein. El destino trágico de las federaciones meramente de nombre (como la ex URSS, por ejemplo) debe obligarnos a un examen profundo del caso argentino. Cuando una federación no funciona, el problema está lejos de ser un mero incidente académico entre esa gente sedentaria, pacífica y concienzuda de donde se reclutan los profesores de derecho constitucional. La cuestión se vuelve urgente y atañe, sin excepción, a todos los integrantes del pueblo federado.

 

 

 

El actual estado de la cuestión federal

 

La reformulación federativa afirma la autonomía originaria, no delegada, de todas las comunidades territoriales, minimizando la centralidad estatal; la cooperación y solidaridad entre las unidades federadas; la subsidiariedad, que garantice que los problemas serán resueltos al nivel decisional más bajo posible; la participación democrática tanto hacia adentro de cada comunidad como en las relaciones entre ellas. Este nuevo federalismo afirma que el porvenir no es de los Estados nacionales, unitarios o federales al viejo estilo, sino de las comunidades federadas y de las confederaciones a que den lugar. Otros autores disienten con el “nuevo” federalismo y sostienen que la república compuesta de ciudadanos, no de comunidades, minorías, etnias, etc., es aún posible y deseable, a condición de minimalizar -también- el poder central, con federalismo hacia adentro y confederación hacia afuera. Obsérvese que esta polémica entre “comunitaristas” y “republicanos” se plantea en los EE.UU. y en los países que conforman la CE, que semeja a una confederación. Ella, por supuesto, no está zanjada en lo absoluto, pero representa el actual status quaestionis del federalismo, del cual ni nuestra teoría ni menos aún nuestra práctica constitucional han tomado debida razón.

 

 

 

Precisiones a esta altura:

 

 

Las federaciones meramente de palabra, que funcionan como centralizaciones de hecho –ejemplo, las fenecidas URSS y Yugoslavia- tienen, en nuestro tiempo, un pronóstico ominoso. La circunstancia bien conocida de que en el aceleramiento del estallido de estas federaciones hayan influido las diversas religiones y etnias federadas, condiciones que no se dan con tal intensidad en la Argentina, o en Brasil, México o Venezuela, significa tan sólo que contamos con un poco más de tiempo hasta que aquel pronóstico se vuelva diagnóstico.

 

En nuestra tradición política conviven la tendencia federativa, tomada del modelo norteamericano, con la tendencia centralista, de raíz borbónica, perpetuada en nuestro presidencialismo del tipo “principado” y en el manejo unitario de nuestros grandes partidos, sindicatos, etc. . El mínimo armónico entre ambas tendencias exige aumentar el contrapoder federativo, máxime ante la progresiva desaparición del Estado Nación como actor político protagónico.

 

 

CONCLUSIONES

 

“Federalismo” y Estado moderno (Leviatán) no resultan, en principio, compatibles.

 

“Estado Federal”, del punto de vista jurídico político, resulta un oxímoron.

 

El Estado moderno fue concebido para operar una concentración y centralización del poder político. El Estado moderno conlleva la idea de homogeneización, bajo un poder único y concentrado, con sistemática cancelación de cuerpos intermedios, autonomías cívicas y atención a particularidades territoriales.

 

Los procesos de desconcentración y descentralización del poder son propios del Estado moderno en su actual fase crepuscular, pero no resultan procedimientos federativos ni apuntan un camino hacia ellos. Aparecen, más bien, como morigeraciones de Leviatán, pero desde una ideología de base unitaria

 

La federación es una forma política (no una forma de Estado) al mismo título que el Leviatán, y se presenta como alternativa a éste. Mientras todo Estado conlleva una unidad política vertical y monocéntrica, la federación se manifiesta como la coordinación multilateral de diversas unidades políticas y una articulación de autogobierno y gobierno compartido en una matriz horizontal y policéntrica de distribución e interacción de poderes

 

Las antinomias que se dan en toda federación por lo que Schmitt llamó un “dualismo de la existencia política” no tienen resolución satisfactoria mientras se los encare a través de la noción estatalista –y, por lo tanto, centralista- de soberanía. Deben enfrentarse a través de la noción armonizadora de autonomía. Autonomía no entendida como esfera de competencias dentro de una entidad soberana –al modo de la doctrina constitucionalista y administrativista corriente-, porque entonces continuaríamos dentro de los términos del mismo problema que intentamos resolver. Autonomía considerada en su sentido prístino de autogobierno armonizado el autogobierno de otras entidades igualmente autónomas, sobre una base pactista.

 

El federalismo, entonces, no es una forma estatal de articular territorialmente el poder, sino una “forma política” (tal cual el Estado, la Ciudad, el Reino o el Imperio) de base pactista, que se articula en tres principios: libertad, subsidiariedad, autonomía.

 

Nuestras dos principales tradiciones organizativas, que se encuentran confundídas en la expresión “Estado Federal”, deben ser objeto de una armonización y ajuste constantes , sirviéndose del instrumento del pacto con valor constitucional para hace valer los elementos federativos, especialmente en posibilidad de operar como contrapoder frente al hiperpresidencialismo o “principado” republicano. Un campo de aplicación pactista es el tributario, que la reforma de 1994 volcó bajo la forma irrealizable de la “ley convenio” (art. 75, inc. 2º, CN)

 

 

Referencias

 

(1) “La Vuelta de la Confederación”, en “Hacia el Bicentenario (2010-2016) Memoria, Identidad y Reconciliación”, EDUCA, 2010, p. 65/71

 

(2) Humberto Quiroga Lavié, “Derecho Constitucional”, Depalma, Bs. As. 1993, 3ª. ed. actualizada, p. 629

 

(3) Francisco Javier Conde, “Teoría y Sistema de las Formas Políticas”, Instituto de Estudios Políticos, Madrid , 1953, p. 88

 

(4) Francisco Javier Conde, op. cit., loc. cit.

 

(5) Uno de los principales teóricos del actual federalismo, Daniel J. Elazar, fue uno de los primeros en señalar esta vinculación bíblica de la concepción federal, en un trabajo de 1977. Véase su trabajo de 1996 "Federalismo contemporáneo y globalización", ponencia presentada en el Coloquio I: Teoría y Praxis del Federalismo Contemporáneo, México, 13- 15 de junio, 1996.

 

(6) Ver Giovanni Di Capua, “Gianfranco Miglio-Scienziato Impolítico”, Rubbettino, Catanzaro, 2006, caps. 17 y 18