DE LA CANCELACIÓN DEL PACTO DE FORADORI-DUNCAN
Dr. César Lerena
El anunció de la
Cancillería, respecto a cancelar el Pacto de Foradori-Duncan es un verdadero
“gatopardismo”, es decir, que parezca que se cambia todo para que no se cambie
nada. Nos hace acordar al cuento de “Caperucita Roja”, que relata cómo
Caperucita que caminaba alegremente hacia donde vivía su abuela, es engañada
por el Lobo Feroz, por lo que éste llega primero a la casa de la anciana y se
la come; luego, se viste como si fuera la abuela y, previo a un conocido
diálogo con caperucita de “qué grandes orejas tienes abuelita” también se
devora a la niña. Si bien se adjudican a distintas motivaciones los hechos, el
final es generalmente este y, hay quién le agrega, que un leñador las rescata y
el cuento tiene un final feliz. No seremos muy originales si decimos, que, en
la vida real, el Lobo Feroz, suele estar vinculado al mal y todos nosotros
somos Caperucita que, inocentemente, nos dejamos engañar.
Ayer la
Cancillería Argentina difundió el Informe 096/23, indicando que «en la
República de la India, el ministro Santiago Cafiero se reunió con su par del
Reino Unido, el secretario de Estado para Asuntos Exteriores, Mancomunidad y
Desarrollo, James Cleverly, a quien informó que el gobierno argentino da por
finalizado el Comunicado Conjunto del 13 de septiembre de 2016», conocido
vulgarmente como el Pacto de Foradori-Duncan. Debería alegrarnos esta noticia,
ya que desde 2016 y, en reunión con la entonces Canciller Susana Malcorra en el
Senado de la Nación, le manifestamos nuestro más enérgico rechazo a tal
comunicado (lo hicieron casi todos los asistentes de una sala colmada) y, hasta
nuestros días, venimos reclamando la cancelación de este “Pacto”; pero, de una
lectura total de este informe nos damos cuenta que se eliminó el título, pero
no su contenido, que, en lo referido a Malvinas y, particularmente el apartado
del “Atlántico Sur” indicaba:
«En un espíritu
positivo, ambas Partes acordaron establecer un diálogo para mejorar la
cooperación en todos los asuntos del Atlántico Sur de interés recíproco. Ambos
Gobiernos acordaron que la fórmula de soberanía del párrafo 2 de la Declaración
Conjunta del 19 de octubre de 1989 (la “fórmula del paraguas”), se aplica a
este Comunicado Conjunto y a todas sus consecuencias. En este contexto se
acordó “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que
limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas
Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”. Ambas Partes
enfatizaron los beneficios de la cooperación y de un compromiso positivo de
todos los involucrados. De conformidad con los principios establecidos en la
Declaración Conjunta del 14 de julio de 1999 (el vuelo de LATAM) y el Acuerdo
por Canje de Notas, ambas Partes acordaron que serían establecidas conexiones
aéreas adicionales entre las Islas Malvinas y terceros países. En este contexto
acordaron el establecimiento de dos escalas adicionales mensuales en territorio
continental argentino, una en cada dirección. Los detalles específicos serán
definidos».
El Canciller
argentino al referirse a la cancelación del citado comunicado le propuso al
referido Cleverly «reiniciar negociaciones por la soberanía en la Cuestión
Malvinas e invitó a concretar una reunión para concertar la agenda de
negociaciones en la sede de Naciones Unidas en Nueva York» (sic), entregándole
una nota que señalaba que «nuestro país ha buscado colaborar en asuntos
concretos como vuelos, actividad científica en la Antártida o conservación y
preservación de recursos pesqueros (NdA: a confesión de partes relevo de
pruebas), sin que la disposición demostrada por la Argentina haya sido
respondida de manera recíproca por su gobierno. Por el contrario, el Reino
Unido ha realizado continuadamente actos unilaterales, que han sido oportuna y
debidamente protestados por la República Argentina. Asimismo, a lo largo de
este tiempo, el Gobierno británico se ha negado sistemáticamente a reanudar las
negociaciones de soberanía a que reiteradamente instan las Naciones Unidas y
que exige el artículo 2 (3) de la Carta.
En consecuencia,
tampoco se ha permitido dar cumplimiento al mandato impuesto por la Resolución
2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas» (sic), resaltando que
«esas acciones son incompatibles con la Resolución 31/49 de las Naciones
Unidas» por todo esto indica que «el Comunicado Conjunto del 13 de septiembre
de 2016, conocido como Foradori-Duncan, y sus efectos, se dan por terminados»
(sic) y, esto último no parece que vaya a ocurrir, si el Reino Unido aceptase
alguna de las propuestas de mínima que le presenta Cafiero: «se aborden los
temas de interés mutuo, que contengan como mínimo (“Se acordó trabajar en
conjunto para identificar áreas nuevas de colaboración”, decía el Pacto
cancelado):
a) La reanudación
de negociaciones sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur,
Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, en los términos de la
Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas y demás
resoluciones pertinentes. Cuestión para lo cual debería empezar por desechar
los Acuerdos de Madrid, en especial la cláusula 2 del Acuerdo de Madrid I del
19/10/89; razón por la cual este punto, es solo una expresión de deseos que,
aún cancelando el Pacto de Foradori-Duncan sigue vigente; b) La conectividad
aérea y marítima de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y
los espacios marítimos circundantes con el territorio continental argentino.
Cuestión que en el marco del Pacto ya viene ocurriendo, ya que no se precisa
aquí que estos vuelos deberían hacerse con Aerolíneas Argentinas y con la mayor
frecuencia de todos los vuelos actuales al continente; c) Medidas prácticas
tendientes a garantizar los intereses y el modo de vida de los habitantes de
las Islas de forma tal que favorezcan el desarrollo de vínculos culturales,
económicos, sanitarios, educativos y otros entre las Islas Malvinas y el
territorio continental argentino.
Todas cuestiones
incluidas en el “caído” Pacto; que, por ejemplo, no refieren a cambiar el
sistema de inmigración; la radicación; inversión, etc. de los argentinos en las
islas; d) Medidas que permitan ajustar el aprovechamiento, la conservación y
preservación de los recursos naturales en el área bajo disputa de soberanía.
Este punto conserva todo lo previsto en materia de pesca del Pacto, resultando
inadmisible que la Cancillería refiera a “medidas que permitan ajustar el
aprovechamiento, la conservación y preservación de los recursos naturales”;
recursos que son argentinos y, que, desde 1989, coincidente con los Acuerdos de
Madrid y según las estadísticas británicas, buques extranjeros con licencia
ilegal británica e isleños asociados con españoles pescan en el área de
Malvinas unas 250 mil toneladas anuales, sin que los sucesivos gobiernos
argentinos desde 1998 a la fecha hayan sancionado a un solo buque, pese a la
vigencia de las leyes 24.922, 26.386 y 27.564; e) La desmilitarización de las
áreas bajo disputa de soberanía.
Sin referirse a
los 1.639.900 Km2 que la Argentina tiene ocupada por el Reino Unido o a los
1.430.367 km2 de la Plataforma Continental Argentina que Inglaterra nos
disputan, al igual que el sector de la Antártida Argentina de 965.597 km2 que
el Reino Unido denomina “Territorios de la Reina Isabel”. La desmilitarización
del área de Malvinas es una iniciativa reiteradamente reclamada por la
Argentina, aunque los gobiernos no han activado en todos estos años la Zona de
Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS) de todos los Estados de América
oriental y África occidental aprobada por la Asamblea General de la ONU 41/11
del 27/10/86, con el objeto de limitar el armamento del Reino Unido en la
región.
La Nota del
ministro Cafiero insólitamente se autolimita cuando destaca «la voluntad de dar
continuidad a la relación bilateral en todas las áreas en las que se han
registrado avances y en las que se hayan planteado cursos de acción en los que
no hayan surgido divergencias», es decir, que deja de lado, las principales
cuestiones de ocupación territorial y explotación de los recursos pesqueros e
hidrocarburíferos por parte del Reino Unido en el Atlántico Sur, entre otras,
que hay divergencias, vaciando de contenido la “finalización” del Pacto, que
sigue teniendo vigencia en sus efectos en favor del Reino Unido, de: adoptar
las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el
crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo
comercio, pesca, navegación e hidrocarburos.
Saldrá ahora -ya
lo ha hecho en estas horas- a rechazar el Reino Unido la cancelación y
presionará la embajadora británica Kirsty Hayes sobre la identificación de los
caídos; pero, “no nos comamos el amague”, no se han caído ninguno de los
efectos de este ruin Pacto. Sinceramente, si el anunció de cancelación de la
“Declaración Conjunta” (el Pacto), en estas condiciones, lo hiciese el Reino
Unido sería más creíble. Los ingleses tienen la habilidad suficiente para
promover “la cancelación de la denominación irritante sin modificar los hechos
fácticos” y, el rol pasivo que llevan los gobiernos de Argentina, al menos
desde los Acuerdos de Madrid de 1989/90 a la fecha; acuerdos que Julio C.
González los calificó de “la entrega del país a Gran Bretaña”. Derogar el
Pacto, sin rever los Acuerdos de Madrid, es como renegociar los textos de un
Decreto reglamentario sin modificar la ley. Ambos, Acuerdos y Pacto y sus
efectos violan la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional,
aunque algunos todavía encuentren argumentos para no desechar los primeros.
El Pacto de
Foradori-Duncan y los Acuerdos de Madrid I y II deben cancelarse y con ello
todos sus efectos, para que la Argentina retome de una vez por todas la
iniciativa de promover un nuevo acuerdo que garantice la soberanía nacional de
los archipiélagos y del mar argentino y sus recursos. Los ejes de la
cancelación son las Resoluciones de la ONU 2065 (XX); especialmente la 31/49,
que el Reino Unido ha violado sistemática y en forma creciente, ocupando
territorio marítimo, explotando los recursos, instalando bases y construcciones
militares y portuarias, etc. Pero también una Resolución de la ONU que en la
referida “cancelación” la Cancillería ha ignorado que es la 1514 (XV) del
14/12/1960 que Declara que:
“…1. La sujeción de pueblos a una subyugación,
dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos
humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y
compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales…4. A fin de que los
pueblos dependientes puedan ejercer pacífica y libremente su derecho a la
independencia completa, deberá cesar toda acción armada o toda medida represiva
de cualquier índole dirigida contra ellos, y deberá respetarse la integridad de
su territorio nacional…6. Todo intento encaminado a quebrantar total o
parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es
incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones
Unidas; 7. Todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las
disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal
de Derechos Humanos y de la presente Declaración sobre la base de la igualdad,
de la no intervención en los asuntos internos de los demás Estados y del
respeto de los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad
territorial.
Por el Artículo
27º de la Constitución Nacional “El Gobierno federal está obligado a afianzar
sus relaciones de paz y comercio con las potencias extranjeras por medio de
tratados que estén en conformidad con los principios de derecho público
establecidos en esta Constitución”, teniendo particularmente en cuenta, su
Artículo 6º y, ya saben quienes nos gobiernan lo que Evita pensaba de "Los
tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias…”.
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